ANTE GRAN CONSUMO DE RITALÍN, NOMBRE COMERCIAL MÁS CONOCIDO DE METILFENIDATO
No hay muchas investigaciones que expliquen las consecuencias que puede tener el consumo continuo de este derivado de la anfetamina en los niños. Microscopio en mano, tesistas chilenos intentan dilucidar sus posibles secuelas.
Hace rato que algunos especialistas en todo el mundo están alertando respecto del sobrediagnóstico que se realiza del déficit atencional con hiperactividad (ADHD, por sus siglas en inglés) y la facilidad con la que se receta metilfenidato, fármaco derivado de la anfetamina que se utiliza para este trastorno, y que en el país es más conocido con el nombre comercial de Concerta o Ritalín.
Miles de niños y adolescentes de todo el mundo la toman con excelentes resultados cuando efectivamente se trata de este desorden, pero hay otros tantos que, por un mal diagnóstico, lo consumen sin necesidad por largo tiempo.
Preocupados por esta situación dos alumnos de sicología, María Loreto Miranda de la Universidad de Santiago, y Crystian Sánchez de la Universidad Bolivariana, están dedicados a estudiar en el laboratorio de Neurociencias de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago (Usach), los efectos secundarios que puede tener este fármaco en ratas.
Los estudiantes están siendo dirigidos por el doctor Bernando Morales, director del Laboratorio de Neurociencias, quien explicó a La Nación que se ha postulado que los niños tratados con este estimulante pueden terminar consumiendo drogas más fuertes como la anfetamina, cocaína o convertirse en alcohólicos porque el metilfenidato también actúa a nivel de los circuitos de recompensa activando el centro del placer y del bienestar.
Este derivado de la anfetamina eleva el nivel de la dopamina en el espacio sináptico y con eso reestablece la conexión.
La investigación
Lo que los tesistas buscan es medir el efecto del fármaco sobre modelos de plasticidad sináptica que están involucrados en los mecanismos celulares y moleculares de la memoria y el aprendizaje.
Se cree que para que una persona aprenda y memorice, es necesario que las neuronas realicen sinapsis, esto es “que los circuitos sean capaces de realizar un cambio funcional aumentando su eficiencia y anatomía para generar más conexiones, con mejor impulso”. Esto es la plasticidad sináptica.
Para ver cómo el fármaco actúa en este modelo, los investigadores observan rebanadas de hipocampo de rata porque es esta estructura del sistema nervioso central la que participa activamente en la memoria que se utiliza para recordar a personas y conocimientos adquiridos.
Las principales sinapsis del hipocampo utilizan el glutamato como neurotransmisor, pero están siendo moduladas activamente por terminales dopaminérgicos donde el metilfenidato actúa a nivel molecular.
El avance de la investigación ha demostrado hasta el momento que el fármaco inhibe la potenciación de larga duración y si se acepta que este es el modelo mediante el cual se almacena la información en el cerebro, es posible que la capacidad de recordar y aprender se vean disminuidas. “
La pregunta es, ¿las personas que consumen metilfenidato tienen la capacidad máxima para poder aprender? ¿aprenden menos?
Y más importante aún, ¿qué pasa con el consumo crónico y los mal diagnosticados?”, se pregunta Morales.
Además de la experimentación intra y extracelular, los tesistas también realizan técnicas conductuales en la que le enseñan a una rata de laboratorio el camino a través de un laberinto acuático (de Morris) y luego de aplicado el metilfenidato, observan cuánto demora en hacer el recorrido ya aprendido.
Parte de esta investigación ya fue presentada en el I Congreso Metropolitano de Estudiantes de Sicología y esperan que dentro de un año, puedan publicar el estudio completo.