
Domingo 8 de octubre de 2006
Con gran dolor e indignación he leído el artículo aparecido en LND titulado "El Jefe". No logro entender cuál puede ser la intención de este medio, que es de todos los chilenos, al enlodar la reputación de personas honorables, cuyo pecado parece ser el llevar una vida en comunidad que resulta distinta a la experiencia del común de los chilenos. Nuestra sociedad se encuentra realizando un serio esfuerzo por superar las intolerancias y las discriminaciones que han caracterizado nuestra convivencia y ésta publicación actúa de manera absolutamente contraria a esta orientación. He conocido a la comunidad Cahuala desde hace algunos años, compartiendo muchos momentos con sus integrantes adultos y niños. Me parecen gente valiosa, generosa y emprendedora. Pruebas de esto último son la existencia del colegio Cahuala de Castro, de extraordinarios resultados de aprendizaje a nivel nacional, y la consultora Cahuala, empresa líder en Chile en materia de desarrollo organizacional. Pero por sobre todo he conocido a sus niños, cariñosos y comunicativos, que siempre me han causado la mejor impresión.
Desde luego que pertenecer a una comunidad resulta una experiencia distinta a la vida que llevamos la mayoría. Requiere de liderazgos, de la generación de identidad como grupo, de otra forma de dividir las tareas laborales y del hogar. Si buscamos diferencias obviamente las vamos a encontrar. Lo que ocurre es que todavía en nuestra sociedad las opciones diferentes son miradas con desconfianza y sospecha, más aun, lo diferente comúnmente es evaluado como perverso de ante mano. Ese es el origen de nuestra actitud discriminadora contra las minorías indígenas, sexuales, religiosas y otras, que le han hecho tanto daño a muchos chilenos e inmigrantes. El artículo en cuestión, me resulta una colección de supuestos, prejuicios y malas evaluaciones de personas que se vincularon a los Cahuala. Pero estas cuestiones, en su mayoría, resultan comunes a todas las personas. Todos hemos expresado opiniones inconvenientes o injustas, muchos de nosotros hemos cambiado nuestra percepción y conducta sobre el concepto de vida austera y hemos causado dolor o actuado injustamente contra familiares y compañeros de trabajo. Finalmente, quisiera apelar a su ética como profesionales de un medio de comunicación social, para que reparen sobre la inconveniencia de persistir este tipo de línea periodística, que lejos de hacer una contribución, ahonda en actitudes de prejuicio y superficialidad que debemos superar.
Fidel Miranda Bravo