
Martes 17 de octubre de 2006
En un viejo solar de 121 años, ex hospital de tísicos y pacientes con cólera y viruela, con puertas de acceso directas al cementerio, funciona un punto de convergencia que pretende integrar la medicina alópata convencional con la alternativa y complementaria (MAC). Una acción que a primera vista parece tener resabios de magia y rareza.
Es en el antiguo Hospital San José (1875), ex Lazareto del Salvador, donde víctimas de epidemias y pestes iban a morir encomendándose a la imagen de San José ubicada en el acceso (hoy situada en el nuevo hospital), donde el Centro de Estudios para la Calidad de Vida impulsa la unión de dos clases de medicina que generalmente casi nunca se integran, pero que cuando lo hacen tienen un poder de sanación que a veces linda con lo milagroso.
"Aquí se ha creado un espacio para que estas medicinas se integren para mejorar la calidad de vida de la gente", dice Marina Zolotoochin, directora del centro.
Esta misión de convergencia se traduce en los tres encuentros que han realizado desde 2004 los apasionados por el tema. "El estatus de los participantes en estas convergencias es un signo de que la integración esta funcionando", precisa el doctor Jorge Nogales, director del Servicio de Neurología del Hospital Barros Luco, quien participó en la reunión de este año realizada durante los últimos días de septiembre.
La otra salud
El doctor Jaime Sepúlveda, jefe de de la Unidad de Medicina Alternativa y Complementaria del Ministerio de Salud, reconoce que este tipo de medicina se esta integrando a la alópata convencional que practica tradicionalmente esa Secretaría de Estado en sus servicios y hospitales.
¿Por qué apoya el ministerio la incorporación de la MAC a la medicina oficial? "Porque es una realidad y existe una demanda. Porque la medicina oficial no está dando respuesta a enfermedades y se ha deshumanizado respecto a la relación médico-paciente", responde Sepúlveda.
Cuenta que esta integración depende de iniciativas locales de distintos profesionales de la salud que están abriendo el campo a la MAC. Estas iniciativas ya son realidad en los servicios de salud sur, norte y central y varios hospitales. Algo similar a esta oleada de penetración MAC está ocurriendo en Arica y Concepción.
En los próximos meses el ministerio hará un catastro de servicios, profesionales y funcionarios adeptos a la MAC y su integración con la medicina oficial para conocer con precisión la magnitud del fenómeno, anuncia el doctor Sepúlveda.
El decreto que regula el ejercicio de la MAC ya fue publicado el año pasado, aunque, -como precisa Sepúlveda-, "aún falta que cada MAC particular tenga un decreto para proteger a la ciudadanía de los charlatanes".
Del reiki a la acupuntura
Unos 500 pacientes solicitan anualmente alivio a sus males mediante la acupuntura, el biomagnetismo, el reiki, las flores de Bach y la apicultura en el servicio médico del programa de Medicina Alternativa para Funcionarios de la Zona Sur del Ministerio de Salud.
Todos llegan a Santa Rosa 3453, donde son atendidos por terapeutas voluntarias. "Aunque ahora nos falta la de Reiki", dice el jefe del programa, doctor Héctor Jorquera, quien además de ser alópata es acupunturista.
Acá los beneficiados son para los propios funcionarios, quienes piden de todas las prácticas de la MAC. Por ejemplo, se recomienda 10 sesiones promedio, dos veces a la semana para cefaleas, dolores musculares y lumbago. "Unos 50 pacientes anuales se han inclinado por el reiki para restablecer su equilibrio energético, con 1 hora por sesión. Quienes sufren de problemas emocionales y mentales son tratados con flores de Bach", cuenta el doctor Jorquera.
Aunque todavía no se ha hecho un estudio de cuántos mejoran de sus dolencias, se estima que más de la mitad de los pacientes lo hace.
Cantos ceremoniales
Una vez por semana Luis Nahuencura, machi de 25 años, concurre a su oficina en el Hospital San Borja Arriarán a atender las consultas de los funcionarios del recinto.
El mal más frecuente que denuncian sus pacientes es la depresión. "Atiendo de 9 a 18 horas empleando ceremonias para orar y yerbas medicinales. Yo cobro, excepto a los mapuches", aclara el joven machi.
De tiempo en tiempo, cuando se reúne mucha gente, el machi y sus pacientes se juntan en un patio del hospital. Y entre los árboles y plantas se escuchan el primitivo sonido de trutucas y voces que cantan la ceremonia de sanación por excelencia: el guillatún. Mientras, Luis toca el kultrún pidiendo apoyo al "Espíritu Creador" para sanar a la gente que lo rodea.