En este escenario, señaló el ministro portavoz, Ricardo Lagos Weber, “el Gobierno ha autorizado banderas a media asta en los recintos del Ejército”. Asimismo, se decidió que a la misa fúnebre de Pinochet, que se realizará el martes 12 de diciembre, sólo asistirá la ministra de Defensa, Vivianne Blanlot.
K.P. / C.M.
La Moneda decidió que el fallecido general Augusto Pinochet sólo recibirá los honores correspondientes a un ex comandante en jefe del Ejército, de acuerdo a lo establecido en el Reglamento del Servicio de Guarnición de la institución castrense. La determinación no fue sorpresiva, ya que había trascendido que no se le reconocería a Pinochet la calidad de Jefe de Estado, pues hacerlo significaría validarlo como Presidente de la República, algo impensable tras la lucha que en contra de su régimen dio la actual Concertación.
Sin embargo, el principal punto de quiebre en la planificación que sobre Pinochet venían desarrollando La Moneda y el Ejército se produjo en 2004, al darse a conocer la investigación del Senado norteamericano que reveló el caso Riggs y sus derivados. En ese momento el Ejecutivo tomó la medida de no ceder a los honores de Estado que estaba desde hacía tiempo solicitando la institución militar. Desde ese instante quedó claro que lo máximo a que se podría aspirar en el entorno de Pinochet sería reconocerle su calidad de militar y ex comandante en jefe.
Por ello, la organización de las exequias del jefe castrense serán organizadas por la institución militar (ver páginas 6 y 7), que anunció el programa cerca de 30 minutos antes de que el ministro portavoz, Ricardo Lagos Weber, diera a conocer el pronunciamiento oficial de La Moneda.
En este contexto, señaló Lagos Weber, “el Gobierno ha autorizado banderas a media asta en los recintos del Ejército”. Asimismo, se decidió que a la misa fúnebre de Pinochet, que se realizará el martes 12 de diciembre, sólo asistirá la ministra de Defensa, Vivianne Blanlot.
“El Gobierno”, agregó Lagos Weber, “respeta asimismo el dolor de los familiares por el deceso del general Augusto Pinochet y actuará en todo momento dentro del marco institucional establecido para estas situaciones y velará para que se mantenga un clima de tranquilidad y ecuanimidad en el país”.
Las palabras del vocero se produjeron en momentos en que miles de opositores al régimen militar ya se congregaban en las afueras del Palacio de Gobierno por la Alameda, lugar donde momentos después hubo incidentes.
Respecto de por qué no se decretó duelo oficial, el vocero gubernamental se limitó a señalar que “he sido claro en la declaración que he leído recientemente: el Gobierno ha determinado en el caso de las exequias del general Pinochet sean las que están establecidas para un ex comandante del Ejército”.
De acuerdo con el Reglamento de Ceremonial Público y Protocolo de la Cancillería, la Presidenta Michelle Bachelet no estaba obligada a rendir honores ni decretar duelo oficial. Si bien el reglamento especifica el tipo de honores -más de tres días de duelo oficial con suspensión de actividades o duelo oficial de tres o menos días sin suspensión de actividades-, su aplicación es facultad presidencial de acuerdo al mérito de la persona.
En todo caso, la determinación de La Moneda no fue sorpresiva, ya que -en 2005 durante la campaña presidencial- la entonces candidata presidencial había señalado que “francamente, a mí me violentaría tremendamente hacer una cosa de esa naturaleza, violenta la conciencia de los chilenos rendir honores a una persona que ha estado involucrada no sólo en temas de derechos humanos, sino incluso en temas de uso de dineros fiscales”.
Decisiones
La Presidenta conoció de la muerte de Pinochet a través de un llamado del comandante en jefe del Ejército, Óscar Izurieta, que regresaba a Santiago desde el sur. En ese mismo momento se activó el plan de contingencia que La Moneda ya había planificado hace una semana, cuando el ex jefe castrense fue internado de urgencia en el Hospital Militar producto de un infarto agudo al miocardio.
De inmediato, Bachelet convocó a un comité político de emergencia, que incluyó a la ministra Blanlot, para determinar los cursos de acción. En ese encuentro, que se extendió por cerca de 30 minutos, se acordó que la vocería oficial recaería en Lagos Weber y que, a pesar de la presencia periodística en las afueras de la casa de la Mandataria -hasta donde también llegó Izurieta-, la posición oficial del Gobierno se daría a conocer en La Moneda.
En las afueras de la casa de Bachelet, un grupo de jóvenes partidarios de Pinochet llegaron con carteles pidiendo “duelo nacional”. Pasadas las 18 horas, el grupo había crecido a unas 20 personas, las que se manifestaron pacíficamente y luego se dispersaron. Llamó la atención que los más exaltados fueran jóvenes estudiantes, como Javier Sánchez, de 24 años, que al ser consultado sobre sus razones para estar allí, explicó que “sólo pedimos lo que se merece: un duelo nacional”.
Respecto de las celebraciones que -a esa misma hora- se desarrollaban en Plaza Italia, señaló que “cada cual tiene sus razones, pero nosotros sólo queremos que Bachelet nos escuche”.
Los manifestantes gritaron y cantaron por más de dos horas. Sin embargo, un hecho delató la juventud de los manifestantes: al entonar en el Himno Nacional la parte que refiere a los “valientes soldados”, que se incluyó durante el régimen militar y que fue sacada en el Gobierno de Patricio Aylwin en 1990, muchos guardaron silencio. No la sabían. LN