
Jueves 9 de noviembre de 2006
Carlos Mario Estor de Zubiría, de 29 años, tiene una mancha blanca a la altura media de la espalda. También la lleva su padre. Esa similitud la descubrió a los 13 años, cuando su madre le contó una historia que él escuchó con la boca abierta. María de Lourdes lanzó su relato y él lo recuerda hasta ahora: "Me dijo que cuando yo era pequeño hubo un problema en el Hospital Bocagrande, que ella había pensado que le habían cambiado a su hijo, pero que habían hecho todos los exámenes de rigor con que descubrieron que yo era su verdadero hijo".
Entonces María de Lourdes le recordó que la mancha blanca de la espalda sólo la tenía él y su padre. Carlos se sintió privilegiado de tener esa herencia, aunque su contextura delgada fuera distinta a la de su familia. Aunque no se parecieran en nada. Carlos tenía su mancha blanca en la espalda y con eso le bastaba.
Sin embargo, las dudas acerca de su origen se habían sembrado en la cabeza de su madre cuando él era un bebé. "Apenas abrió los ojos yo le dije al doctor que le hiciera la circuncisión -cuenta María-. Lo raro fue que el bebé que me llevé del hospital no la tenía hecha. El pediatra se dio cuenta, pero me explicaron que habían operado a otro bebé".
Hace dos años María contó esta historia a Mercedes García, una fisioterapeuta amiga de los Estor de Zubiría. Bastó que ella escuchara de esa extraña situación en 2004 para comenzar los cuestionamientos. Mercedes conocía la misma historia, pero de boca de los Puello del Río, una familia de clase media del sector de Turbaco, a 20 minutos de Cartagena. Al ver a los dos niños Mercedes no tuvo dudas que el hospital pudo haber cometido un error.
Pasó poco tiempo antes que Mercedes insistiera en que se conocieran, comenzaran los cuestionamientos y el examen de ADN que hace dos años confirmó que en el lugar de Carlos debía estar Ramsis. Y viceversa.
"Mi cielito"
Ramsis Puello del Río es rubio y de ojos azules. Tiene 29 años, igual que Carlos, y creció en Turbaco, estudió en un colegio modesto y su máxima entretención de niño era jugar a las "canicas", como llaman en Colombia a las bolitas. Su madre biológica lo matriculó en el centro colombo-americano, donde ella hace clases. Quiere que el inglés sea su segundo idioma.
"Con Ramsis nos estamos conociendo de a poco -dice María de Lourdes-. No me dice mamá, pero cuando me presenta o me manda mensajes por celular me presenta como su madre. El me llama 'cielito' porque es Cecilia del Río quien lo crió y le agradezco mucho que haya hecho de él un hombre de bien", relata María, quien siente que sumó un nuevo hijo a la familia. Ella no ha perdido a Carlos. Ganó a Ramsis.
Por eso cada vez que puede se queda en Plan Parejo, Turbaco, donde su hija María Claudia compró una casa. "Ella vive a dos casas de Ramsis. Para el feriado pasado me quedé a dormir acá y él me vino a ver varias veces. Es un joven muy bueno -relata María-. Me dice: 'Hola, mi cielito'. Esa es su forma de expresarme el cariño".
El 6 de octubre de 1977 nació Ramsis. Un día después nació Carlos. A pesar de la confusión de los días posteriores al parto y a los 29 años en que vivieron desconociendo sus orígenes, María no quiere llorar. Para ella, a pesar del dolor, es como si ahora tuviera dos hijos.
A pesar de que han pasado 29 años, ambas familias demandaron al Hospital de Bocagrande por los perjuicios morales irreparables que les causó el cambió de bebés.
El primer cumpleaños después del examen de ADN lo pasaron en familión. Cantaron el cumpleaños de Ramsis. Luego el de Carlos. Y todos celebraron.
Todas estas imágenes se vienen a la memoria de María de Lourdes. Está bloqueada, pero no sabe si cambiaría en algo su vida. Por eso y aunque entiende que la historia tiene 28 años de diferencia se atreve a opinar acerca de lo que están viviendo las familias que sufrieron un cambio de bebés producto de la negligencia del Hospital de Talca: "Ya los amamantaron, los vieron crecer por un año, los tuvieron en sus brazos. El dolor es muy grande, muy grande Yo les diría a las madres que vivieran una al lado de la otra. Que los vean crecer juntos, jugando. Para no perderse su crecimiento, su vida".