
Martes 26 de diciembre de 2006
Santiago es todo un paradigma. En 1996 fue declarada "zona saturada" para cuatro contaminantes en el aire. No sólo material particulado respirable (PM10). También por partículas en suspensión, ozono y monóxido de carbón. Y no es todo. Además fue declarada "zona latente" por dióxido de nitrógeno.
Dos años más tarde se comenzó a ejecutar el Plan de Prevención y Descontaminación Atmosférica de la Región Metropolitana (PPDA). Pero el esmog no se hecho humo, sigue atorando gargantas y está a la espera de la actualización del PPDA y del plan de Gestión de Episodios Críticos, ambos en proceso.
La negra historia del aire capitalino es conocida. Pero el resto del país también tiene nubes tóxicas sobre la salud de su población. De norte a sur, prácticamente cada región tiene su drama irrespirable. Al igual que Santiago, Chuquicamata, María Elena y Temuco están saturadas de PM10 por incumplimiento de la norma diaria. El Gran Concepción, incluido Talcahuano, fue declarada zona latente por norma diaria. Lo mismo sucede en las ciudades de Tocopilla, Machalí; y las comunas de Ventana y Catemu.
El mapa de la contaminación por PM10 es diverso, según la región del país, en cuanto al origen de los tóxicos. Cada cual con su propio humo. El norte de Chile tose con el humo de refinerías y termoeléctricas, el centro-sur sufre lo propio con la actividad productiva de polos urbano industriales y en el sur la quema de leña domiciliaria -más que el aporte de las industrias-, es todo un problema latente.
Por cierto, la calificación de "zona saturada" y "zona latente" obedece al nivel de contaminación científicamente medido en función de un límite, una norma tope establecida por la autoridad central. Para el PM10, por ejemplo, la norma primaria es de 150 ug/m3 promedio de 24 horas en más de 7 días en el período de un año. De acuerdo a la Ley 19.300, "zona saturada" es aquella en que una o más normas de calidad ambiental se encuentran sobrepasadas. Y "zona latente" es aquella en que la medición de la concentración de contaminantes se sitúa entre el 80% y el 100% de la respectiva norma de calidad ambiental.
Tema viejo, norma reciente
La mala calidad del aire en las ciudades viene respirándose hace ya bastantes años. Sin embargo, frenar su avance y su consolidación ha sido un problema evidente. Tocopilla, por ejemplo, posee una de las más altas tasas de cánceres y enfermedades respiratorias en su población y recién en noviembre de este año la autoridad ambiental regional (Corema) solicitó la declaración de zona saturada por PM10.
El oportuno atajo a las crisis sanitarias ha debido lidiar con "problemas técnicos". La directora ejecutiva de la gubernamental Comisión Nacional del Medio Ambiente (Conama), Ana Lya Uriarte, tiene una explicación: "Pasa que para poder actuar, por ley, primero se necesita tener una norma y además medir la contaminación mediante estaciones de monitoreo para saber si supero o no la norma. Y ambas cosas son recientes de hace pocos años", dice.
Y no se trata de procesos técnicos simples de corto plazo. Tampoco baratos. "Sólo montar una estación de monitoreo cuesta anualmente más de cien millones de pesos, pues se requiere personal, tecnología, mantención, etcétera -acota Uriarte-.Y en todos los lugares donde tenemos alguna amenaza a la norma, riesgo de incumplimiento o incumplimiento estamos condiciones de responder con planes de gestión operacional. En todos los lugares hay una respuesta", enfatiza.
La directora ejecutiva de Conama, de paso, aborda una de las eternas suspicacias en lo relativo a la toma decisiones, esto es, el lobby de quienes ven en normas más estrictas de control de contaminación una amenaza a la inversión, el desarrollo y el empleo.
"Hemos asistido a un cambio muy importante entre el cumplimiento de normativa ambiental y el desarrollo de actividad económica. Donde hemos implementado plan de descontaminación o de prevención nunca ha habido restricción a la actividad económica ni al ingreso de nuevas inversiones. Lo que ha ocurrido es que los actores han ajustado sus comportamientos ambientales. Y eso, en ningún caso, ha significado paralización de faenas, cierre de fábricas o prohibición de ingresos de actividades a la zona implicada. Hoy (el lobby) no es argumento válido", señala Uriarte.
También asegura que la permeabilidad política del cuerpo que toma las decisiones sea un asunto reprochable. "No es lo que hemos observado en Tocopilla. Tampoco en Concepción, donde se declaró zona latente en diez comunas, ni lo observado en Santiago. Las decisiones han sido técnicas y de constatación a través de equipos de medición y estaciones de monitoreo con normas ambientales que no son cuestionables desde el punto vista técnico. Con esta precisión técnica -cierra Uriarte-, hay menos espacio a elucubraciones". LN
El daño
Cuando se inhala, el esmog actúa como agente irritante al sistema respiratorio, causando falta de aliento, tos, dolor de pecho y también puede agravar enfermedades del pulmón. No sólo agrava al sistema respiratorio temporalmente; la inhalación prolongada de niveles peligrosos de esmog puede reducir el funcionamiento y el desarrollo biológico de los pulmones en los niños, permanentemente lastimando al tejido de los pulmones.
El contacto con el esmog puede también empeorar la alergias. Los más afectados por este manto tóxico pueden ser los niños, los ancianos y quienes sufren de asma.
Varias organizaciones preocupadas del medio ambiente sitúan también entre los más afectados a los pobres, ya que son generalmente quienes viven en zonas industriales y tienen más dificultades para exigir sus derechos.
Fuente: ONG Earth Justice