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Domingo 15 de octubre de 2006
Rodrigo Quiroz Castro
La última entrevista extensa que dio el poeta Gonzalo Millán fue a este medio. El último domingo del frío agosto pasado, y mientras la muerte puta jalaba sus talones, el poeta se reía y decía: "Hay que salvar el pellejo como sea".
Su voz antes profunda, había trocado en un pitillo.
Sumergido en la escritura de un diario que llamó "El veneno del escorpión" pasó sus últimos atardeceres en la tierra. Leyendo, escribiendo y acariciando a un perro blanco. El can buscaba el calor del amo y Millán reía acariciando con la canilla el cuello del animal. "Estoy recluido", dijo en esa oportunidad.
La madrugada de ayer (1:20 am) el cáncer que sufría terminó su trabajo. Millán falleció en su casa.
"Acercarse a la muerte en vida es alcanzar una plenitud vital que la gente corriente no alcanza. Lo más interesante de la muerte es la incógnita que provoca ¡Qué cresta pasa allá!", se preguntaba ese domingo de agosto. Y seguro llovía, porque a Millán le gustaba la lluvia, la ciudad y las imágenes que convertía en verso.
Nacido en Santiago en 1947, parte de la generación del Sesenta, ganador del Premio Pablo Neruda y del Altazor 2006 por "Autorretrato de memoria", era uno de los poetas latinoamericanos más potentes del panorama.
Hace 6 años lo conocí en un taller de poesía y autobiografía que dictaba en el Centro Cultural de España. Ahí reíamos, fumábamos y mostrábamos nuestros disparates escritos. Él los leía fumando, siempre fumando. Y se divertía con historias de héroes que se saben cobardes y con diseñadoras que escribían poemas eróticos e inverosímiles. Ahí su voz ronca temblaba.
Entre su obra destacan "Relación Personal" (1968), "La ciudad", "Pseudónimos de la muerte" (1984) y "Trece lunas" (1997).
El primero es parte de una carpeta que guarda la Editorial de la Universidad Diego Portales y se editará en los próximos meses con textos inéditos y prólogo de Alejandro Zambra.
El sueño eterno lo alcanzó mientras cerraba su trilogía "Croquis" con "Gabinete de papel". En la carpeta del mismo sello se guardan una versión corregida de "Claroscuro", la segunda parte de "Croquis", un poemario inédito titulado "Lagunas" y "El veneno del escorpión", diario que recoge la idea de un remedio cubano contra el cáncer y que seguramente quedó inconcluso.
Para Millán la poesía no se encontraba tirada en la calle ni era inspiración. Era una construcción que requiere rigor y sudor. En el inédito "Lagunas" se filtra su concepto del blanco, de memoria, ese espacio que queda ahí vacío, con el valor del silencio.
"No hay creación sin destrucción" dijo ese domingo de agosto y remató con un cross a la mandíbula: "Bueno, que la muerte es otra existencia no más. Lo que no tenís que hacer es cagarte de susto! Hay que enfrentarlo y seguir adelante...".