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La violadora

Annie Leibovitz revela su intimidad en la publicación "La vida de una fotógrafa". Además, una muestra en el Museo de Brooklyn sorprende, emociona y choquea al público y la crítica con fotos de celebridades y la controvertida decisión de publicar las últimas imágenes de la escritora.

Domingo 10 de diciembre de 2006

Eric Leser

Después de pasar 37 años de su vida tras un aparato fotográfico, Annie Leibovitz revela a los 57 su vida más íntima en un libro, "La vida de una fotógrafa", y en una exposición en el Museo de Brooklyn, Nueva York. La célebre fotógrafa estadounidense sorprende, emociona y hasta choquea al público y a la crítica al añadir una dimensión personal, a ratos perturbadora y dolorosa, a las imágenes glamorosas de actores, músicos y presidentes que le dieron fama.

La mayor parte de su libro y de su exposición está constituida por imágenes instantáneas de momentos importantes, felices o trágicos, de su vida. Se la ve a los 51 años de edad encinta de su primera hija. Se ven sus viajes con Susan Sontag, la escritora e intelectual con quien compartió 16 años de su vida, los trazos de la historia de reencuentros con sus cinco hermanos y hermanas y sus hijos. Y la muerte de Susan Sontag, a los 71 años, el 28 de diciembre de 2004; la de Samuel Leibovitz, su padre, a los 91, semanas más tarde, y, como un eco, el nacimiento de sus mellizas, Susan y Samuelle, dadas a luz por una madre sustituta en mayo de 2005. "El libro y la exposición fueron para mí una manera de hacer el duelo", dice la fotógrafa. De las 341 imágenes del libro, alrededor de dos tercios son fotos de 35 milímetros en blanco y negro, a cien leguas de distancia de la sofisticación técnica de sus retratos de Whoopi Goldberg dándose un baño de leche; de la portada de la revista "Vanity Fair" con Demi Moore de perfil, desnuda y encinta; de John Lennon, también desnudo, apretando a Yoko Ono; de Cindy Crawford con una serpiente como único adorno. El contraste entre los dos estilos y los dos mundos es violento y provoca a veces un sentimiento de incomodidad. "Yo no tengo dos vidas", subraya Annie Leibovitz.

La muerte de Susan

En el Museo de Brooklyn, un muro completo está cubierto con multitud de clichés de su familia en la playa, sus padres en su lecho, su primera hija, Sarah, llorando algunos segundos después de nacer. En otra muralla, Donald Trump está sentado en un auto deportivo; cerca suyo, su mujer, Ivana, encinta y en bikini dorado, en la escalerilla de un jet. No lejos, los generales Colin Powell y Norman Schwarzkopf, rígidos y cubiertos de medallas. Susan Sontag lucha contra el cáncer en una sala de hospital. Ningún detalle parece demasiado íntimo.

La controvertida decisión de publicar las imágenes de los últimos momentos de la escritora fue tomada, según Leibovitz, tras largas reflexiones y muchas precauciones. Obtuvo el acuerdo de la hermana de Susan Sontag y de su agente y albacea testamentario, pero no el de su hijo. La crítica estadounidense alabó a la fotógrafa y a sus imágenes. En el prólogo de su libro, Annie Leibovitz explica que "tomar fotos íntimas a miembros de vuestra familia es un privilegio y conlleva ciertas responsabilidades... Este libro es la cosa más cercana a mí que jamás he hecho". Susan Sontag analizó el especial poder de los fotógrafos en su obra "On photography" (1977): "Fotografiar a las personas consiste en violarlas, verlas como nunca se ven a sí mismas, conocerlas como ellas nunca podrán hacerlo".

© Le Monde

(The New York Times Syndicate)

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