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Domingo 24 de septiembre de 2006
Por Juan Carlos Figueroa
Cuando explico que tengo un observatorio astronómico en el patio de mi casa, la gente me mira de arriba hacia abajo y no me cree. Es cosa de tomar una micro a Penco y bajarse en la villa Los Rodales. Distinguirás la cúpula blanca entre los techos y antenas. Arnoldo Bustos, mi papá, era un astrónomo autodidacta. De aquellos tipos desesperados por saber qué había sobre su cabeza. Con el primer sueldo en la refinería de azúcar CRAV donde trabajaba, compró un telescopio. No le costó conseguir financiamiento para su proyecto estrella, el Centro Astronómico Elque, inaugurado en 1962. Para mí, era un genio: hacía clases en la Universidad del Biobío, la Técnica Federico Santa María y Diego Portales, organizaba talleres en la comuna y tenía un espacio en la televisión. Sufrí mucho cuando falleció de un infarto el año 2000. En verdad, fue una mierda todo, pero entendí lo que significa ser el heredero de esto. Y me gusta.
Donde vivo, las calles tienen el nombre de la estrella que pasa por encima de ellas: Canopus, Antares, Sirio. Yo vivo en Alfa Centauro. Fue otra idea de mi papá. Tenía seis años cuando pasó el cometa Halley y los vecinos estaban vueltos locos acá y él les enseñaba feliz de la vida. A mí me interesaba el fútbol solamente. Recién a los 11 años, con un eclipse que vi -por la tele, más encima-, algo hizo click. Era como encontrar un pasadizo secreto en tu pieza y perderte allá adentro.
RAYADO
En el colegio no me pescaban mucho. O sea, hablaba de astronomía y mis profesores me hacían callar. Nunca me entendieron. Creían que yo estaba rayado o algo así. Es que no sabía quedarme callado. Lo que me salvaba eran los congresos de astronomía en los que me inscribía. Era genial para un adolescente penquista viajar, recorrer los observatorios grandes, como La Silla o El Tololo, y compartir con gente de mi edad que estaba en la misma. Ahí uno se siente acompañado. Mi viejo realmente me tomó en serio, cuando lo acompañé a una reunión con el director del Observatorio Europeo Austral.
"Paris, estoy orgulloso de ti. De verdad". Eso me dijo en el bus de vuelta. Ahí sí que se me infló el pecho. Y créeme que no es normal que alguien de 17 años se demore menos de diez segundos en tener el objeto listo en el telescopio, de saberse la ubicación de cinco mil estrellas y que realmente pueda disertar de corrido las teorías sobre el origen de la galaxia o la composición de ella. Sentí una especie de vértigo. Me llegaba a dar miedo.
ADIÓS, PLUTÓN
Ahora yo soy responsable de este observatorio. El 2001 logré sacar adelante un proyecto Fondart y lo remodelamos. Ahora tiene una sala de conferencias, además de nueva implementación. Cinco telescopios, una cámara para fotografiar galaxias, un computador, biblioteca, sala de clases y una oficina. A pesar de dictar charlas, hacer cursos en colegios o centros vacacionales como las Termas de Chillán, estudiar astronomía bajo un convenio con la Universidad de Lancashire de Inglaterra siento que no he logrado tanto. Yo quiero ser astrónomo, pero siempre hay algo que me impide lograrlo. No sé muy bien qué es.
En los veranos organizo la Semana del Cielo. Es bacán porque vienen todas las familias, incluyendo los cabros chicos, a ver las estrellas. Les muestro mi observatorio, les cuento anécdotas, les explico cómo es posible saber de qué está hecho el universo con sólo fotografiar una galaxia. También estoy con el Yogui Alvarado, de Emociones Clandestinas, en un proyecto llamado Cosmofonic. Él se dedica a hacer música electrónica y yo voy lanzándole imágenes de galaxias. En estos momentos estoy investigando las estrellas de tipo binario en contacto, se llaman estrellas variables cataclísmicas. Puedo estudiar su evolución y compartimiento solamente por los cambios en su luminosidad. También construyo telescopios a pedido.
¿Plutón? Ya pasó a la historia. Ahora es un planeta menor, porque son restos de la formación del sistema solar hace 4.600 millones de años. Es bueno saber eso, porque vamos precisando cómo se comporta nuestro sistema. Esa es la gracia de la ciencia: cambiar el curso de lo que se conoce. Antes, por ejemplo, se creía que el universo estaba fijo, ahora en expansión.
Me gusta mucho esta vida. Tal vez estoy loco, no sé. Lo único que quiero es que mi padre siga estando orgulloso de mí. Y bueno, ¿sabes qué es lo mejor de todo? Que yo duermo acá, en el observatorio. O sea, lo más cerca del cielo que se puede estar en Penco. LCD
En acción
Observatorio Elque. Centauro 13, Villa Los Radales, Penco. VIII Región. Concertar visitas: (41) 245 84 37.