
Martes 28 de noviembre de 2006
Danuiela Estrada, colaboradora de IPS
La máxima autoridad mundial en materia de humedales llegó el domingo a Chile para evaluar los problemas que sufre el santuario de la naturaleza Carlos Anwandter. Sus aguas fueron contaminadas con desechos de una planta de celulosa que mataron hace dos años a miles de cisnes de cuello negro que lo habitaban.
Peter Bridgewater, secretario general de la intergubernamental Convención sobre los Humedales, firmada en 1971 en Ramsar, Irán, parte hoy martes al santuario para definir un plan de asesoría técnica. Ayer se reunió con representantes de La Moneda -fue recibido por la ministra Paulina Veloso- y hará lo mismo con autoridades, investigadores locales y grupos de la sociedad civil, dijo a Tierramérica Catalina Bau, directora de la Corporación Nacional Forestal (Conaf).
La visita se produce luego de que el Gobierno solicitó incluir al santuario en el llamado Registro Montreux, un listado de humedales de importancia mundial cuyos ecosistemas presentan problemas. La llegada de Bridgewater y el ingreso al registro son señales positivas dada por los gobiernos de la Concertación, según Eduardo Israel, de Acción por los Cisnes.
Es "un triunfo de la sociedad civil", agregó, recordando que hace dos años fue su organización la primera en pedir la postulación al Registro Montreux. "Esto nos permite recuperar la confianza en las autoridades. Se trata de profesionales objetivos, sin intereses políticos o económicos. Ya no se van a poder esconder las cosas", acotó Israel.
La privada planta Celulosa Arauco y Constitución (Celco) es acusada de provocar un desastre ambiental en el santuario de Carlos Anwandter por vertir sus desechos en el río Cruces, que lo alimenta. Ahora tiene plazo hasta abril de 2007 para presentar un proyecto alternativo de eliminación de residuos.
Un verdadero santuario
En 1981 fue declarado Humedal de Importancia Internacional por la Convención de Ramsar. Veinticinco años después, el 6 de octubre, ingresó al Registro Montreux por presentar cambios en sus ecosistemas y requerir atención prioritaria y asesoría.
Según la Conaf, en las cuatro mil 877 hectáreas del humedal sobreviven unos 400 cisnes de cuello negro. Hasta 2004 sumaban seis mil en promedio.
A mediados de ese año, el río Cruces cambió de color y centenares de cisnes murieron, otros miles emigraron. Los ciudadanos organizados comenzaron a denunciar públicamente la situación y el Gobierno encomendó investigaciones, que responsabilizaron a Celco.
"Pudimos establecer que la calidad del agua había cambiado al comparar las etapas pre y post Celco", declaró a Tierramérica Eduardo Jaramillo, de la Universidad Austral de Chile, quien lideró un estudio solicitado por el Gobierno.
La nueva composición del agua afectaron a las algas luchecillo (Egeria densa), el principal alimento de los cisnes que murieron por la alta concentración de metales pesados, especialmente hierro, en sus hígados.
"Hasta octubre de 2006 no se recuperaron ni el luchecillo ni los cisnes del humedal. Tampoco hay huevos o nidos. Las aves llevan dos años sin reproducirse", indicó Jaramillo.
Aunque la ciudadanía exigió el ingreso inmediato al Registro de Montreux, el Ejecutivo optó por elaborar la "Estrategia Nacional para la Conservación y Uso Racional de los Humedales en Chile" y el "Plan Integral de Gestión Ambiental para el Humedal del Río Cruces", que contempla la realización de 25 proyectos de monitoreo, restauración y conservación del santuario.
El plan, presentado por la Conaf en agosto, todavía no se implementó.
La presencia de Bridgewater "ayudará a contar con más instrumentos de investigación y a que surjan nuevas ideas. La ventaja de ellos es que miran el problema desde afuera", planteó Jaramillo.
Jaramillo e Israel aseguran que la rehabilitación del humedal depende de que las descargas de Celco desaparezcan completamente, pero la solución definitiva parece lejana.
La fábrica consideró construir humedales artificiales y evacuar sus desechos al mar. Pero la propuesta generó profundo rechazo entre pescadores artesanales, quienes incluso evitaron que Celco realizara estudios de impacto ambiental, por temor a la contaminación.