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"En Cuba es difícil guardar secretos"

En la carpeta de Carmen Balcells, la colosal editora catalana, la escritora cubana habla de "Todos se van", con la que ganó el Primer Premio de Novela Bruguera y adelanta su nueva obra.

Jueves 23 de noviembre de 2006

Mili Rodriguez Villouta

Al principio, "Todos se van" es el diario de una niñita de ocho años que ve demasiado. ¿Acaso todos los niños no ven demasiado? Después se convierte en una historia personal de Cuba. Y en una glasnost, la de los nietos de la revolución. Su próximo libro se llamará "Calzones" o "Bloomers".

-¿No es un secreto el título?

-No, yo no soy la persona que esconde cosas, soy la persona que las muestra.

-¿Tú no tienes secretos?

-En Cuba es difícil guardar secretos. El servicio secreto es bastante bueno (se ríe) y nosotros estamos muy acostumbrados a ser transparentes, que colaboramos mejor. Ya convives con eso, el teléfono tomado, es normal.

-Qué fuerte.

-No es mi problema. Ese es trabajo de ellos. Mi problema es decir la verdad. A lo mejor nadie me tiene tomado el teléfono y yo soy una sicópata, en cambio ustedes dicen que van a un lugar y están en otro: no te digo en Chile; en occidente. Yo no vivo en occidente, vivo en Cuba.

Y agrega: "Muchas veces nos hemos recostado en el balcón de la casa, hemos mirado la ciudad y hemos dicho, ¿acaso yo estaría en este nido, en este momento, en otras circunstancias...? Porque ya la Plaza de la Revolución estuvo llena, ya se dieron discursos de 12 horas, ya se hizo una vida colectiva, y lo colectivo fue más importante que lo personal, ya lo íntimo no existía porque era más importante lo promiscuo, lo grande, lo de todos, entonces ahora, nos preocupamos del dolor personal, de la herida propia".

MADRE QUE POSÓ DESNUDA

Wendy se viste de negro, melena brillante y móvil: es un acelere fino y sexy de pies a cabeza, como un dibujo a pluma de los años 20. Y se parece a Anais Nin, sobre quien ha escrito un diario apócrifo. En "Todos se van" está su madre, que posó desnuda, conoció al Che, fue hippie, amó la revolución y la contradijo. "Mi madre era la que me subrayaba cosas en los libros que estaba leyendo, la que me dejaba notas en el refrigerador". El nexo entre las dos fue intenso, dulce, rabioso y único. Wendy, en cada entrevista se enoja un rato, se le velan los ojos negros, está a punto de tirar el mantel, adora el instante.

-Este libro es...

-Los cubanos decimos Ebbó, es como una limpieza con palomas blancas.

-A mí me impresionó tu mirada equilibrada y al mismo tiempo apasionada sobre tu país.

-Es que en Cuba hay tantas pasiones, que estamos a veces separados por cosas que nos unen.

-Estás en el centro de una discusión importantísima. Hay nuevos escritores, está Pedro Juan Gutiérrez...

-A Pedro Juan yo lo quiero mucho, es uno de los seres más refinados, un príncipe. El siguió viviendo en Centro Habana, yo nací ahí, ahí murió mi madre, pero no tengo casa, vivo con mi compañero. El tiene un ático en Miramar, a lo francés, es la otredad -se ríe-. Pero casa, casa, no tengo, tengo 'su' casa, y yo creo que toda mi obsesión es la búsqueda del hogar.

LA AUDACIA MATA

-Tú hablas de elitismo e injusticia en Cuba.

-Chica, yo no creo que digo la palabra injusticia, creo que es como una deriva. No sólo que vamos a la deriva, sino que estamos como derivándonos de algo. Porque hemos tratado de ser muy justos; injusticias, por favor, en todas partes.

-...hay clases sociales.

-Y casi todas las remesas familiares que vienen de Miami, lo que hacen es agudizar más las clases sociales.

-Y también el lugar de los funcionarios del régimen, ¿no?

-Yo estoy entrenada para no decir régimen, ni Castro. Yo he sido educada con Fidel, desde niña tú dices Fidel, y aunque esté brava, estoy brava con Fidel, y si estoy contenta por algo, pues siempre va a ser Fidel, cuando oigo decir Castro, régimen, ¡me parece extraño!

-Te ataca.

-No, a mí nada me ataca. Es que dices el viejo del frente, pero si es tu abuelo, no dices el viejo, ¿entiendes? Llevamos 48 años conviviendo en la misma casa, ¿cómo a los 35 años vas a decir ¡Castro!?, ¿cómo cambias de cosa, aunque sea para hablar mal de él? Yo cuento una historia que no es normal, ni por Fidel, ni por el padre, ni por la madre.

-Tu madre era muy audaz, y tú también.

-Claro, y Fidel también. A los cubanos la audacia nos mata (se ríe). Como no vemos mucha televisión, ni vamos de malls, o a cambiar el carro del año, podemos leer y escribir, ir al teatro. Es una vida como antigua, para ustedes, ¡como demodé!

"En Chile, México, Portugal, mis amigos no eligieron el exilio. Yo haría un gran puente hacia los exilios, rescataría a todo el mundo, los regresaría a la casa, y en casa resolveríamos nuestros problemas. Piensa tú que los chilenos anduvieron como ¡parias!, como ¡parias! Y pueden agradecer... Los cubanos, una vez que estemos en casa, tengamos la toalla para secarnos de la lluvia y nos pongamos el pijama calentito y nos acostemos, deberemos decir gracias".

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