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Sexo en el agua: cómo practicar la fantasía

El agua suele estar en muchas de las fantasías sexuales de hombres y mujeres. Desde la bañera, pasando por el sofisticado jacuzzi, una piscina o la postal de una playa al atardecer y los cuerpos mojados por las olas que vienen y van incansablemente. ¡Lindo! pero cuidado con terminar allí el encuentro.

Sábado 19 de agosto de 2006

El líquido elemento que inunda muchas de nuestras fantasías eróticas y las historias de las aventuras más osadas, guarda sorpresas que sólo la práctica devela. Recuerde sus experiencias, si las tiene, o proyecte su imaginación. El agua rodeándonos nos seduce, e invita a la pasión y el desenfreno a ese ser elemental e instintivo que somos, pero cuando avanzamos hasta buscar el coito dentro del agua, eso es distinto.

¿Qué sucede? Aunque vital, el agua no es un buen lubricante y no facilita la penetración. El sexo oral también es divertido y muy excitante, pero debajo del agua puede convertirse en una tragedia, ya que con cierta certeza terminará tragando mucha agua. Y no es la idea.

Ni hablar de la playa y la arena. Emocionante: las olas vienen y van, mojan, el viento, la brisa sobre cuerpos desnudos y frotándose con ellas, pero ¿y la arena? ¡Nada! No es buena aliada, y si no se toman las precauciones, todo el erotismo vital se puede ir por la borda gracias a unos diminutos granos.

La sexóloga María Mercedes Uribe aconseja que aprovechemos las bondades del agua en el preámbulo, pero terminemos en tierra firme, pues aunque aclara que la penetración en el agua no causa dolor a la mujer, porque el agua no termina con la lubricación natural de una vagina excitada, sí sucede que junto al pene también entra agua en la vagina.

Y allí esta el menudo detalle, porque el agua de la piscina, el mar, o la tina además de brindarnos una experiencia sexual fascinante puede transmitirnos infecciones o irritaciones producto de jabones, arena de mar o las bacterias que se encuentran en las piscinas. Eso no es excitante.

Pero no se desaliente...¡No todo está perdido! Al contrario, el agua tiene un potencial infinito para provocarnos placer. Y si lo duda, piense en la cadencia de los movimientos cobijados por la liviandad del cuerpo bajo sus potestad, en las distintas posiciones que puede practicar con más facilidad y flexibilidad, pero menos continuidad y más resistencia en los movimientos intensos.

Aprovechemos el movimiento natural de las aguas para provocar el cuerpo y experimentar sensaciones que no se consiguen en otro medio.

El agua es también humedad y esa sí que es sinónimo de que las cosas están funcionando bien en una relación sexual. Gotas de sudor instaladas en el cuerpo, humedad vaginal y fluidos que se desplazan para anunciar que de la pasión hemos pasado a la excitación y estamos en el mundo del placer total.

La moraleja será usar el agua como complemento. Claro, mojar, pero no inundar.

Conjuguemos el verbo mojar que puede ser un aliado de indiscutible de la sensualidad. Yo te mojo, tú me mojas, nosotros nos mojamos. Poleras o camisas pegadas al cuerpo estilando. Verter pequeñas gotas en todo o parte del cuerpo. Dejar que se deslicen, que se esfumen o por fin, beberlas. ¡Todos estamos mojados...!

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