
Domingo 21 de enero de 2007
Por Juan Sharpe
Fotos: Ernesto Merino
Ambas tienen 42 años. Son amigas desde la Universidad Católica, donde Karina estudió licenciatura en filosofía y Carola pedagogía. Karina tiene dos hijos, con el mismo padre, por lo que no califica mucho en la media de la familia chilena moderna, pero cuenta que antes de emparejarse con el padre de sus hijos estuvo casada, así que pasa la prueba. Vive en La Reina, en una casa vieja que remodeló. Como su familia, fue siempre comunista.
Carola era fotógrafa de moda en la revista "Ya". Vive en Peñalolén, tiene cuatro hijos y está casada con Marcelo Cicali, uno de los propietarios de los bares Liguria. Fue presidenta del Centro de Alumnos de Pedagogía de la Católica y adicta a las protestas de los años '80, pero sin militancias: "Yo era new wave o cuica democrática, algo así".
Hace nueve años abrieron El Bazar de la Fortuna, una tienda de objetos viejos, casi de antigüedades, en la avenida Italia. Trabajan con elementos tradicionales de la chilenidad, y sus motivos de decoración de los Liguria de Pedro de Valdivia, Luis Thayer Ojeda y Manuel Montt son magníficos ejemplos de su estilo: integración de elementos de la cultura popular chilensis con sus visiones de la modernidad. Empezaron a coleccionar enlozados y ahora se dan el gusto de mantenerlos en su bazar, como parte de una colección privada, "porque podemos no venderlos".
-No vender piezas que les parecen valiosas es una señal de poderío.
-Karina: Claro, cuando empezamos no existían muchas tiendas que ofrecieran las cosas que una persona recolecta según su propio gusto. Nosotras tenemos una tendencia propia y ahora hay mucha más gente que hace lo mismo.
-¿Cuándo empezó la relación con el Liguria?
-Carola: Cuando Marcelo y su hermano José Manuel decidieron comprar a su papá su parte de los locales de Tobalaba y Manuel Montt. Era una época de cambios, y ellos querían incluir nuevas ideas, más afines con la modernidad que se empezaba a vivir.
-Karina: Empezamos a poner los cuadros de nuevo, a reenmarcar algunos y eliminar otros. Y quedó bien porque no se notaba que lo habíamos redecorado. Eso es parte de nuestro estilo.
-Carola: No nos gusta que las cosas parezcan decoradas. Estos muebles de la tienda valen súper caros, pero nosotras hacemos que aparenten menos de lo que son. En el Liguria tú crees que las cosas están así desde siempre y a lo mejor llevan una semana. Es como nuestra línea editorial.
-Hicieron el local de Luis Thayer Ojeda, uno de los símbolos ligurianos, con una decoración muy celebrada.
-Karina: Era tan espléndido el espacio que quisimos hacer algo elegantísimo, con nuestro estilo. Como para entrar con unos zapatos rojos tipo Vivien Leigh en "Lo que el viento se llevó". Por eso hicimos esa escalera de mármol, que no existía. Crear la escalera fue una decisión arriesgada porque en la cultura de restaurantes se dice que los clientes no suben escaleras. Y funciona perfectamente.
-Ese estilo no va con las tendencias americanas, que tiran lo viejo para construir algo nuevo y ostentoso.
-Carola: Eso dicen, pero nosotras somos ultrachilenas, no viajamos ni a la esquina. Yo viajo a Maitencillo y la Karina a Rancagua. Bueno, una vez fuimos a Nueva York, pero no conocemos Francia, así que no podemos imitarlos.
-Sin ser tonto grave, pareciera que ustedes forman parte de esa gente que hace restauración de lo que es natural para los chilenos.
-Carola: Vemos la belleza en decorar con cosas que son nuestras, donde el más cuico lo reconocerá como una ordinariez y el más pobre no entenderá cómo se puede decorar con esas cosas que estaban en su casa de pobre. Una vez nos entraron a robar a la tienda y el carabinero que vino por la denuncia dijo "ésos cuadros estaban en mi casa. Les juro". Los conoció porque su madre había pintado a mano los marcos de ese color. También le ponemos humor con la Mafia y con algunas piluchas, porque si no sería un Chile demasiado dramático y tétrico.
-El local de Thayer Ojeda es llamado "El Liguria de los rubios".
-Karina: Cuando hicimos Luis Thayer Ojeda pensamos ene si poníamos el cuadro de Allende. Era una época en que no estaba claro que fuera a aceptarse y todavía teníamos la dictadura en la cabeza, incluso nosotras que no somos así. Y al final dijimos ya, filo, pongamos la hueá, pero igual pusimos a Frei y Alessandri. Fuimos todas cartuchas, políticamente correctas.
-En la reforma del local de Manuel Montt se lucieron.
-Karina: Ya eran otros tiempos. Y la cosa chilena ahí es muy importante. Es una idea más política, más de la Unidad Popular, queríamos que fuera súper upeliento. Y que tuviera humor. Que junto a Allende estuviera la Ramona Parra y Buddy Richard.
-¿Quién hizo el mural Ramona Parra?
-Karina: Cecilia Moreno, que es hija de una brigadista de la Ramona Parra.
-Carola: En los Liguria hemos puesto escudos de Chile, copihues, cosas que antes rechazábamos, igual que la cueca o la tonada, que eran símbolos de los milicos.
-¿La gente acepta esos diseños porque están en el Liguria o porque está encantada de ese reencuentro?
-Carola: Están encantados que esos símbolos estén ahí, en su bar favorito. También tiene la gracia de que como el Liguria está de moda, hay mucha gente a la que quizá no le interesa, pero lo consume porque lo trae el bar. Esa gente más cuica, que nosotras conocemos a través de la decoración, dicen: "Ay, que divertido, esos colores que usan ustedes son como de pobre". Esa gente sintió que Thayer Ojeda es más "correcto".
-En el baño de hombres (de Manuel Montt) están los banderines de equipos de fútbol chileno, que es lo menos fashion que hay en este país.
Carola: Era un desafío, porque ¿qué les gusta a los hombres, aparte de las minas en pelotas? Las tetas también, pero no íbamos a ponerles tetas en el baño. Porque, como dice Karina, ¿qué película vai a hacer sobre los hombres? ¿"Secretos en la montaña"?
-Y ese salón de arriba, tan elegante, ¿qué inspiración tenía?
-A ese salón privado de arriba lo queríamos llamar el salón Bachelet. Como ese salón era de mina tenía que ser el salón Bachelet.
-Están aceptadas por el establishment más formal de los decoradores chilenos, un gremio bastante elitista.
-Carola: Sí, ahora ya sí, Los Liguria fueron importantes, pero llevamos diez años y tuvimos un desarrollo hacia el rescate de muebles y luego la pintura usando la técnica provenzal o el decapado, y empezaron a aparecer de a poco nuestros muebles en las revistas, y de eso sí que somos responsables, pioneras.
-¿Cuál es el mejor lugar para cachurear en Santiago? ¿Franklin?
-Carola: Sí, aunque Franklin está súper cagado, es lo único. Nosotras íbamos todos los días, a las siete de la mañana, a las ferias de Peñalolén, Cerro Navia, Los Traperos de Emaús, pero son pocos lugares. En Franklin pasa lo mismo, a la gente le conviene mucho más vender tres pares de calcetines chinos a luca y no andar cachureando todo el día. Pero nos gusta Franklin, que además no es nada peligroso. O sea, hay que andar viva, poh, como en todos lados. Y voy así regia estupenda, no voy disfrazada de pobre, pero con la cartera cruzada, controlando.
-Tienen el mote de chicas Almodóvar, un poco adictas al kitsch.
-Sí, en la "prensa especializada" nos ponían que éramos kitsch con la tienda, pero es el Almodóvar que una lleva dentro. En Manuel Montt está empapelado abajo con hule, que también es algo tan chileno y kitsch. Claro que será como la Carmen Maura, porque Penélope Cruz no somos ninguna. LND