
Domingo 3 de septiembre de 2006
Por Erich Follath
A primera vista, la aldea de Obioku, en Nigeria, es un infierno... Y aún puede ser peor si se la observa más atentamente. El calor es asfixiante y perenne. Un conjunto de chozas de madera miserable. Niños harapientos. De un pozo barroso las mujeres sacan -llamémosle- "agua" para cocinar el puñado de peces magros que sus maridos logran pescar en la mañana. En Obioku, el olor del sulfuro impregna el aire. En realidad, es el aire mismo.
Parece absurdo que alguien quiera luchar por este miserable trozo de nuestro planeta. Pero en este lugar, ubicado en el delta del río Níger, cientos de personas han sido asesinadas en los últimos meses. Los rebeldes combaten contra las tropas gubernamentales y piden la independencia de la región. Exigen miles de millones de dólares a la Shell, el gigante petrolero anglo-holandés. Las columnas de humo -que emanan desde los oleoductos recientemente volados- oscurecen el cielo sulfuroso Todo por el petróleo que hay bajo tierra y en grandes cantidades en Obioku. Petróleo de una variedad especialmente liviana, dulzona y amistosa para el consumidor.
Los rebeldes aseguran que están preocupados por el bienestar de los habitantes de Obioku. Lo mismo dicen en Shell y en el Gobierno central. Los ejecutivos de la multinacional sostienen que el 3% de su presupuesto anual va a un fondo para el desarrollo local. Los políticos nigerianos se alzan de hombros e insisten en que luchan tenazmente contra toda forma de corrupción. Pero Diepreye Alamieyeseigah, gobernador del estado de Bayelsa, fue recién arrestado por sospechas de lavado de dinero y sometido a juicio por el desvío de cientos de millones de dólares a sus cuentas personales.
El hecho es que exportar el oro negro desde este país del Africa subsahariana, que cuenta con las mayores reservas de crudo de ese continente, seguirá siendo una tarea cuesta arriba mientras los campos petrolíferos sigan quemándose, mientras los funcionarios de Shell y de la empresa de petróleo italiana Agip sigan mantenidos como rehenes por los rebeldes y mientras las plataformas petroleras sigan siendo atacadas desde lanchas rápidas. La volatilidad de regiones petrolíferas como Nigeria es una de las razones claves del por qué los precios del petróleo han subido tan dramáticamente en el mundo.
DEPENDIENDO DEL OSO
En la república rusa de Osetia del Norte, en las tierras altas del Cáucaso, a 70 kilómetros al suroeste de la ciudad de Vladikavkaf, los oleoductos se extienden sobre un terreno congelado. Los tubos avanzan de una manera extrañamente retorcida, como si las manos de un gigante los hubieran modelado en arcilla. A fines de enero, un grupo de saboteadores destruyó los dos gasoductos que cruzan Georgia por un territorio casi desierto.
Desconectados de su más importante fuente de energía, los georgianos sufrieron frío por más de una semana. De noche, las luces no se encendieron en la capital. Sus habitantes, desesperados, quemaron muebles para calentarse. Moscú culpó a rebeldes musulmanes. Pero el Presidente georgiano, Mikhail Saakashvili, dijo que las bombas fueron puestas por saboteadores controlados por el Kremlin. Acusó a Vladimir Putin, su colega ruso, de "chantaje". Saakashvili cree que Putin quiere dar una lección a la prooccidental Georgia, demostrándole cuán dependiente es de la energía rusa.
Una vez más, el Kremlin fue puesto en la picota. Y esto sucedió poco tiempo después de que Rusia obligara a Ucrania a buscar un acuerdo tras suspender sus envíos de gas. Esto ha provocado la preocupación de la Unión Europea por su seguridad energética, puesto que depende de Rusia para abastecerse de gas natural. Hungría importa el 85% de su gas natural de Rusia, Alemania el 40%. Otra razón que explica por qué los precios de la energía están subiendo a niveles récord.
LA GUERRA DE IRAK
La situación de una gigantesca refinería de petróleo, ubicada a 200 kilómetros al noroeste de Bagdad, es dramática. Después de casi 20 ataques el año pasado, Baiji, la mayor instalación productora de crudo de Irak, se mantuvo cerrada por un mes entero en diciembre. Sólo tres días después de la reapertura del complejo, los insurgentes atacaron un convoy de camiones petroleros y se enfrentaron a las fuerzas de seguridad. La cantidad de ataques contra instalaciones petroleras y oleoductos en el país sigue aumentando. "Reparamos los oleoductos, ellos los vuelan nuevamente y el juego sigue así", dice el ex ministro iraquí de Petróleo, Ibrahim Bahr al-Ulum.
Washington aspiraba a financiar la reconstrucción de Irak con las entradas de la industria petrolera. De hecho, el Ministerio del Petróleo fue uno de los pocos edificios de Bagdad que las tropas norteamericanas protegieron contra los saqueadores después de la invasión de abril de 2003. EEUU ha gastado millones de dólares en entrenar una fuerza de protección del petróleo. Sin embargo, la industria energética de Irak no levanta cabeza. Y aunque sus reservas son las cuartas del mundo (después de Arabia Saudita, Canadá e Irán), las exportaciones petroleras de Irak escasamente alcanzan los tres cuartos del nivel de producción de los tiempos de Sadam Hussein. Esta es otra razón importante para el nerviosismo de los mercados.
Por otro lado, está el impredecible régimen de Teherán, al que muchos consideran como el gran vencedor en la cruzada por la "democratización del Medio Oriente" emprendida por el Presidente George W. Bush y el Primer Ministro Tony Blair. Irán ejerce gran influencia sobre la elite gobernante chiíta del sur de Irak, muchos de ellos recibieron instrucción en la ciudad iraní de Qom. El sur de Irak también posee grandes campos petrolíferos y de gas natural.
Sin importarles la crisis por el programa nuclear de Teherán, China e India cortejan a Irán como abastecedor de recursos naturales. Pekín selló un acuerdo por 70 mil millones de dólares con la República Islámica de Irán en 2004. Nueva Delhi tiene negociadores en Teherán para un oleoducto estratégico. Ningún otro país, salvo Rusia, tiene reservas de gas natural como las de Irán, que a su vez es el cuarto mayor exportador de petróleo del mundo. "Occidente nos necesita más de lo que nosotros necesitamos a Occidente", dice el Presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad.
ALGUNAS BUENAS Y MALAS NOTICIAS
El recurso natural que engrasa las ruedas de la economía global se está acabando. Todos los países productores trabajan casi al borde de su capacidad y las mermas o suspensiones en las entregas de alguno de los grandes productores no pueden ser compensadas por los otros. Matthew Simmons, ex asesor de energía de la Casa Blanca, evoca un escenario catastrófico: calcula que en los próximos años el precio de un barril de petróleo podría llegar a 200 o 250 dólares, muy lejos de los actuales 73 y del récord nominal de julio pasado, de 78,40 dólares.
Un alza tan extrema en el precio descalabraría a toda la economía mundial y significaría la ruina incluso para las grandes corporaciones. ¿Debería el orbe temblar de miedo? ¿Deberíamos todos temer que el gas y la calefacción pronto sean imposibles de pagar? La inquietud sobre este tema se expande incluso en Alemania, un país cuya seguridad energética es relativamente buena comparada con la de muchos otros.
¿Deberíamos tiritar de miedo ante anticipos de derramamiento de sangre por la asignación de recursos?
China, otra superpotencia, está a la caza de estos recursos con especial agresividad.
¿Deberíamos temer a la guerra que viene del frío?
Las buenas noticias consisten en que es improbable que, a pesar de todos los peligros y cuellos de botella, los combustibles fósiles se conviertan en un "oro negro" impagable de la noche a la mañana, o que éstos dejen de estar disponibles en cantidades suficientes de sopetón.
Sin embargo, las malas noticias dicen que la época dorada del petróleo y gas natural baratos se terminó para siempre. La próxima generación será amargamente castigada por nuestro ávido sobreconsumo de combustibles fósiles. Las energías renovables y la eficiencia energética, combinadas, tampoco serán suficientes para cubrir la escasez. A largo plazo, la suma de los recursos renovables, como la energía solar, la eólica y las biomasas (que se necesitan con urgencia), junto al petróleo, el gas natural, el carbón y la energía nuclear, sólo será capaz de cubrir un cuarto de las necesidades de energía de las naciones industrializadas. Y este es el escenario para el mejor de los casos.
PARA DIEZ AÑOS MÁS
Dejando de lado las luchas de trincheras ideológicas que se libran para asegurarse del abastecimiento de combustibles, la mayoría de los científicos coinciden en que el cenit histórico de la producción de petróleo se alcanzará dentro de cinco o diez años, a pesar de las mejorías en la tecnología de extracción y de la expansión de la producción para incluir oil shales y arenas bituminosas, difíciles de procesar. A partir de ese momento, la producción de petróleo decrecerá, a pesar de que la demanda mundial irá en aumento. El año pasado, la población mundial consumió 83 millones de barriles de petróleo diarios. De acuerdo con cálculos de la Agencia Internacional de Energía (AIE), el club de países importadores de petróleo, con sede en París, la cifra subirá por sobre los 90 millones de barriles diarios hacia 2010 y alcanzará unos 115 millones en 2030.
Mientras más empeñosamente arden los combustibles fósiles en los hornos o se queman en nuestros motores y generadores eléctricos, más rápido se desarrolla un país. Daniel Yergan, analista de energía estadounidense, escribió que "el petróleo sigue siendo la fuerza motora de la sociedad industrial". Ahora, en tiempos en que la edad del petróleo camina irrevocablemente hacia su fin, más y más personas intentan formar parte de ella. Son liderados por naciones emergentes como China e India, dos países que saben que su motor de crecimiento comenzará inevitablemente a fallar sin un suministro constante de recursos. El petróleo es el elixir que les permite sobrevivir.
En cada cálculo sobre el futuro existen grandes variables desconocidas. Uno de los grandes temores que inquietan a los expertos de la CIA es el potencial de futuros actos terroristas en Arabia Saudita, el lugar más vulnerable del comercio internacional de energía. Incluso sin acudir a semejante escenario de horror, el experto Michael T. Klare espera que emerja un "nuevo paisaje de conflicto global", un mapa configurado por la escasez de recursos. Esto trae de vuelta los dolorosos recuerdos de 1973, cuando los Estados árabes, ayudados por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) redujeron los embarques de crudo, originando que el precio del petróleo se quintuplicara en pocos meses. Esa vez, la razón fue el apoyo incondicional de Washington a la política israelí de ocupación de los territorios palestinos. Los costos se dispararon una segunda vez por razones políticas, durante la revolución iraní del ayatolá Jomeini -en 1979- y la guerra entre Irán e Irak. Incluso, entonces, el canciller alemán de la época, Helmut Schmidt, temía que un día se llegaran a desatar las guerras por los recursos.
ECHAR MANO A LOS RECURSOS
GLOBALES
Los principales Estados ya han comprendido que el petróleo y el gas natural tienen un significado estratégico existencial. Son la fuerza impulsora tras los conflictos que vienen. Por esto, los poderosos del mundo formulan sus reivindicaciones, dondequiera se encuentren las vitales reservas de recursos, por la fuerza de las armas o mediante una diplomacia agresiva. Hasta los políticos occidentales, que normalmente se presentan como los defensores de los derechos humanos y pioneros de las libertades democráticas, no tienen demasiados escrúpulos respecto de con quién hacen negocios.
Los descubrimientos de petróleo y de gas natural han centrado la atención en nuevos sitios de interés, como África occidental, Sudán, Venezuela o la región en torno al mar Caspio. Traen también al escenario de la política mundial a estrellas políticas inusuales, no todas ellas angelicales, por decirlo en forma suave.
Consideremos, por ejemplo, al corrupto gobernante de Azerbaiyán, Ilam Aliyev, de 44 años. Bajo su mandato, las manifestaciones han sido reprimidas con brutalidad. Pero no es mucho lo que se puede hacer sin el hombre fuerte de Bakú. El país que gobierna es el punto de salida del oleoducto y gasoducto más caro del mundo: su costo de construcción fue de 3.600 millones de dólares. Parte en Azerbaiyán, atraviesa Georgia y desemboca en el puerto turco de Ceyhan. Se inauguró en mayo de 2005 con gran pompa ante la presencia del secretario de Energía de EEUU. Por razones políticas, el oleoducto es uno de los proyectos regalones de Washington: deja fuera del juego a competidores tan odiados como Irán y Rusia.
Al igual que el autócrata Aliyev, el peculiar dictador Saparmurad Niyazov, de Turkmenistán, otro país rico en hidrocarburos, también es cortejado por estadounidenses, europeos, chinos y rusos. El hombre, que se llama a sí mismo "Turkmenbashi" (padre de todos los turcomanos), alienta un curioso culto a la personalidad, al punto de que podría incluso provocar la envidia de Kim Jong Il, de Corea del Norte. Niyazov ordenó la erección en todo el país de enormes estatuas de sí mismo construidas con oro puro. Sus escritos se enseñan en las escuelas y a su pueblo se le interroga sobre sus dichos incluso cuando dan examen para conducir.
El tirano -quien ha torturado sistemáticamente a miembros de la oposición- organizó una recepción de Estado para John Abizaid, delegado del Gobierno de EEUU. Las corporaciones no quisieron ser menos y crearon un ambiente favorable ofreciendo regalos. Por ejemplo, Daimler Chrysler regaló a Niyazov una traducción al alemán dispendiosamente impresa de su biblia política, "Rushnama" ("El libro del alma"). Turkmenbashi, que administra 90% de los ingresos del país por las exportaciones de gas natural a través de un fondo al cual sólo él tiene acceso, agradeció extendiendo contratos muy lucrativos.
Hasta los mercenarios están entrando al negocio internacional del petróleo. En marzo de 2004, un extraño contingente de tropas se dispuso a dar un golpe en el mini Estado africano occidental de Guinea Ecuatorial, rico en recursos naturales. Las tropas habían sido reclutadas entre soldados de elite sudafricanos de la época del apartheid, guerreros armenios y unos cuantos británicos. Uno de ellos era Mark Thatcher, hijo de la ex Primera Ministra británica. La conspiración falló. El corrupto Presidente Teodoro Obiang Nguema permaneció en el poder, y sigue ayudándose a sí mismo desvergonzadamente con el presupuesto estatal, inflándose con el dinero del petróleo. El diario "Los Angeles Times" estima que ha depositado unos 500 millones de dólares en bancos del extranjero.
BEIJING, INSACIABLE
Aun en países pequeños como Guinea Ecuatorial, dos poderosos adversarios se vigilan con suspicacia, haciendo todo lo que pueden por anotarse puntos políticos y asegurarse de que sus negocios sigan prosperando: EEUU y China.
India, el otro gran protagonista, se ha quedado bastante atrás en esta partida de ajedrez. Sin embargo, está mostrando impresionantes éxitos en el campo de la alta tecnología y está en camino al liderazgo en al menos un aspecto: para 2035 habrá más indios que chinos. Las poblaciones de ambos países sumadas cuadruplicarán a la de Europa.
Beijing lucha por los recursos más agresivamente que ningún otro país. E incluso con menos escrúpulos que Occidente. Los gobernantes comunistas hacen tratos con dictadores africanos de derecha, con clérigos fundamentalistas del Medio Oriente o con populistas de izquierda en América Latina, sin reservas ideológicas.
La República Popular China fue durante mucho tiempo una nación exportadora de petróleo. Durante la década de 1950 fue incluso el mayor exportador de Asia. Científicos habían descubierto enormes reservas de crudo en el noreste del país. "Aprended de Daqing en la industria", fue en esa época el eslogan del partido. El trabajador maoísta modelo, "Wang de hierro", era su desprendido protagonista, preparado para hacer cualquier sacrificio.
China fue autosuficiente en términos de sus necesidades energéticas hasta comienzos de los años 90. Pero las reformas de Deng Xiaoping, que permitieron cada vez más iniciativas privadas y derivaron eventualmente a una especie de capitalismo manchesteriano, provocaron su explosión económica. Una cantidad aún mayor de autos, aire acondicionado e instalaciones fabriles, convirtieron al dragón en una criatura insaciable que engulle petróleo, gas natural y carbón como un adicto incurable.
Tanto los productores tras el milagro económico como los consumidores necesitan la droga desesperadamente. En 2004, China fue responsable del 36% del aumento global del consumo de petróleo. En 2002 superó a Japón como el segundo mayor consumidor de petróleo del mundo, sólo superado por EEUU. De acuerdo a estimaciones, la cantidad de autos chinos y motocicletas se quintuplicará en los próximos 15 años, y el consumo de energía crecerá en consecuencia.
Pero a escala mundial, los chinos son relativamente moderados si de consumo de hidrocarburos se trata. Si los chinos consumieran per cápita como un ciudadano estadounidense, el país asiático necesitaría más de 90 millones de barriles de petróleo al día, más de lo que se produce hoy diariamente en el mundo.
China no tiene alternativa. El Partido Comunista cree que su única posibilidad de mantener al país unido (y seguir en el poder) es logrando una tasa de crecimiento económico anual de, al menos, el 8%. Logró un crecimiento de 10,1% en 2004, y en 2005, 9,9%. Con los programas de crecimiento económico, el liderazgo partidario intenta contener la amenaza de protestas y manifestaciones por parte de quienes se han visto marginados por la falta de oportunidades y empleo.
Beijing quiere aliviar la creciente brecha entre ricos y pobres y establecer, cuando menos, una forma rudimentaria de seguridad social para los pensionados y los enfermos. Pero, en los campos petroleros cerca de Daqing, la producción está disminuyendo entre 3 y 5% al año. Hoy, China extrae sus reservas de carbón a una velocidad récord, provocando una polución cada vez mayor y arriesgando accidentes catastróficos. Se la juega también por gigantescas represas hidroeléctricas para cubrir sus necesidades energéticas. Está invirtiendo en fuentes alternativas de energía y pronto, junto con Alemania, será líder en esta área.
Además, está construyendo plantas nucleares con tal velocidad que para 2050 será líder mundial en energía nuclear. Aun así, y a pesar de todos estos avances, Beijing no ve otra opción que la de seguir en una agresiva política mundial de compra de energía.
Cuando se trata de obtener petróleo y gas natural, los líderes del Partido Comunista no tienen reparos en enemistarse con Japón y Estados Unidos. Desde hace meses ha venido impidiendo la imposición de duras sanciones de la ONU contra Sudán, a pesar de que el régimen de Jartum incita a las milicias de la región de Darfur a asesinar sistemáticamente a miles de personas. La explicación más simple de la conducta china es que ellos están explotando las reservas de petróleo en el sur de ese país con el consentimiento del régimen musulmán fundamentalista. Beijing tiene incluso sus propias fuerzas de seguridad allí mismo: 5% del petróleo que importa hoy proviene de Sudán.
© Der Spiegel
(The New York Times Syndicate)
En la segunda parte de este reportaje, que se publicará el próximo domingo, se analizan los escenarios que surgen con el crecimiento de India, el rol del petróleo venezolano en América Latina y las relaciones de Hugo Chávez con EEUU, así como las proyecciones de los especialistas para las próximas décadas.