
Viernes 25 de agosto de 2006
Luis Narváez A.
No es primera vez que el mayor (R) Carlos Herrera Jiménez intenta causar impacto con confesiones recientes de su participación en violaciones de los derechos humanos cometidas durante el régimen militar.
Lo mismo hizo hace unos años, cuando acorralado por el ministro Sergio Muñoz confesó con detalles escabrosos que había asesinado, fría y calculadamente, al dirigente sindical Tucapel Jiménez, en 1982.
Hace un mes, el ex uniformado envió una carta al ministro de fuero Joaquín Billard, donde intentó exculparse de su responsabilidad en la ejecución masiva de prisioneros políticos, ocurrida en enero de 1974, en el campo de concentración de Pisagua, en la I Región.
En la misiva, el ex uniformado reconoce haber sido uno de los guardianes del lugar, tristemente recordado por ser una de las primeras fosas donde se inhumó a decenas de personas, luego de ser ejecutadas a tiros.
Asegura que disparó con su fusil a una decena de personas por órdenes de los oficiales que comandaban la unidad militar.
En su relato pone especial énfasis en el ex edecán de la Cámara de Diputados, coronel (R) Jaime Krauss Rusque, a quien incluso le imputa haberle entregado el arma con que se asesinó a un indigente que vivía bajo un puente, en las cercanías del campo de prisioneros.
Al archivo
Pero el ministro Billard no consideró su última comunicación. El año pasado, el magistrado anuló un procesamiento que pesaba sobre Krauss, que lo hizo pasar un tiempo en la cárcel.
No sólo eso, sino que además lo sobreseyó, al concluir que no existen pruebas de que haya dado la orden de asesinar al menos a siete prisioneros.
Por ello es que la investigación (sumario) fue cerrada y se apresta a iniciar el periodo de plenario, con miras a dictar las condenas del caso, entre otros, contra Herrera Jiménez.
La defensa del mayor retirado intentó varias veces convencer al magistrado de que le concediera una audiencia para manifestarle estas ideas. Billard le otorgó algunos minutos, el 26 de julio pasado. Ese día, y bajo un fuerte contingente de seguridad, Carlos Herrera Jiménez fue trasladado desde el penal de Punta Peuco -donde cumple cadena perpetua por el crimen de Tucapel Jiménez- hasta el despacho del juez, en el tercer piso del Palacio de Los Tribunales.
Alcanzó a estar unos cuantos minutos y fue devuelto a prisión.
Fuentes cercanas al magistrado señalaron que la carta fue dirigida "al tribunal, y no se consideró en ningún momento un documento como para adjuntarlo al expediente, cuyo sumario está cerrado".
En la resolución -que data de 2004- donde Billard sobresee a Krauss, consideró que el único motivo por el cual éste estuvo detenido y procesado fue por los dichos de Herrera Jiménez, los mismos que ha sostenido siempre, no existiendo ningún otro elemento que lo inculpara.
Según el proceso, el hermano del actual embajador en Ecuador estuvo a cargo de la compañía de vigilantes de los detenidos.
Krauss fue edecán de la Cámara entre marzo de 1990 y enero de 2004, cargo que debió abandonar debido al proceso judicial que enfrentó. LN