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Domingo 13 de agosto de 2006
Leandro Chávez

ALTAZOOCIEDAD
Cuac, cuac, cuac, cuac, cuac

Él es Patricio Navia. Lo miro y me detengo en su mochila, la lleva al hombro como un ícono de su paso entre Chile y Nueva York. Todos estos chilenos que tienen olor a Central Park las usan como si llevaran a sus espaldas algo tan pesado como la desigualdad nacional, y Navia no se la saca nunca, lleva su carga a todos lados como gritándole a cualquier subdesarrollado que con mochila al hombro se puede.



Carmen Sepúlveda
La Nación

¡Trátame bien, no... mejor trátame mal! Me dijo sonriente este adulto-joven concertacionista la noche del miércoles. Con algunos kilitos de más, pelo cortito, mirada noble, cero ojeras, voz de pito, traje oscuro, corbata impecable y con mochila. Así lo vi. Él es Patricio Navia. Lo miro y me detengo en su mochila, la lleva al hombro como un ícono de su paso entre Chile y Nueva York. Todos estos chilenos que tienen olor a Central Park las usan como si llevaran a sus espaldas algo tan pesado como la desigualdad nacional, y él es uno de ellos. Navia no se la saca nunca, lleva su carga a todos lados como gritándole a cualquier subdesarrollado que con mochila al hombro se puede. Lo he visto disfrutando de un desayuno en el Emporium La Rosa, tomándose un café en el Tavelli del Drugstore, en El Toro saboreando algunas cositas, y siempre su mochila está a su lado como novia celosa presente que piensa que en cualquier momento la van a cambiar por una fea. Se cuidan ambos. Me pregunto: ¿qué llevará adentro? ¿Será realmente pesada?

En fin, estuve con él en el lanzamiento del libro que lo tuvo de portada en una couché política... El futuro best-seller se llama: “Que gane el más mejor”, una especie de manual donde este agringado describe la dura realidad del chileno. Hablan del pituto, de la falta de oportunidades, del Estado proveedor y de la competitividad en la cancha. Lo escribió junto al notable Eduardo Engel. Del profesor de economía claramente no hablaré. Pero de Navia sí, porque es como el star pop del análisis político.

Los envidiosos lo critican a morir. Yo no. A mí me parece notable que escriba en varios medios. Es mejor porque lo que no entiendo en la columna de papel roneo, lo comprendo en la columna de papel couché, y si todavía no entiendo lo que el hombre me quiere expresar puedo navegar en su blog y eso me encanta. Un amigo me dice que quizás lo hace por dinero, yo creo que le gusta y punto, cada uno tiene sus propios pequeños monopolios. Tanta cosa con el tema de estar en todos lados, miren los directorios de las empresas y verán que son los mismos de siempre; es parte de la competencia, quiero pensar, parece que los competentes en Chile son pocos.

Recuerdo que leí por primera vez a Navia en la desaparecida revista “Fibra”, era un cuentito bien amoroso, hasta tierno, hablaba de una niña. En esa oportunidad pensé que era un escritor al estilo Simonetti o Birmajer, pero cuando consulté quién era me dijeron que cómo se me ocurría preguntar si era escritor light; él era un destacado analista político, me respondieron los entendidos. Bueno, pensé, todos tenemos debilidades que deseamos compartir públicamente y total en el mundo de lo masivo expresarse emocionalmente en un cuento no tiene nada de malo para un analista político. Desde ese minuto me cayó excelente porque era flexible y no seriote, como los otros analistas que ni siquiera bailan en la Teletón por miedo a desperfilarse. Así que se nos ocurrió proponerle hacer el desnudo de este diario. En esa oportunidad me dijo que no, y lo comprendí. Hum, me dije. Luego de releerlo como analista político me quedó clarísimo que era admirador de Insulza. Ya nunca más lo confundí con un artista. Qué pudor. Navia respondía el año 2005: “Si las elecciones fueran hoy, él (Insulza) sería el candidato”. En otra oportunidad leí su testimonio de la caída de las torres gemelas, describía que vivía en un loft ubicado en Manhattan Avenue, con una vista donde las gemelas hacían historia. Y me dio una envidia imaginarme esa vista topísima. Ahora, en el 2006 y con en este libro, Navia vuelve a estar completamente in, como si la moda no le incomodara.

Por otro lado, les cuento que varios competentes sumaban la lista de invitados en este súper lanzamiento realizado en el entrepiso del Museo de Bellas Artes. Nicolás Eyzaguirre y Felipe Lamarca fueron los presentadores. Lamarca, con esa actitud samaritana que adquirió hace un tiempo, se mandó un discurso no largo, como suelen hacer los laguistas, pero enfatizó en que es la hora de que el chorreo llegue. A él no le gusta ver en los diarios a gente que dice que tiene miedo de gastar los excedentes, su idea es gastar la plata. Puede ser cierto todo lo que escucho de él, sería riquísimo pensar que las arcas se abrieran como represa y que todos nos mojáramos, pero justo ahí me paralizo entera porque no sé nadar, y si el agua me llega hasta la nariz ¡me podría morir! No soy competente para tener el agua hasta el cuello. ¡Qué horror! Mañana mismo me meto a estudiar natación. Así podré recibir el chorreo de Lamarca como Dios manda y sin ahogarme.

Por otro lado, Nicolás me repitió esa cosa que a mí me carga ver, esa verdad tan horrible de que cuando votamos no votamos, esa sombra del binominal patética que me hace sentir una imbécil cada vez que entro a una urna, Eyzaguirre la repite con ganas. Para mis adentros pienso que espero estar con mi mochila en Nueva York en la próxima elección para no tener que sentir de nuevo esa sensación vomitiva de poner una raya como si fuera parte de la obligación del doble estándar nacional. Atroz eso. Triste y desesperanzada del discurso del laguista preferí preguntar a la gallá presente si se sienten competitivos. Vittorio Corbo me respondió que “no sabe si ser competente es competir bien, tendría que verlo en el diccionario”. José de Gregorio dice que se lo han dicho. Mauricio Bustamante confiesa que trata de ser competente, pero que hasta aquí, no se lo han dicho. Carlos Mladinic es el más ganador: sí, soy competente e inteligente; ahora, si fuera modesto sería perfecto. Me mato de la risa. Navia también sonríe, lo veo firmando más libros que su compañero Engel, ¿Los autógrafos sumarán competencia? ¿La firmas serán por mérito? Vaya uno a saber.













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