
Lunes 21 de agosto de 2006
Alejandra Carmona
El 17 de octubre de 2003, Claudia, que entonces tenía 25 años, aterrizó en el Aeropuerto de Barajas, en Madrid. Estaba oscuro. Todavía no eran las siete de la mañana. Sentía un nudo en la guata porque se encontraría por primera vez con quien había mantenido conversaciones por mail y chat durante casi cinco meses.
Sabía de Javier (28) por lo que él mismo le había contado y mostrado en sus conversaciones con webcam. Era alto, moreno, tenía el pelo liso y café. Estaba a punto de egresar de la carrera de Derecho, pero ya trabajaba en el bufete familiar. También sabía que cantaba y tocaba la guitarra como los dioses.
Ella le había contado que era guionista. Que había nacido en Valparaíso y que su sueño era vivir en España. Por lo menos para realizar su trabajo, porque por el resto, estaba muy cómoda en Chile.
Recogió sus maletas y cuando las puertas se cerraron tras ella, pensó que esta oportunidad no podía fallar. Que tenía que cubrir las 9 cuotas de 75 mil pesos con las que había pagado el pasaje más barato que encontró. Y que además, las circunstancias tenían que estar a la altura del adiós a "barón rojo", el Lada Samara del año 93 que vendió para costear el viaje.
"Comencé a buscar cartelitos. Había muchos carteles esperando por alguien. Buscaba que alguno dijera Claudia, pero nada. De repente, alguien me tomó del brazo. Era Javier, bastante mejor de lo que me había contado por msn. Se veía mucho más guapo. Me preguntó si yo era Claudia. Entonces nos saludamos tímidamente. Y me invitó a su casa".
Así conoció Claudia a Javier. Un gay español que quería presentarle una "esposa" a su familia.
Así se prestaron ambos para este matrimonio por conveniencia.
Es la historia de un amor
Claudia comenzó a vivir en un cómodo departamento ubicado en calle Alcalá, en el centro de Madrid, cerca de "Chueca", un barrio gay. "Era una situación rarísima porque cuando estábamos con su familia andábamos de la mano y todo. Yo era su novia. Pero cuando nos íbamos a su casa él estaba con su pareja, Antonio". Un tipo moreno, delgado, algo más bajo que Javier, de sonrisa forzada. De gestos muy afeminados.
Los primeros tres meses que Claudia pasó en España fueron maravillosos. La relación que había logrado con Javier mejoraba cada día más y sus sueños de contar con nacionalidad española para desarrollarse profesionalmente estaban a punto de hacerse realidad.
Cuando cumplió tres meses viajó a Portugal con el objetivo de renovar su visa. De regreso en Madrid una noticia la sorprendió. "Íbamos a comenzar a hacer los preparativos de nuestra boda cuando me lanza otras intenciones, con las que yo no contaba. Me dijo que quería tener un hijo. Que yo podría sacarlo del país dos veces al año y que iba a estar muy cuidada. Yo quedé pa'dentro. Nunca fue mi intención. ¡Cómo iba a tener un hijo y dejarlo allá!".
Entonces decidió regresar a Chile.
"Yo me vine con el corazón destrozado. Con los sueños en el suelo. Me aburrí de trabajar en cualquier cosa y por poca plata. Me la había jugado. Tengo un título que no puedo ejercer acá porque no tengo un pituto".
La oferta de Claudia
A pesar de la experiencia de Claudia en España, tiene claro cuál es su objetivo. Hace dos meses puso nuevamente un aviso en Internet, donde ofrece matrimonio a empresarios españoles que quieran invertir en Chile a cambio del pasaporte europeo.
"Claro, hay algunos que me escriben al mail y me piden hasta cuatro mil dólares a cambio de la nacionalidad. Los españoles ya se acostumbraron a vivir de esto. Pero yo no tengo para pagar esa cantidad. Además yo también ofrezco entrar a mi país".
Claudia ha recibido numerosas ofertas, pero siempre tiene cuidado de no convertir esta relación material en una sentimental.
"A Javier yo lo conocí en chueca, un chat gay español. Ahí ingreso para buscar estos matrimonios por conveniencia. Es mejor, así no me enamoro y ellos tampoco".
Por ahora está concentrada en dos ofertas. Ella viaja a España y obtiene nacionalidad europea y los demandantes pueden extender sus negocios en nuestro país.
"Hay dos que me interesan. Uno tiene una empresa de muebles. Éste es el que más me tinca porque me ha mostrado sus fotos y su trabajo. Lo encuentro más sincero. Quiere probar suerte en el mercado nacional. La otra posibilidad es un hombre que tiene lavanderías industriales. Ese se quiere venir a Viña del Mar. Aunque yo le he dicho que el turismo no es así como el cree. Que no le conviene, por la delincuencia. Tengo que esperar. Aver por cuál me decido". LN