
Jueves 12 de octubre de 2006
Carla Alonso / J.M. Jaque
Ayer en la tarde, Bartlett Naylor tenía buena cara. La reunión que sostuvo en Valparaíso con el diputado DC Patricio Vallespín, quien preside una comisión parlamentaria dedicada a estudiar todos los antecedentes relativos a la industria salmonera en nuestro país, lo dejó conforme. "Él comparte la necesidad de resolver los temas medioambientales y laborales que enfrenta la industria salmonera", comentó.
La reunión con Vallespín fue uno más de los pasos de Taylor. El representante de la organización no gubernamental National Environmental Trust (NET) -con sede en Washington- es parte de la Pure Salmon Campaign (Campaña Salmón Puro), en la que también participan las ONG Terram, Oceana y Ecoceanos. El objetivo de la campaña es que la industria del salmón cumpla la legislación laboral y ambiental, y mejore los derechos de los trabajadores para acercarse a los estándares internacionales.
Pero las reuniones con las autoridades locales también lo han frustrado. "Una de mis conclusiones es que existe una descoordinación de los organismos que están a cargo de fiscalizar y aplicar de la ley. Ése es un tema para tener en consideración", comenta el representante de NET, quien no fue recibido por Sernapesca ni por la Subsecretaría del sector. Más alentadora fue la reunión con Patricia Silva, directora del Trabajo. "Ella estuvo de acuerdo en que existen una serie de problemas graves y el desafío que queda es cómo dar cuentas de estos temas en forma práctica".
SALMÓN GO HOME
Naylor explica que Pure Salmon Campaign estudió el interés de los consumidores norteamericanos respecto del salmón de cultivo en los últimos ocho meses. "Hemos encontrado que los consumidores no están conscientes que el salmón viene de Chile. Pero, ante el evento de ser informados que esta producción tiene problemas ambientales y laborales, no lo comprarían", advierte.
El norteamericano asegura que existen estudios de la Edge Research Group en base a focus group que concluyen ese rechazo, pero por el momento no puede hacerlos públicos. La otra conclusión es que si el problema fuera resuelto, "los consumidores respondieron que lo consumirían e incluso estarían dispuestos a pagar un valor extra por los productos".
El otro mensaje que Naylor trajo al país viene de algunos sindicatos de trabajadores en Estados Unidos, que manejan los camiones y que ponen los salmones en los supermercados. "Ellos mandan un mensaje de solidaridad para sus pares en Chile porque no están dispuestos a tolerar injusticias ni malos tratos".
Naylor explica que hay poca información sobre la industria chilena del salmón en Estados Unidos y que eso debería ser una preocupación para las autoridades del país. "Cuando los norteamericanos averiguan sobre los alimentos que compran, su capacidad de decisión puede cambiar drásticamente".
Según Naylor, algunas autoridades le expresaron su preocupación por el posible rechazo de los consumidores norteamericanos. "Ellos aprecian y entienden que es necesario proteger la marca chilena".