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Cahuala (I)

Domingo 15 de octubre de 2006

Debo referirme a los reportajes sobre la Comunidad Cahuala de julio y septiembre pasados. En un principio desestimé hacerlo, ya que pensé que los lectores descubrirían con facilidad que las conclusiones, insinuaciones e interpretaciones que se hacían contrastaban con la vaguedad de los hechos mencionados. Pero luego del segundo artículo sentí la obligación de aclarar aquellos hechos que me constan y que los lectores merecen conocer.

Primero debo decir que durante la larga entrevista que sostuve con el periodista señor Farías no dije lo que se me atribuye y que en el primer artículo aparecen entre comillas. De hecho, el periodista no tomó notas ni grabó la conversación, al menos de manera que yo pudiera advertirlo.

Debo precisar que Enrique Urrutia, quien formó la Comunidad Cahuala y viajó a Chiloé en la época en que yo era director ejecutivo de la Asociación de Guías Scouts de Chile, nunca fue "separado" de la institución, tampoco "expulsado" ni recibió jamás sanción de ninguna especie. En aquella época, Enrique era consejero nacional, y en atención a su opción personal estimó conveniente renunciar voluntariamente a su cargo. El consejo reconoció su gestión, agradeció su contribución y lo despidió de manera amigable y fraterna.

Tampoco pedí a Enrique que "se separara de la agrupación oficial". Lo que he dicho es que los jóvenes de la Comunidad Cahuala que tenían cargos directivos en diversos grupos scouts tenían la dificultad para armonizar las orientaciones recibidas en su comunidad y las directrices institucionales, por lo que, para evitar eventuales conflictos, les pedí que optaran entre ambas, lo que es distinto a lo expresado en el artículo que aclaro. De hecho, nunca se produjeron tales conflictos.

Como tuve la oportunidad de mantener relaciones cercanas con los jóvenes que hace 20 años formaban la Comunidad Cahuala, puedo dar testimonio que ninguno de ellos "se fugó" o fuera obligado a vivir en comunidad. Tampoco me pareció que actuaran como seducidos. Se trataba de jóvenes inteligentes, con sólidos valores, autónomos y que desarrollaban con eficiencia sus tareas como dirigentes scouts y que sería improbable que fueran trastornados de la manera como se insinúa. Sólo tenían una opción de vida diferente a la mayoría y en eso uno puede o no estar de acuerdo, pero considero que ello no habilita a nadie para descalificar la experiencia ni menos a las personas. Me ha parecido que lo que ellos son no coincide para nada con la imagen de hechizados, como los quiere presentar su periodista, al punto que pudieran aceptar no ser propietarios de sus calzoncillos o tener encuentros amorosos vigilados por Enrique, como señala el periodista de forma un poco pueril.

Por último, quiero expresar que me llama la atención que el artículo fustigue tan exageradamente la experiencia de esta comunidad a nivel de las percepciones y suposiciones y, sin embargo, cuando se refiere a los hechos, destaca situaciones muy diferentes, como el prestigio de la comunidad, la cantidad de alumnos con que cuenta el colegio, el éxito económico, las consultoras Apoquindo y otros similares.

Digo esto porque me habría gustado ver un artículo más sólido. No menos crítico. Sólo más sólido, para que fuera más creible.

 

Gerardo González Erba

Director Centro Scout Mundial PicarquínCAHUALA (I)

 

Debo referirme a los reportajes sobre la Comunidad Cahuala de julio y septiembre pasados. En un principio desestimé hacerlo, ya que pensé que los lectores descubrirían con facilidad que las conclusiones, insinuaciones e interpretaciones que se hacían contrastaban con la vaguedad de los hechos mencionados. Pero luego del segundo artículo sentí la obligación de aclarar aquellos hechos que me constan y que los lectores merecen conocer.

Primero debo decir que durante la larga entrevista que sostuve con el periodista señor Farías no dije lo que se me atribuye y que en el primer artículo aparecen entre comillas. De hecho, el periodista no tomó notas ni grabó la conversación, al menos de manera que yo pudiera advertirlo.

Debo precisar que Enrique Urrutia, quien formó la Comunidad Cahuala y viajó a Chiloé en la época en que yo era director ejecutivo de la Asociación de Guías Scouts de Chile, nunca fue "separado" de la institución, tampoco "expulsado" ni recibió jamás sanción de ninguna especie. En aquella época, Enrique era consejero nacional, y en atención a su opción personal estimó conveniente renunciar voluntariamente a su cargo. El consejo reconoció su gestión, agradeció su contribución y lo despidió de manera amigable y fraterna.

Tampoco pedí a Enrique que "se separara de la agrupación oficial". Lo que he dicho es que los jóvenes de la Comunidad Cahuala que tenían cargos directivos en diversos grupos scouts tenían la dificultad para armonizar las orientaciones recibidas en su comunidad y las directrices institucionales, por lo que, para evitar eventuales conflictos, les pedí que optaran entre ambas, lo que es distinto a lo expresado en el artículo que aclaro. De hecho, nunca se produjeron tales conflictos.

Como tuve la oportunidad de mantener relaciones cercanas con los jóvenes que hace 20 años formaban la Comunidad Cahuala, puedo dar testimonio que ninguno de ellos "se fugó" o fuera obligado a vivir en comunidad. Tampoco me pareció que actuaran como seducidos. Se trataba de jóvenes inteligentes, con sólidos valores, autónomos y que desarrollaban con eficiencia sus tareas como dirigentes scouts y que sería improbable que fueran trastornados de la manera como se insinúa. Sólo tenían una opción de vida diferente a la mayoría y en eso uno puede o no estar de acuerdo, pero considero que ello no habilita a nadie para descalificar la experiencia ni menos a las personas. Me ha parecido que lo que ellos son no coincide para nada con la imagen de hechizados, como los quiere presentar su periodista, al punto que pudieran aceptar no ser propietarios de sus calzoncillos o tener encuentros amorosos vigilados por Enrique, como señala el periodista de forma un poco pueril.

Por último, quiero expresar que me llama la atención que el artículo fustigue tan exageradamente la experiencia de esta comunidad a nivel de las percepciones y suposiciones y, sin embargo, cuando se refiere a los hechos, destaca situaciones muy diferentes, como el prestigio de la comunidad, la cantidad de alumnos con que cuenta el colegio, el éxito económico, las consultoras Apoquindo y otros similares.

Digo esto porque me habría gustado ver un artículo más sólido. No menos crítico. Sólo más sólido, para que fuera más creible.

 

Gerardo González Erba

Director Centro Scout Mundial PicarquínCAHUALA (I)

 

Debo referirme a los reportajes sobre la Comunidad Cahuala de julio y septiembre pasados. En un principio desestimé hacerlo, ya que pensé que los lectores descubrirían con facilidad que las conclusiones, insinuaciones e interpretaciones que se hacían contrastaban con la vaguedad de los hechos mencionados. Pero luego del segundo artículo sentí la obligación de aclarar aquellos hechos que me constan y que los lectores merecen conocer.

Primero debo decir que durante la larga entrevista que sostuve con el periodista señor Farías no dije lo que se me atribuye y que en el primer artículo aparecen entre comillas. De hecho, el periodista no tomó notas ni grabó la conversación, al menos de manera que yo pudiera advertirlo.

Debo precisar que Enrique Urrutia, quien formó la Comunidad Cahuala y viajó a Chiloé en la época en que yo era director ejecutivo de la Asociación de Guías Scouts de Chile, nunca fue "separado" de la institución, tampoco "expulsado" ni recibió jamás sanción de ninguna especie. En aquella época, Enrique era consejero nacional, y en atención a su opción personal estimó conveniente renunciar voluntariamente a su cargo. El consejo reconoció su gestión, agradeció su contribución y lo despidió de manera amigable y fraterna.

Tampoco pedí a Enrique que "se separara de la agrupación oficial". Lo que he dicho es que los jóvenes de la Comunidad Cahuala que tenían cargos directivos en diversos grupos scouts tenían la dificultad para armonizar las orientaciones recibidas en su comunidad y las directrices institucionales, por lo que, para evitar eventuales conflictos, les pedí que optaran entre ambas, lo que es distinto a lo expresado en el artículo que aclaro. De hecho, nunca se produjeron tales conflictos.

Como tuve la oportunidad de mantener relaciones cercanas con los jóvenes que hace 20 años formaban la Comunidad Cahuala, puedo dar testimonio que ninguno de ellos "se fugó" o fuera obligado a vivir en comunidad. Tampoco me pareció que actuaran como seducidos. Se trataba de jóvenes inteligentes, con sólidos valores, autónomos y que desarrollaban con eficiencia sus tareas como dirigentes scouts y que sería improbable que fueran trastornados de la manera como se insinúa. Sólo tenían una opción de vida diferente a la mayoría y en eso uno puede o no estar de acuerdo, pero considero que ello no habilita a nadie para descalificar la experiencia ni menos a las personas. Me ha parecido que lo que ellos son no coincide para nada con la imagen de hechizados, como los quiere presentar su periodista, al punto que pudieran aceptar no ser propietarios de sus calzoncillos o tener encuentros amorosos vigilados por Enrique, como señala el periodista de forma un poco pueril.

Por último, quiero expresar que me llama la atención que el artículo fustigue tan exageradamente la experiencia de esta comunidad a nivel de las percepciones y suposiciones y, sin embargo, cuando se refiere a los hechos, destaca situaciones muy diferentes, como el prestigio de la comunidad, la cantidad de alumnos con que cuenta el colegio, el éxito económico, las consultoras Apoquindo y otros similares.

Digo esto porque me habría gustado ver un artículo más sólido. No menos crítico. Sólo más sólido, para que fuera más creible.

 

Gerardo González Erba

Director Centro Scout Mundial Picarquín

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