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¿Duelo nacional?

Las declaraciones de duelo se han fundado en que el sentimiento de pesar provocado por el fallecimiento de una alta personalidad es "compartido" por toda la población.

Lunes 11 de diciembre de 2006

Hernán Quezada Cabrera, abogado

"Si falleciere una alta personalidad chilena o extranjera deberá determinarse, en mérito de circunstancias especiales, si corresponde la declaración de duelo nacional o duelo oficial". Esta es la norma contenida en el artículo 82 del Reglamento de Ceremonial Público y Protocolo (Decreto Supremo Nº 537 de Relaciones Exteriores de 2001, publicado en el "Diario Oficial" del 16 de agosto de 2002), que en estos últimos días debe haber rondado la mente de algunas autoridades tras anunciarse una nueva crisis de salud del ex dictador chileno.

Tanto el duelo nacional como el duelo oficial se establecen mediante decreto supremo del Ministerio del Interior y en ambos casos se aplican las mismas medidas: el izamiento de la bandera a media asta en la sede de Gobierno y en las oficinas y reparticiones públicas, así como en las unidades de las Fuerzas Armadas y Carabineros, y la suspensión de los actos y ceremonias de Gobierno que revistan el carácter de festejo. Se diferencia el duelo nacional y duelo oficial simplemente por su extensión temporal: el primero dura tres días o más, el segundo se fija por el plazo de uno o dos días, lo que permite hacer una distinción tácita sobre la importancia que en vida pudo haber tenido el difunto. Esta declaración no emana ni de la Constitución ni de la ley, sino de un decreto presidencial (el citado DS Nº 537, de 2001), dictado en ejercicio de la potestad reglamentaria del Presidente de la República y de sus atribuciones privativas, decreto que por lo mismo puede ser derogado o modificado por el propio Ejecutivo. No existe un deber constitucional ni legal de declarar duelo, sino una obligación sólo reglamentaria. La declaración de duelo regulada en el DS Nº 537 tiene un carácter facultativo y discrecional. De la lectura del artículo 82 del Reglamento de Ceremonial y Protocolo se desprende lo recién señalado, puesto que dicha norma no contiene mandato imperativo. Ante el fallecimiento de un alta personalidad chilena o extranjera, la autoridad competente determinará "si corresponde" hacer la referida declaración.

Para adoptar una decisión afirmativa, se tendrá en consideración que el fallecido ha sido efectivamente una "alta personalidad" y que concurren "circunstancias especiales". Está de más precisar que los términos utilizados implican que se trata de aspectos positivos tanto en lo que respecta a la difunta alta personalidad como a las circunstancias especiales concurrentes. El Führer de la Alemania nazi era una alta personalidad y su vida se desarrolló bajo circunstancias más que especiales. Hablando hipotéticamente, si su deceso ocurriera hoy, ¿ameritaría una declaración de duelo nacional -o siquiera de duelo oficial- por parte del Gobierno de Chile? La respuesta no necesita ser explicitada, pero el criterio subyacente debiera aplicarse en cualquier caso en que se produzca la muerte de una "alta personalidad", chilena o extranjera, que ha violado los derechos más esenciales de los habitantes de su país y ha ejercido el poder sobre la base del terror y el desprecio del Estado de derecho.

Tradicionalmente, las declaraciones de duelo nacional o duelo oficial en el país se han fundado en que el sentimiento de pesar por el fallecimiento de una alta personalidad es "compartido" por toda la población y todas las autoridades públicas. Como se ha dicho, un personaje que sigue provocando la división de los chilenos no merece actos de homenaje del Estado. Rendirle los honores que implica una declaración de duelo nacional o duelo oficial, con toda seguridad acentuaría esa división.

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