La corredora de propiedades Marcia Fernández Nova nunca imaginó en noviembre de 2000 que su gran sueño ecológico, al que se sumaron alrededor de 300 personas, se traduciría a fines de 2005 en una seguidilla de querellas por estafa, apropiación indebida y asociación ilícita en su contra y en la de su ex pareja Adán Méndez.
A 50 kilómetros al interior de Curicó, en plena precordillera, Fernández ofrecía una oportunidad única a la que sólo algunos podrían acceder: parcelas en un entorno ideal privilegiado, en medio de bosques nativos de coigüe, mañío y otras especies autóctonas con una panorámica de cascadas similares a las Siete Tazas, en una zona denominada Potrero Grande.
Los afortunados, en su mayoría profesionales del mundo artístico y cultural, quedaban fascinados con la irresistible oferta de sólo 350 mil pesos por la compra “en verde” de parcelas de media hectárea en medio en una futura reserva ecológica. Eso fue lo que cautivó, en un comienzo, a los compradores. La seductora personalidad de la mujer de cabellera larga, voz suave, ropas de estilo neohippie y discurso ambientalista ad hoc con su proyecto ecológico, atrajo al productor musical y ex vocalista de los Electrodomésticos Carlos Cabezas; al consultor de Tironi Asociados Felipe Valdivieso; al productor de Inti Illimani, Gustavo Arenas; al escritor Marcelo Simonetti; a la ex mujer del productor de TV Patricio Polanco, Eugenia Necochea; al periodista Diego Moulian; al locutor Agustín Hinostroza, entre muchas otras personas que invirtieron su dinero en las parcelas “en verde”.
EL MODELO DEL BUSINESS
Como las tierras donde se pensaba desarrollar la comunidad ecológica aún no pertenecían a Fernández, sino que a Forestal Celco, el mecanismo que ella usaba para la venta de parcelas y creación de la ecorreserva era juntar a grupos de interesados (preferentemente amigos de personas que la conocieran) dispuestos a confiarle su dinero por los lotes anticipadamente. Una vez efectuado el pago, los clientes le entregaban a Marcia un poder o “mandato de compra”, firmado ante notario, para que ella los representara en la adquisición de las parcelas.
La explicación de la corredora para esto no era anormal: necesitaba reunir una fuerte suma de dinero para comprar los predios a Celco y así iniciar el proceso de loteo en no más de un año y medio. Los compradores no tenían por qué desconfiar, pues tenían como antecedente la buena reputación de Marcia en ciertos círculos de profesionales que habían adquirido parcelas en el paradisíaco Chiloé, bajo el mismo sistema y con éxito. Pero además había un incentivo doble para quienes se embarcaran en los inicios del ecoproyecto de Potrero Grande: los primeros en comprar podrían escoger sus parcelas, efectuando una excelente inversión, ya que a medida que pasara el tiempo los lotes subirían de 350 mil hasta un millón de pesos.
Los socios de Fernández en ese primer loteo de Chiloé fueron su pareja de entonces, el poeta y dueño de Ediciones Tácitas, Adán Méndez, y el presidente de la Sociedad Chilena de Física, Leopoldo Soto, quien también ingresó al proyecto de Potrero Grande entusiasmado por sus perspectivas económicas. El físico había conocido a Marcia Fernández a través de Adán Méndez, con quien entabló amistad en la época universitaria en los ’80.
Hoy, el científico está retirado del proyecto debido a que discrepa de la forma de gestión de Marcia. Pero entonces, su rol en Potrero Grande consistió en representarla en la compra de los predios destinados al ecoproyecto y ponerla en contacto con su red de amigos y colegas, “para que ella pudiera desarrollar su negocio”, explica a LND el científico. Gracias a él, la corredora logró extender su cartera de clientes, incluyendo a miembros de la Comisión de Energía Nuclear.
“IGUAL QUE LOS QUESITOS”
Pero Soto no fue el único que publicitó el ecoproyecto. A fines del año 2000, la corredora también tomó contacto con Valentina Salgado y Paula Bulnes, quienes ya le habían comprado parcelas, y les propuso trabajar informalmente para ella promoviendo el proyecto entre sus amistades y familiares. Por cada persona que llegara recomendada a su oficina les pagaría una comisión equivalente al 10%, en terrenos. Las mujeres aceptaron la propuesta y los interesados se multiplicaron. Fernández nunca les pagó lo prometido, aseguran ambas.
Embarazada de ocho meses y sin trabajo, Valentina comenzó a contactar a familiares, como su cuñado Martín Erazo, director de la compañía de teatro La Patogallina, amigos de sus padres y apoderados y profesores del colegio de su hijo, como Marcelo Simonetti y Pedro Santis. Hoy, Valentina recuerda con amargura ese período en que estuvo convencida de las bondades del ecoproyecto y quiso compartir con sus más cercanos “el sueño que nos vendieron y que al final no era”.
“Fui estafada y utilizada por Marcia. Fui víctima de lo que quiso hacer: un buen negocio a costa de las confianzas. Es igual que los quesitos. Ella tiene que parar, la Justicia tiene que establecer que es una estafadora y que lo sigue haciendo”, sentencia en alusión a las 120 parcelas que su grupo aún no ha recibido.
La funcionaria de la Comisión Bicentenario Paula Bulnes también contagió su entusiasmo por las parcelas a su grupo familiar. Ahora siente impotencia por “el engaño” que sufrió. “Lo encuentro una burla. ¡Espero que Marcia pague por esto! No puedo creer que hasta el día de hoy siga vendiendo parcelas”.
JEINEMENI, PROYECTO ENTRAMPADO
Marcia Fernández siempre dijo que el proceso de compra se demoraría un año y medio como máximo, a contar de diciembre de 2000, y que al cabo de ese tiempo sus clientes recibirían sus terrenos y escrituras de propiedad.
Pero cumplido el plazo -junio de 2002-, la espera se hacía insostenible y los compradores empezaron a preguntarse qué pasaba realmente con sus tierras.
Ocasionalmente, y mientras el calendario seguía corriendo, Marcia citaba a los compradores a reuniones para explicarles que el retraso se debía a problemas con los topógrafos o a la inclemencia del tiempo. Entretanto, según quienes más tarde se querellarían en su contra, se hacía cada vez más difícil ubicarla, por lo que los propietarios frustrados se inquietaban aún más y ni siquiera sospechaban que el proyecto estaba desfinanciado.
Un año antes, el 11 de julio de 2001, Fernández había logrado –a través del científico Leopoldo Soto– comprar a Forestal Celco los predios destinados al ecoproyecto. El precio total de la compraventa ascendió a 470.075.840 pesos. Pero sólo se pagaron 150 millones al contado y se suscribió el compromiso de cancelar los restantes 320 millones antes del 11 de enero de 2002. Al momento de la firma del acuerdo, además, se acordó que los terrenos se mantendrían hipotecados a favor de la forestal, hasta que Marcia Fernández y Soto no cubrieran la deuda. Cosa que hasta la fecha no se ha logrado. En cambio, compraron un fundo de 1.460 hectáreas a 14 kilómetros de Chile Chico por 80 millones de pesos. Pagaron al contado. Pensaban obtener con ese nuevo proyecto ganancias suficientes para cubrir el hoyo financiero de Potrero Grande.
Fernández ideó, al alero de su corporación Reserva Nativa, un nuevo proyecto en las agrestes tierras patagónicas de la XI Región: el Ecopueblo Jeinemeni, una aldea ecológica autosustentable. Pero hasta ahora la corredora no ha logrado invertir en la infraestructura prometida y los terrenos no cuentan con agua.
El proyecto aún no ingresa al sistema de estudios de impacto ambiental de la Conama, ni a la Dirección de Obras de Chile Chico, por lo que el asentamiento humano donde supuestamente se instalarían 500 familias a fines de 2004 está lejos de concretarse, al contrario de lo que aseguró Marcia Fernández a “La Tercera” en abril de ese año. Mientras espera el dictamen de la Justicia por las tres querellas interpuestas por 42 personas en su contra, la corredora de propiedades sigue en su oficina de Las Urbinas 98, Providencia, vendiendo loteos del ecopueblo, y promete que entregará los terrenos de Potrero Grande a las personas que confiaron en ella seis años atrás y que ahora ya no le creen. LND
LOS AFECTADOS
Carlos Cabezas, ex vocalista de Electrodomésticos:
“Era demasiado bueno para ser verdad. Compré una parcela a 400 mil pesos, cuando estaban baratas, pero me olvidé hace rato del tema. La cosa no fue muy derecha. La actitud y presencia de estas personas es la clave: se presentan muy humanas y amantes de la naturaleza, y al final es toda una operación”.
Marcelo Simonetti, escritor y periodista:
“Conocía a Marcia Fernández porque ella estudió filosofía en el campus oriente de la UC mientras yo estaba ahí en periodismo. Piensas que es gente que no te va a cagar, pero parece que no fue así. Creía que podía ser un negocio que salió mal, pero ahora no sé. Si tienes todos esos tropiezos no sigues haciendo negocios. Mi caso es de un terreno, pero hubo otros apoderados (del Colegio Latinoamericano Cordillera) que compraron ocho o diez terrenos”.
Diego Moulian, periodista:
“Marcia Fernández se veía como la típica neohippie, preocupada de la ecología. No era la imagen prototípica de la estafadora. Con mi mamá compramos tres predios, por 1,2 millones de pesos en total, el día 27 de marzo de 2001. No me pude sumar a la querella porque no había papeles en la notaría que dieran constancia de la prórroga del mandato de compra de las parcelas”.