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Pedregoso camino para que cenizas de Pinochet llegaran a Los Boldos

Según una fuente de la institución castrense, los hijos y Lucía Hiriart realizaron una tensa y tediosa tratativa con el comandante en jefe, el general Óscar Izurieta, y finalmente quedaron dolidos por sus negativas a las peticiones del entorno. Por ello al final optaron por guardar el ánfora en la parcela de Los Boldos, tan querida por Pinochet.

Martes 26 de diciembre de 2006 + Sigue a La Nación en Facebook y Twitter

Largo fue el camino para que las cenizas del dictador Augusto Pinochet al final llegaran a su parcela de Los Boldos. De acuerdo con una alta fuente del Ejército, para el destino del ánfora la familia hizo una serie de propuestas a la institución, pero ésta no las aceptó. Lo que sabía era que desde hace años tanto la familia, como subalternos del entonces comandante en jefe, aspiraban a que después de su muerte Pinochet fuera sepultado (no se hablaba entonces aún de cremación) en la Escuela Militar en una cripta que se construiría para ese propósito. Este deseo, sin embargo, fue rechazado por el Ejecutivo hace años, debido a su anormalidad respecto de las normas generales acerca de cementerios.

La pretensión familiar sobre el destino de los restos no varió con el tiempo, pero recobró urgente vigencia en las horas posteriores a la madrugada del domingo 3 de diciembre, cuando Pinochet ingresó en estado grave al Hospital Militar aquejado de un infarto al miocardio y un edema pulmonar.

En esas horas, cuando ya se conocía el deseo de Pinochet de ser cremado, el comandante en jefe, Óscar Izurieta, conversó el asunto del destino de las cenizas con los hijos del dictador. Allí comenzó -según la fuente- una prolongada y tensa tratativa.

Primero la familia pidió a Izurieta que, cumpliendo su anhelado sueño, el ánfora con las cenizas permaneciera en un sitio de honor en la Escuela Militar. Sin embargo, el comandante en jefe respondió que eso no era posible, porque mantener las cenizas en ese lugar marcaría para siempre a la escuela de formación de oficiales. Era seguro, además, que el lugar comenzaría a ser foco de ataques directos o verbales de los detractores del dictador o de actos, celebraciones y romerías de partidarios. Todo ello avivaría las pasiones teniendo a los cadetes como "el jamón del sandwich".

Después los hijos pidieron que las cenizas quedaran en la Catedral Castrense. Izurieta respondió que si bien eso debían resolverlo las autoridades de ese recinto religioso, él tampoco estaba de acuerdo, porque igualmente había un alto riesgo de ataques y manifestaciones de apoyo, más incluso que en la academia castrense, lo que no era bueno para el Ejército. La familia abordó este asunto con los responsables de la catedral, pero éstas explicaron que allí se hace lo que establece el Ejército y que ya sabían que éste no estaba de acuerdo.

Pero todavía los hijos hicieron otra proposición a Izurieta: que debido al rechazo de la escuela y la catedral los restos de su padre fueran mantenidos en un regimiento en el cual éste hubiese servido o mandado. Se propuso, por ejemplo el Buin.

De nuevo Izurieta expresó su opinión negativa y por las mismas razones por las cuales se había opuesto a las otras posibilidades, aunque entonces explicó a la familia que la institución estaría dispuesta a esparcir las cenizas del ex comandante en jefe en la Carretera Austral, que se identifica como una obra suya. Para ello pondría a disposición toda la logística y organización, incluido el traslado de la familia y sus ex camaradas y amigos más estrechos que quisieran asistir a la ceremonia.

No obstante, los hijos y Lucía Hiriart no quisieron deshacerse para siempre de las cenizas de ésa u otra forma y así se lo hicieron saber a Izurieta. De esta manera, y "decepcionados", de acuerdo con la fuente, optaron por llevar el ánfora al terreno estrictamente privado y mantener la vasija en Los Boldos.

Como resultado de estas "negociaciones", la familia Pinochet-Hiriart quedó, en términos de la fuente, dolida con el Ejército, porque consideró que a la figura del capitán general se le había dado un pésimo trato en su muerte, siendo que la institución "le debía muchas de sus glorias".

La Nación quiso confirmar oficialmente lo que esta alta fuente militar relató en forma reservada, para lo que este diario se comunicó con el coronel Carlos Mesano, jefe del Departamento Comunicacional del Ejército. Pero el coronel Mesano explicó que "todas estas conversaciones fueron sostenidas sólo entre la familia y el general Izurieta, por lo que yo no tengo información al respecto ni tampoco la tiene la institución como tal".

 

PROTOCOLO

 Lo que sucedería respecto del funeral de Pinochet había sido tratado ya entre el anterior comandante en jefe, Juan Emilio Cheyre, y la entonces ministra de Defensa Michelle Bachelet en momentos que la salud de Pinochet comenzaba a debilitarse. Cheyre y Bachelet acordaron un protocolo que, si bien estableció que el general no tendría funeral de Estado como ex Presidente, sí se decretaría duelo oficial. Lo que el pacto no reguló fue qué autoridad de Gobierno asistiría a la ceremonia militar.

Pero luego reventó el escándalo de su fortuna mal habida, y entonces el Presidente Ricardo Lagos ordenó a su ministro de Defensa, Jaime Ravinet, que modificara el protocolo Bachelet-Cheyre y se estableciera que tampoco habría duelo oficial, y que esa decisión sería tomada en su momento por el Presidente al mando. Además, en ese protocolo se aclaró que la autoridad de Gobierno que asistiría a la ceremonia de honores militares a Pinochet sería el ministro de Defensa. LN

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