
Viernes 24 de noviembre de 2006
Diana E. H. Russell, Ph.D., profesora emérita de sociología, Colegio Mills, Oakland, California
Exclusivo para La Nación
La primera vez que escuché la palabra femicidio fue en 1974 cuando me contaron que la feminista estadounidense Carol Orlock estaba escribiendo un libro sobre el tema. El término femicidio me pareció muy poderoso. De inmediato se me ocurrió que sería un término muy apropiado para describir el asesinato misógino de las mujeres por los hombres y que debería usarse en vez de los conceptos netamente tradicionales de homicidio (la palabra latina hom significa hombre y manslaughter, en inglés, asesinato de hombre).
Aunque en ese entonces creía que Carol Orlock era la primera persona en usar el término, no sabía cómo lo había definido ni tampoco dónde hallarla (su libro, titulado "Femicidio" nunca fue publicado). Es por eso que definí femicidio como un término que politiza las acciones misóginas de asesinato de mujeres así como el término genocidio politiza actos de asesinato cuya intención es erradicar a un pueblo.
En 1976 utilicé la palabra, por primera vez en público, cuando declaré acerca de este delito ante una audiencia de casi 2 mil mujeres que participaban en el primer Tribunal Internacional de Crímenes contra las Mujeres, efectuado en Bruselas, Bélgica. "Debemos entender que muchos homicidios son, en efecto, femicidios. Debemos reconocer la política sexual del asesinato. Desde la quema de brujas en el pasado, pasando por la más reciente y generalizada costumbre de infanticidio del sexo femenino en muchas sociedades, hasta las matanzas por "honor", nos percatamos que el femicidio ha ocurrido durante mucho tiempo. Sin embargo, debido a que involucra a meras mujeres, no existía una palabra que lo describiera hasta que se inventó el término "femicidio", dije.
Fue sólo cuando investigaba el material para mi libro coeditado, Una perspectiva global del femicidio (2001) que descubrí el verdadero origen del término. Quedé tremendamente impresionada al descubrir que la palabra fue inventada casi dos siglos atrás. La primera vez que se usó el término fue en 1801, cuando La revista satírica de Londres (Inglaterra) lo utilizó para describir "el asesinato de una mujer". En 1827, la tercera edición de Confesiones de un femicida aún no ejecutado fue publicada. Este corto manuscrito, escrito por el femicida William MacNish, describe el asesinato de una joven mujer perpetrado por él. Además, según la edición de 1989 del Oxford English Dictionary, el femicidio apareció en El léxico de derecho, en 1848, lo que sugiere que se había transformado en un delito capaz de ser procesado.
No obstante, aún después de mi reciente descubrimiento no sentí la inclinación de reemplazar mi definición del término por la que aparece en el diccionario, porque estaba convencida, y lo estoy aún, que el aspecto machista de la mayoría de los asesinatos de mujeres por hombres debe ser incorporado a la definición del femicidio.
Hace unos años, la profesora de antropología mexicana y legisladora Marcela Lagarde leyó el libro titulado Femicidio: La política del asesinato de mujeres, que edité en conjunto con Jill Radford. Y cambió su concepción de los asesinatos de mujeres. En el contexto de los femicidios en masa que estaban ocurriendo en Juárez, un pueblo fronterizo muy cercano a Estados Unidos, Lagarde organizó un seminario en esa ciudad, en 2004, destinado a debatir estos femicidios en masa. Durante los próximos dos años, Lagarde, en conjunto con otras legisladoras, logró crear una Comisión sobre femicidios en el Congreso mexicano. Además, un estudio conducido en 10 estados sobre la incidencia de femicidios fue publicado. Dos seminarios internacionales más fueron organizados ese año con el doble objetivo de educar a los participantes acerca del femicidio y promover el activismo en torno a este horroroso y generalizado crimen.
Hoy el concepto de femicidio se está difundiendo a otros países latinoamericanos, lo que transforma a la región como la más avanzada en materia de reconocer el rol que desempeña la actitud machista en los millones de femicidios que ocurren en todo el mundo.