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La infidelidad depende de una hormona

La neuroquímica influye en las conductas asociadas a las emociones y el amor. Las hormonas pueden jugar un papel relevante en la fidelidad y también en los celos.

Martes 26 de diciembre de 2006

Lluís Amiguet

 

Tengo 55 años. Cuanto mayor, más disfrutas el amor: el furor bioquímico da paso a la emoción relajada y consistente. Nací en San Vicente de Alcántara, pueblo extremeño al que los corcheros trajeron el catalán. Soy catedrático de Sicobiología de la UAB. Tengo 2 hijos. Agnóstico, de izquierda moderada. Las emociones son la sal de la vida

-¿Todas esas ratitas de su laboratorio nos enseñan a amar?

-Nos enseñan algo del amor. Científicos americanos, por ejemplo, dividieron sus ratones en dos cepas: polígamos y monógamos.

-¡Así es que la infidelidad está en los genes!

-Pero no para siempre. Les inyectaron vasopresina, hormona además antidiurética, y los ratoncitos polígamos se convirtieron en monógamos. Se acabaron las infidelidades.

-¡Una hormona!

-... Que nos sirve para ilustrar, sin caer en determinismos, cómo la neuroquímica influye en las conductas asociadas a las emociones y el amor. El amor también es química.

-¿Para qué nos sirve el amor?

-La bioquímica del amor forma parte de la estrategia de la naturaleza. Nos enamoramos para ser más eficaces reproduciéndonos, pero eso no nos hace forzosamente más felices.

-Ya me parecía a mí

-El amor crea un vínculo estable que favorece el éxito reproductivo. La evolución ha ido seleccionando en los humanos los genes que transmiten esa emoción cooperativa vital para forjar una alianza duradera que proporciona más seguridad a la camada.

-¿Y los celos?

-También tienen su función evolutiva igual que la sinceridad o el arrepentimiento: hacen más difícil la infidelidad. Mostrar sinceridad nos hace más fiables como socios.

-¿Cómo nos enamoramos?

-El amor bioquímico comienza con la segregación de la feniletilamina, parecida a una anfetamina, que produce excitación.

-El superflechazo...

-A esa primera sacudida le sigue la producción gonadal de estrógenos y andrógenos que aumentan el apetito sexual.

-... Se va concretando...

-La feniletilamina combinada con las dopaminas propicia incluso antes del intercambio sexual la confusa euforia y la pasión emocional típica de los enamorados.

-Y lo demás no importa.

-Importa menos, porque esa pasión inicial se caracteriza además por la inhibición de sustancias cerebrales, como la serotonina, que hasta el enamoramiento habían estabilizado el humor y las emociones...

-Con el dulce tiempo que el amor procura.

-... A otras emociones más matizadas, pero también muy intensas. Así se desencadena un mecanismo adictivo en el que están involucrados nuestros opíceos endógenos como la encefalina y las endorfinas que se liberan cada vez que sentimos placer, satisfacción y bienestar.

-¿Es más adictiva una relación en esa segunda fase?

-Sí, porque la ruptura del vínculo es más dolorosa entonces y provoca reacciones similares a la privación de sustancias adictivas.

La Vanguardia

(The New York Times Syndicate)

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