
Domingo 21 de enero de 2007
Por G. O. J.
Un escándalo de corrupción, servicios sexuales y viajes de placer, todo con el gentil auspicio de la gigante automotriz Volkswagen, atrapa por estos días la atención de los alemanes. Se trata de un juicio que la Audiencia Provincial de Braunschweig, al norte del país, sigue en contra del ex director de personal de la compañía Peter Hartz, quien admitió haber echado mano a la caja de la empresa durante casi una década para mantener contento al principal dirigente del sindicato, Klaus Volkert, a quien pagó cerca de 2,6 millones de dólares en dinero, bonos y otros "servicios" que no fueron declarados a la compañía.
El ejecutivo, de 65 años, admitió el miércoles su responsabilidad en el escándalo, que estalló a fines de 2005, después de una fiscalización de la oficina de impuestos. A través de su abogado, Hartz relató con lujo de detalles las características de los servicios que pagó a Volkert; todo, según dijo, con la intención de mantener buenas relaciones con quien ejercía como máximo representante de los trabajadores del mayor productor de automóviles de Europa, y garantizar su apoyo a la reestructuración laboral de la compañía. La multinacional con sede en Wolfsburgo cuenta con unos 325 mil empleados y 45 plantas de producción instaladas en 19 países.
Hartz dijo al tribunal que ordenó que se tratara a Volkert con "generosidad" debido a la importancia que tenía en la estructura del consorcio. También reconoció que había "cerrado los ojos frente a posibles abusos", y confesó que había pagado cerca de 520 mil dólares a la amante del dirigente sindical, la modelo y presentadora de televisión brasileña Adryanna Barros.
TURISMO VIP
La historia de Volkert y Barros ya había sido contada el año pasado a la revista "Stern" por un ex empleado de VW, Klaus-Joachim Gebauer, quien se encargaba justamente de establecer los contactos entre la gerencia y el sindicato. Según el funcionario, la pareja viajó a destinos como Praga, París, Barcelona, Lisboa, Sudáfrica, Uruguay, Brasil e India, siempre cargando los gastos a una cuenta bancaria para gastos de representación a nombre de Gebauer, quien se encargaba después de pasarle la factura a Volkswagen.
La modelo, que por ese entonces era conductora de un programa de turismo en Rede TV, también aprovechaba los viajes para pasear por su cuenta, para lo cual recibía de Gebauer un "viático" de entre 12 mil y 18 mil dólares. Además, Barros visitó otros destinos, como Turquía, Chipre y Londres, y disponía de una cuenta corriente para gastos personales a la que trimestralmente se transferían casi 28 mil dólares. Todo, por supuesto, era pagado finalmente por VW.
Gebauer, quien fue despedido de la empresa apenas se conoció el escándalo -junto al directivo de la filial checa Skoda Helmut Schuster- afirmó también que, con la chequera de la compañía, había contratado prostitutas para Hartz y otros cargos de Volkswagen, entre ellos un actual diputado del Partido Socialdemócrata alemán en el Bundestag.
RELACIONES PELIGROSAS
Hartz es amigo del ex Canciller socialdemócrata Gerhard Schröder y fue un estrecho colaborador de su administración, al punto que fue el autor intelectual de la profunda reforma laboral iniciada durante el anterior Gobierno, que incluye medidas como la semana laboral de cuatro días y que lleva precisamente el nombre de "Hartz IV". El miércoles pasado, varias decenas de trabajadores de Volkswagen y desempleados que reciben el subsidio de cesantía ideado por Hartz se congregaron en las afueras del tribunal de Braunschweig para protestar contra el acusado ex funcionario, a quien gritaron "sinvergüenza" y "traidor de los trabajadores".
En su defensa, Hartz dijo que el caso puso de manifiesto los problemas de las cómodas relaciones entre trabajadores y empresas en Alemania, cristalizadas en el sistema "mitbestimmung" o de cogestión, que él mismo impulsó y del cual VW era considerado un caso ejemplar.
La semana anterior, la fiscalía había llegado a un acuerdo con el ejecutivo para retirar los cargos que lo acusaban de gastarse 500 mil dólares de la compañía en fiestas sexuales, para así poder concentrarse en los otros delitos que se le imputan.
Con todo, y pese a que los cargos que siguen en pie incluyen 44 casos de malversación de fondos y de favorecer ilegalmente a dirigentes sindicales, lo más probable es que Hartz no vaya a la cárcel. Gracias a su confesión y a la colaboración que ha prestado en el juicio, probablemente será condenado sólo a dos años de libertad condicional y al pago de una multa. LND