
Domingo 21 de enero de 2007
Por Gonzalo León
Fotos: Álvaro Hoppe y Esteban Garay (SAL)
Son las 11:37 de la mañana y Pina Bausch ingresa al auditórium del Centro de Extensión de la Universidad Católica. El público que ha colmado el lugar se pone de pie y la aplaude hasta que llega a la testera. La imagen que me viene a la mente es la de Jesucristo entrando a Jerusalén. Los aplausos continúan, pese a que Pina ya se ha sentado.
-¡Pucha! No sé qué hacer -exclama una bailarina que, como tantas, no sabe dónde sentarse. Indico la silla a mi lado, pero ella, asqueada, retrocede y se instala en las escalinatas de la entrada.
Verónica García Huidobro, directora de la Escuela de Teatro UC, empieza la ceremonia, acercándose a un micrófono.
-En nombre de la blablablá -dice- Es un honor blablablá.
Ahora es el turno de Jaime Donoso, decano de la Facultad de Artes UC, quien entregará una medalla a Pina Bausch. Cuando Álvaro Hoppe sube a la testera para tomar una foto, Verónica lo reconviene, advirtiéndole que no puede usar flash. Después, Carmen Romero, la directora del Festival de Teatro Santiago a Mil y esposa del actor Francisco Reyes, aparece en escena vestida de lila y unos extraños zapatitos negros. Parece sacada de un cuento infantil.
-Pina hablará a través de su traductora -precisa.
Me viene a la mente el último libro del poeta chileno Ronald Kay, marido de Pina, que curiosamente es una traducción: "Propercio". Imagino entonces que él podría traducirla, pero, como dice, "mejor mantener aguas separadas".
Malita para hablar
Pina advierte que no es muy buena para hablar. Pese a ello, se larga con un speach que la traductora debe detener con un ligero golpecito en el brazo. Pina sonríe, el público también. La traductora hace su pega:
-Hay una diferencia entre estar en una escuela de danza y estar en una escuela donde existe acceso a otras escuelas de arte.
Al parecer, así se explica el surgimiento de la danza-teatro, que Pina Bausch patentó en todo el mundo, y así también el nacimiento de su compañía: Wuppertal Tanztheater.
-Yo la vi bailar en 1980 -dice una bailarina iquiqueña desde el público, lo que me hace pensar que todo el mundo de la danza la vio danzar ese año-. Mi consulta es cómo lograr que los maestros lleguen a regiones.
Augusto Góngora escuchará la respuesta como niño aplicado: con las manos atrás y la barbilla hacia delante.
-En mis inicios, era joven, era mujer, aunque yo no tenía problemas con eso -contesta Pina.
Risas en el estudio.
-Yo nunca había querido estar en un teatro grande -aclara-, porque temía a la rutina que eso podía traer. Afortunadamente, la compañía comenzó a recibir invitaciones de todos lados, justo cuando muchos bailarines se preguntaban hacia dónde íbamos.
Hoppe es abordado por una persona de prensa de Santiago a Mil.
-¿Usted de dónde es?
-De ninguna parte -responde Hoppe.
-Los de Neverland no pueden sacar fotos.
Ramón López, del Teatro UC, pregunta cómo se aborda el diseño en las obras de la Wuppertal Tanztheatre. Seria, Pina explica que, cuando comienzan una obra, no existe plan, ni script, ni nada.
-Por eso he optado por trabajar haciendo preguntas a los bailarines, y todo se anota y se graba. El diseñador, el escenógrafo y el músico no intervienen en esta parte, aunque desde luego pueden mirar.
Esta explicación da pie para que el público, luego de 45 minutos, consulte a los bailarines sobre aquellas preguntas. Finalmente, una estudiante de pedagogía en danza de la Universidad Bolivariana dice si es apropiada la enseñanza de la danza-teatro a los niños, y se genera una micropolémica entre los bailarines. Aunque todos coinciden en no saber lo que es danza-teatro.
Ronald & Carmen
Está a punto de finalizar la conferencia de Pina Bausch y, por primera vez, observo a Ronald Kay, el autor de ese magnífico ensayo llamado "Circuito cerrado", en donde habla de jazz y de tango. A Ronald no lo veía desde hace un año y medio, cuando lo entrevisté a la entrada de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile, donde antes estaba el Instituto de Estudios Humanísticos, su lugar de trabajo al momento de conocer a Pina. La conferencia termina y me acerco a él.
-Disculpa, te vi, te vi, pero con tanta cosa no pude saludarte -dice con la gentileza de siempre.
Hoppe le pide una foto, pero Ronald quiere saber dónde está Pina. Miro para todos lados y no la diviso. Un día después, Ronald me contará que está acostumbrado al entusiasmo de la gente, pero en países con mayor cultura y tradición por la danza, como Francia, por ejemplo. "Con Pina siempre es así", concluirá en la casa del embajador de Alemania, y enseguida dirá que no da entrevistas.
Ronald divisa por fin a Pina y se despide, avisándome que estará una semana más en Chile. Luego de irse, Carmen Romero se acerca a mí.
-Como sabrás, la exclusividad de este evento la tiene "El Mercurio".
No sé cómo se puede prometer exclusividad en un acto público.
-Así es que no podrás publicar nada en una semana No, mejor en tres semanas.
Pienso que la señora Romero no se ha tomado su Armonyl.
-Pero para asegurarme llamaré a tu editor, a tu director y a tu mamá.
¡Pobre Pancho Reyes!
La casa del embajador
Son las 7:50 de la tarde del día siguiente al anterior, y en el patio de la casa del embajador de Alemania los mozos toman posición. En esta ocasión no voy con Hoppe, sino con Esteban, a quien le comento que es mi primera vez en suelo alemán.
-No creo en las primeras veces -contesta.
La gente, en su mayoría militares chilenos y extranjeros, es atendida por mozos que han empezado a circular. Curiosamente, nos saltan, pese a que contamos con invitación. Así es que nada de cervezas Escudo, nada de pisco sour, nada de juguitos, ni menos comida. Al parecer, en estas recepciones, si te ven con cámara, simplemente no existes, y eso rige también para quien acompaña al de la cámara, o sea yo.
Como están llegando civiles, me acerco a una pareja para escuchar lo que conversan. Imagino la paz en Medio Oriente, las declaraciones de Chávez o el cambio de mando en Ecuador.
-¿Y cuál es tu nombre?
-Gonzalo Biggs, y soy abogado.
Rápidamente enfilo hacia donde está Joan Jara, quien se ve igual de sola que yo. Pero no puedo hablar con ella, ya que acaba de arribar Pina Bausch acompañada por Ronald Kay y sus bailarines. Pasada la conmoción, vuelvo a la carga con Joan y le consulto por la actitud de los chilenos hacia Pina.
-Eso es muy típico de Chile. A los extranjeros se les ve como conquistadores. Ahora, aparte de eso, Pina es bien importante para Chile, porque sin quererlo ha ejercido influencia entre los jóvenes. Lamentablemente no he podido hablar con ella.
Me distraigo al observar a Mary Rose Mac Gill de Jarpa conversando con un par de rubias teñidas vestidas de blanco.
Skármeta y los 50 mil euros
El embajador acabó su discurso de homenaje a Pina Bausch, y ahora el ambiente está más distendido. Esta distensión o relajo me hace abordar a Antonio Skármeta para consultarle si conoció a Pina y a Ronald en Alemania.
-Estoy maraqueando de lo lindo -dice cuando su pulso se desestabiliza y casi bota su trago. Luego se seca y prosigue-: No. Es primera vez que saludo a Pina. A Ronald desde luego que lo conozco: él es un poeta muy imaginativo, que cumplió un rol muy significante entre muchos intelectuales para buscar y encontrar lenguajes nuevos, distintos. Pero creo que no lo veía hace 15 años.
-¿A qué atribuyes el alboroto que se ha desatado por la presencia de Pina?
-Momento. La compañía de Pina Bausch, en lenguaje tenístico, es top ten en el mundo. Además, hay una cosa muy bonita con el espectáculo que montó en el Teatro Municipal. El arte alemán es muy dramático, pero lo que ella mostró fue muy alegre. Disculpa, ¿pero a qué medio perteneces?
Quiero decirle que no "pertenezco" a ningún medio, porque pertenecer es como poseer, pero en vez de eso respondo lo obvio. Skármeta, serio, repone:
-Suelo comprar La Nación Domingo.
Una periodista de la embajada me interrumpe para contarme que el Gobierno alemán se puso con 50 mil euros para traer a Pina Bausch.
-Si piensas que el presupuesto del Goethe son 36 mil euros anuales, te darás cuenta de la magnitud del esfuerzo -puntualiza.
Observo mi celular y me doy cuenta que pronto pasarán los ratones con la calabaza, que me llevarán al Cine Alameda a ver el documental "María Maluenda", de Francisco Casas y Yura Labarca.
-Adiós. LND