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Domingo 25 de junio de 2006
Mientras Gepe -Daniel Riveros (24) para su madre- se compraba en euros unas zapatillas durante su fructífera gira por el Viejo Continente, más que nunca su alias sonaba acá en Chile bajo el manoseado mote de los imperdibles. París, Amsterdam, Rotterdam, Berlín, Madrid y Barcelona fueron parte de una ruta donde compartió escenario con Holden y los decanos Steve Wynn (ex The Dream Syndicate) y Robert Fisher (líder de Willard Grant Conspiracy). Algo así como el "Rojo Vip" chileno. Un largo camino de 35 días que acusa cada paso.
"Es que las zapatillas que llevé se me rompieron allá. También me traje una chaqueta y un par de DVD's de la Cat Power y el de Brian Wilson".
-¿Y qué mas trajiste en la guitarra?
-Nada. Hice la mitad de una canción no más, pero un montón de letras. En ese momento me dio más por escribir. La mayor parte del tiempo estuve recorriendo. Dando vueltas, es que nunca había ido para allá -asegura con ese tono cantadito que suena igual en el escenario.
Entre la TV, la radio y las revistas de moda, el lugar común pero necesario, aún lo definen como heredero de Víctor Jara, hermano de tierra con Violeta Parra y amante de la guitarra parada, cuando Gepe es un sonido embutido en xilófonos, palmas, cultrún y en una voz que los registros apenas pueden contener. Y aunque no anduvo en Las Vegas, como lo hizo Luis Dimas, ni, como él, llegó contando grandezas como hacer duetos con Sinatra o Tom Jones, Gepe sí estuvo a la altura de un Folk and Roll Circus con cara de lobby para la música independiente chilena.
ESTILO INTERNACIONAL
"La exposición mediática de acá no era tema, porque allá la gente que escucha música está tan invadida de información que le da lo mismo. Te escuchan con mucho respeto y en silencio, nadie te interrumpe y al final se te acercan a saludar y a hacerte preguntas. Te compran los discos y uno tiene eso de exótico para ellos", relata.
De todas maneras, extrañaba las tocatas de acá, donde suenan celulares, la gente se cruza por el escenario para ir a buscar una cerveza o coquetearle a la chica de la caja.
En Francia sesionó junto a Holden en La Maroquinerie, "que es un pub como La Batuta, donde tocamos con harta amplificación, y luego pasamos a Amsterdam, en Holanda". Para el ciclo de música Live in the Living. "Ese recital fue especial, porque era en el living de una casa. Ahí tocaba un tipo y después otro, 15 minutos cada uno. Eran viejos, sí: Steve Wynn y Robert Fisher", recuerda. "Después, en Rotterdam tocamos en Worms y sólo improvisamos, no tocamos ni una canción. Lo que se hacía ahí era tocar ruido y generar ambiente". El recorrido siguió por Alemania y finalizó en España, donde le dijeron "enhorabuena".
OBRAS INCOMPLETAS
En Francia, Gepe cuenta que vio a un símil de su precariedad, la desnudez que su música representa. "Era un músico callejero chino en el Metro de París cantando a capella y tocando flauta. Fue una cosa muy bella, simple, porque tocaba en medio del ruido primero y después la cantaba él mismo con la voz con un tren pasándole al lado. Me estremeció". La sublimación de esa simpleza en su debut "Gepinto" (2005) lo convirtió en el mejor disco del año, que tensaba la cuerda desde el otro extremo del mainstream y el reggaeton. Como en las grandes gestas, de vuelta de la gira le dieron el Premio Apes. A él y a Yoya Martínez, la señora Hildita de "Los Venegas".
"A mí la guitarra de palo no me importa mucho como guitarra, yo saco del computador o donde sea lo que necesito para componer. Incluso, ahora he hecho canciones sin ningún instrumento. No me puedo escapar de nada, porque en el fondo no me retengo con nada, hago lo que se me da la regalada gana", cuenta. Sin embargo, con un EP y dos ediciones agotadas de su breve discografía, no es el carácter intuitivo el que sostiene su obra. Hoy, de vuelta en su casa de San Miguel, lo espera un cajón palpitante lleno de canciones para arreglar y otros proyectos, como resucitar a Taller Dejao.
Mientras, se le puede hallar revolviendo los cajones de Discomanía (21 de Mayo 583), mirando de reojo por si aparece Margot Loyola por ahí. "Sería bacán, mi sueño es conocerla y poder conversar con ella un rato o tener una tocata con el recopilador Osvaldo Jaque". Menciona los nombres contendiendo la respiración, como si hablara del director del colegio. Una pequeña licencia para quien puede tocar con cualquier artista invitado sin ensayar siquiera, o tirar las baquetas y percutir en el suelo del escenario sin perder el hilo de la voz. Sin dejar de recordar a una grabación pirata de Belle & Sebastian o un villancico chilote. LCD