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El mortífero balanceo de la Tierra

Cada dos millones y medio de años el planeta renueva sus inquilinos. Gran parte de las especies son eliminadas y reemplazadas por un nuevo puñado de habitantes. Estas extinciones han desconcertado por décadas a los paleontólogos, pero hoy parecen tener una explicación plausible a este extraño fenómeno de desapariciones: el bamboleo terrícola, que desata dramáticos cambios climáticos, que muy pocos seres vivos son capaces de soportar.

Lunes 13 de noviembre de 2006

Josep Corbella

Un equipo internacional de científicos ha analizado más de 80 mil fósiles procedentes de tres regiones de España y cree haber encontrado por fin una explicación a las masivas extinciones de especies en el planeta, teoría publicada en la última edición de la revista científica "Nature".

Según los expertos, los períodos de grandes extinciones y aparición de nuevas especies coinciden de manera precisa con las oscilaciones de la órbita de la Tierra alrededor del Sol.

"La órbita de la Tierra no es perfectamente regular", explicó Jan van Dam, paleontólogo de la Universidad de Utrecht (Holanda) y primer autor de la investigación.

Igual que una peonza, la Tierra oscila a medida que gira, de modo que su inclinación cambia siguiendo un ciclo de 41 mil años y los polos se acercan más al Sol en unas épocas que en otras.

Al mismo tiempo, la forma de la órbita varía siguiendo un ciclo de 100 mil años: en unas épocas es casi circular -como en la actualidad- mientras que en otras describe una elipse más alargada y se aleja más del Sol durante algunos meses del año.

"La combinación de estos dos ciclos crea un patrón de ciclos más largos", explicó Van Dam.

Es una simple cuestión matemática: piensen en el ciclo de los Juegos Olímpicos -cada cuatro años- y en el ciclo de las décadas -cada diez años- y ahora piensen cada cuánto se celebran los juegos en años acabados en cero -cada veinte años: un ciclo más largo que cualquiera de los dos anteriores-.

En el caso de la Tierra, este patrón de ciclos más largos crea condiciones climáticas extremas cada millón de años para la inclinación de la órbita y cada dos millones y medio de años para la excentricidad.

Si la órbita es muy elíptica, y el verano en el hemisferio norte coincide con la época del año en que la Tierra se aleja más del Sol, "entonces el norte del planeta tendrá veranos poco calurosos", señaló Van Dam.

Si esto coincide además con un período de mínima inclinación de la Tierra, y por lo tanto el polo recibe menos radiación solar en verano, se darán las condiciones para que se funda poca nieve polar en los meses cálidos y para que se extienda un gran casquete de hielo alrededor del polo norte.

Efecto en cadena

Las condiciones glaciares llevarán a "un mayor enfriamiento y una mayor aridez en los continentes", escriben los investigadores en "Nature". Lo cual a su vez limitará el crecimiento de las especies vegetales, reducirá los alimentos disponibles para los animales, alterará los ecosistemas y causará extinciones en cadena.

Por el contrario, en las épocas en que la órbita de la Tierra es casi circular, los investigadores calculan que debe producirse un cambio climático en sentido contrario, con humedad en lugar de aridez y proliferación de especies adaptadas a estas condiciones húmedas.

El gran mérito de la nueva investigación, en la que han participado científicos de la Universidad Complutense y del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, es que analiza más de 80 mil fósiles que abarcan un periodo de 22 millones de años para comprobar si estas predicciones teóricas son correctas.

Los fósiles proceden de yacimientos de Teruel, de Calatayud y del este de Madrid y tienen una antigüedad de 2,5 a 24,5 millones de años.

Los análisis se han centrado en muelas de roedores porque son fósiles que permiten identificar de manera fiable los animales analizados y determinar el momento de aparición y de extinción de cada especie.

Los resultados muestran una sincronización precisa entre las épocas de máxima extinción y aparición de nuevas especies y el ciclo astronómico de dos millones y medio de años relacionado con la excentricidad de la órbita terrestre.

En menor medida, se observa también una relación entre algunas extinciones y el ciclo de un millón de años relacionado con la inclinación de la Tierra.

"Nos hemos centrado en los roedores, pero las conclusiones se pueden extrapolar a otras especies", declaró Van Dam.

Las oscilaciones de la órbita de la Tierra provocan "cambios climáticos que afectan a todo el ecosistema y me sorprendería si otros animales no sufrieran también sus efectos".

A lo que no se pueden extrapolar las conclusiones, advierte Van Dam, es a las extinciones futuras porque el sistema climático en estos momentos es radicalmente distinto a cómo era en la época que ha investigado y porque ha entrado en el juego un factor de extinción probablemente más potente y más mortífero que los cambios de la órbita de la Tierra: el ser humano.

 

La Vanguardia

(The New York Syndicate)

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