Inicio » Vida y Estilo

La tierra sin pan

La tierra sin pan

En los últimos días, los mapuches han vuelto a las portadas. Agresiones, un muerto y la denuncia del arriendo de sus tierras vuelven a resucitar los fantasmas de un Chile que niega la realidad indígena.

Domingo 3 de septiembre de 2006

Por Betzie Jaramillo

La tierra del sur no es sólo paisaje. Es el territorio del cuento de nunca acabar. La rabia mapuche que silba entre los árboles y que se pierde con el viento, frente a la sordera "winka" que pisa firme por las calles de cemento de la capital. Así es desde hace tanto tiempo, que parece que está todo dicho. Pero no. La historia de la negación del pueblo mapuche se reescribe día a día, ofensa a ofensa, disparo a disparo. Como las balas de carabineros que acabaron con la vida del comunero Juan Lorenzo Collihuín (71) al interior de Nueva Imperial, como las piedras que lanzaron contra Jaime Andrade, director de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi), como las denuncias de arrendamientos ilegales de las tierras restituidas que conquistaron las portadas de "El Mercurio". Todo en los últimos diez días. Todos síntomas de un profundo malestar que azota la Araucanía.

En comparación al resto de América, Chile sigue siendo el único país que se resiste a reconocer la realidad indígena del país. La reforma constitucional que prometió la Presidenta Bachelet sigue aplazada y las buenas intenciones de la reunión de Nueva Imperial, los últimos días de la campaña, se quedó en eso: buenas intenciones. Al menos hasta ahora, pero se supone que en octubre volverá el tema del reconocimiento constitucional a ponerse encima de la mesa. Quizás la cercanía de esa fecha sea lo que está detrás de esta cascada de noticias negras sobre los mapuches que tanto gusta a la prensa nacional. "Chile no quiere ser un país de indios. Aquí no cabemos los mapuches", dice la pedagoga Maribel Mora Curriao, que hace poco dejó Temuco para llegar a vivir a la capital.

 

LA MODA ÉTNICA

Su historia es como la de tantos otros. Sin tierras, la única solución es el éxodo que los lleva casi siempre a formar parte de los suburbios miserables de la gran ciudad. Sus nombres, sus rasgos, su cultura no tienen sitio en la capital. Y todo esto en medio de un aparente nuevo aprecio -la moda étnica- por algunos aspectos de su cultura. Auge de la medicina tradicional, diseños sofisticados para sus tejidos y orfebrería tradicionales, el merken como ingrediente de las creaciones gastronómicas de renombrados chefs se debe, según Maribel, al valor de "lo exótico porque es comercial. Se los saca de contexto en un sistema donde todo es vendible".

Un Chile que está dispuesto a incorporar esos detalles folclóricos, pero que se resiste a asumir de una vez por todas los derechos de una población que, como mínimo, es de un millón de personas y que es claro estaban aquí antes que llegara el resto hace 500 años. Y parte fundamental de esos derechos es la tierra. Una tierra donde los discursos se estrellan contra los intereses de los dueños de fundos, a lo que hay que añadir los de las todopoderosas empresas forestales. "Hoy tenemos un 3% de lo que una vez fue nuestro", dice el historiador mapuche Pablo Marimán. Y recuerda que una sola forestal, Mininco, posee el doble de tierras que todos los mapuches juntos.

 

LA TIERRA NO SE COME

La política gubernamental -a través de la Conadi- de comprar tierras para restituirlas a sus dueños originarios se enfrenta a la falta de apoyo económico para hacerlas productivas. El mismo Andrade reconoce que la Conadi no está facultada para apoyarlos en este sentido y que el Programa Orígenes, que sí puede hacerlo, no tiene los fondos suficientes. Como el tajante "no hay plata" que recibieron como respuesta Galvarino Reiman (Identidad Territorial Nag Che) y Segundo Cheguan (Asociación Mapuche Ñankuchew) cuando pidieron apoyo para un desarrollo productivo a los organismos oficiales, o el "no es rentable" que cerró la negociación de tres años para conseguir un tractor para dos comunidades.

Las denuncias, como la publicada el 20 de agosto en la portada de "El Mercurio" con el respaldo de los senadores Alberto Espina (RN) y Hernán Larraín (UDI), de que los mapuches las estarían arrendando, contra lo que dice la ley, provocaron que, por ejemplo, la Sociedad de Fomento Agrícola de Temuco llamara a detener la compra de territorio para entregarlo a los mapuches. Se supone que un 10% de los que recibieron tierras han optado por arrendarlas o entregarlas en "medierías" (uno aporta la tierra, otro la explota, y las ganancias se reparten). "Toda la IX Región vive de los arriendos", aclara Maribel, "o de los subarriendos. Es la forma de subsistir allí ante el imparable empobrecimiento de la zona. ¿De qué sirve la tierra si no hay para comprar semillas, abono o máquinas que la hagan productiva?".

El alcalde de Temuco, Francisco Huenchumilla (DC), fue también muy claro ante las denuncias de los senadores: "Si arrendaron las tierras fue porque necesitaban la plata. Lo importante es que los mapuches mejoren su condición de vida. Y si es necesario autorizar los arriendos, así debe hacerse". Y también dijo: "Cómo va a ser eso de que les dieron las tierras y ahora se las quieren quitar porque las arrendaron. No se puede tratar a los mapuches como a unos niños chicos". El alcalde acierta al decir que quieren tratarlos como a niños, con el paternalismo y la arrogancia de los que se sienten superiores y consideran que no están capacitados para regir sus propios destinos.

El escándalo por los arrendamientos "es una estrategia de poner obstáculos a las políticas públicas", dice Pablo Marimán. Y el diputado Eduardo Díaz (DC) alerta sobre una campaña mediática que "lo único que persigue es quitar nuevamente las tierras a las comunidades indígenas". Y es al menos paradójico tanta alarma sobre los arrendamientos, teniendo en cuenta que la larguísima historia de usurpación, despojo y abuso por parte de "colonos" que, con la connivencia oficial, corrieron cercos, hicieron firmar con la huella digital contratos fraudulentos a campesinos analfabetos y que con los años convirtieron a los mapuches en semiesclavos de los nuevos dueños de sus propias tierras.

 

CONECTANDO CON LOS TIEMPOS

"La tierra, el territorio, es fundamental", como afirma Marimán. "No sólo como una superficie ganadera o agrícola, sino también como fuente de recursos, cada vez más apreciados y codiciados, como el agua, los minerales o los bordes marítimos y lacustres". Y es ahí donde las reivindicaciones del pueblo mapuche conectan con los discursos más vanguardistas de defensa del medio ambiente de los ecologistas. Por ejemplo, la muerte de los cisnes de Valdivia por la contaminación de la planta de celulosa de Celco, por lo que se han movilizado intelectuales, científicos y ciudadanos en general, coincide con la protesta de las comunidades indígenas de Mehuín que se oponen a una de las mayores plantas de celulosa del mundo, por la contaminación que produce.

Y es que las demandas mapuches están en consonancia con el nuevo siglo. Sus argumentos forman parte de los que se van imponiendo contra el sistema neoliberal que provoca la exclusión de buena parte de la población y de la destrucción de los ecosistemas en todo el mundo. Asimismo, quedan fuera de lugar los discursos de "integración" ( convertir a los mapuches en "chilenos" a toda costa) en un mundo que reconoce cada vez con más fuerza las singularidades de los pueblos contra la homogenización que pretende la globalización. "¿Por qué nadie se opone a que los descendientes de alemanes vayan a colegios alemanes? ¿Por qué nosotros no tenemos derecho a tener escuelas mapuches?", señala Marimán.

Porque el signo de los tiempos es crear espacios, formas y estructuras que estén de acuerdo con los intereses de los grupos humanos. Sea cultural, en su lengua y sus creencias; política, en las formas que eligen para autogobernarse, e incluso territorial. Prueba de ello es la creación incesante de nuevos países en Europa o las cuotas de independencia cada vez mayores en las autonomías vasca, catalana o gallega en España. Lo que demuestra que el feroz centralismo chileno se va quedando atrás en las tendencias mundiales.

 

LA POESÍA, GRITO DE AUXILIO

Y mientras luchan por la riqueza tangible, los mapuches van creando una riqueza intangible, cuya más notable creación está siendo la poesía. "Hay 20 poetas mapuches publicados y otros tantos que aún no tienen su obra en forma de libro", señala Maribel, que es también poeta. Elicura Chihuailaf, Leonel Lienlaf, Jaime Huenún, Jacqueline Caniguan son sólo algunos nombres que son leídos con asombro en el extranjero. ¿Por qué la poesía? "Porque el lenguaje mapuche es poético. Y es casi un grito de auxilio de nuestro pueblo, que surge con fuerza porque se siente amenazado", dice Maribel.

La reciente creación de un partido político -Wallmapuwen- para entrar a jugar con las reglas del sistema, el Consejo de Todas las Tierras, liderado por Aucán Huilcamán y las mil y una organizaciones campesinas, culturales y asambleas van conformando una fuerza cada vez más visible por la causa mapuche. Movimiento diverso y a veces enfrentados, como les gusta resaltar a los que observan con escepticismo y su toque de racismo al movimiento indígena. A lo que responde Maribel: "Nosotros, y no ellos, sabemos qué fuimos, qué somos y qué seremos". LND

La Nación

Agustinas 1269 Casilla 81-D Santiago
Teléfono: 562+787 01 00
Fax: 562+698 10 59

Director Responsable: Álvaro Medina J.
Representante Legal: Francisco Feres Nazarala

© Empresa Periodistica La Nación S.A.
Registro 136.898 - Se prohibe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.