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La contagiosa depresión de Allamand

Andrés Allamand se veía inquieto y con la típica actitud de adulto soberbio. Se sacaba y se ponía los lentes, se sonreía cuando podía, no evidenciaba ninguna temperatura incómoda con esos 80 kilos. De camisa a cuadros y pantalón tipo Dockers, se mostraba poco tierno y simpático a la fuerza. ¿Qué le estará pasando a este hombre?, me pregunto. ¿Con quién se estará juntando que está más pesaíto que nunca? Si es así a los 50, ya lo veo a los 70 como un insoportable solitario.

Domingo 21 de enero de 2007

Lo presentan como "antiguo intelectual", pero él no se comporta como tal. Estuvo en el Club Hípico junto a los intelectuales del CEP y de Expansiva, que esta vez decidieron bajar al barrio de Blanco Encalada para pensar el Chile que viene. Digo bajar porque antes este tipo de encuentros se hacían en Valle Nevado, pero ahora pareciera que este think tank está más conectado con la tierra que con el cielo. Estaban Jorge Marshall, Dante Contreras, Harald Beyer, Mario Waissbluth, Claudio Orrego, Carolina Tohá y el intelectual, entre otros pensadores. Era un salón pequeño pero con una vista preciosa que mostraba a los caballitos que entrenaban en el Club Hípico sin saber, por supuesto, que en sus latitudes se evaluaban las apuestas de un futuro negativo para cualquier chileno. Qué ganas de ser un caballo, pienso, mientras los comparo con estos personajes de la elite criolla tan descarnados que no apuestan a ganador ni porque les soplan un dato.

Me van a creer que cada uno de los expositores mostró un panorama que sólo me motivó al suicidio, al exilio, a la anorexia nerviosa y a la prohibición absoluta de tener hijos. Es más, después de escucharlos una mañana completa creo que esta será la última columna que escribiré. Me dejaron mal, si hasta se dijo que necesitábamos quimioterapia. Que falta de respeto.

Chile, según CEP-Expansiva, es un caos total, una fatalidad anárquica donde la salud no responde, donde la educación es una papa caliente que no resiste análisis de ningún tipo, y del funcionamiento del Estado ni hablar, ahí el intelectual se fue con todo.

Miraba a este grupo y me imaginaba las caras que deben poner cuando trabajan los resultados de sus encuestas, deben sufrir mucho, sí pues; porque, ¿quién lo pasa bien preguntándole a la gente por tal o cual personaje público? Y peor, construir esas frases horribles como: "Si la elección fuera este domingo usted votaría por...". Ahora, me encantaría alguna vez responder esas preguntas, porque nunca me han encuestado; tres décadas viviendo en Chile y no he respondido nunca nada, ni siquiera a perdedor.

En fin, puedo contar que este encuentro en términos de organización funcionó bien, hasta podrían gobernar los expansivos; sólo puedo decir que poco serio fue que el señor Salvador Valdés no expusiera sobre el tema que tenía programado, debía hacerlo de la donación de personas jurídicas a la política y habló de gastos reservados y de los problemas económicos de los planes de empleo de la V Región, entre otros números también depresivos. Poco serio me pareció también que María Olivia Recart no llegara y que el alcalde Claudio Orrego también se subiera por el chorro y hablara de lo que le salía de la guata. Que en Peñalolén, por ejemplo, el 87% de los empleados de la planta de la municipalidad tienen, con suerte, cuarto medio. Y que él, el pobre cabro, está lleno de techos para Chile, a puro voluntariado sacando adelante su gestión. ¡Pobrecito!

En esta vorágine de críticas, el antiguo intelectual, Andrés Allamand esperaba su turno para sumarse a la inmolación. Le pasaron micrófono y, tate, largó todo no más. Fue sin duda el más depresivo de todos. Se veía inquieto y con la típica actitud de adulto soberbio. Se sacaba y se ponía los lentes, se sonreía cuando podía, no evidenciaba ninguna temperatura incómoda con esos 80 kilos. De camisa a cuadros y pantalón tipo Dockers, se mostraba como siempre: poco tierno y simpático a la fuerza.

¿Qué le estará pasando a este hombre?, me pregunto. ¿Con quién se estará juntando que está más pesaíto que nunca? Si es así a los 50, ya lo veo a los 70 como un insoportable solitario. Pesado este chico, o será la nueva novia que lo tiene histérico. Marcela Cubillos, la nueva compañera de este ser intelectual, de seguro le debe sacar los choros del canasto hasta con el tema de la píldora. ¿Hablarán de esas cosas?. Cu-rio-sa esta pareja.

La lengua de Allamand no dudó en decir que el acuerdo de modernización de 2003 que se sustentaba en la profesionalización del Estado y financiamiento de la política se desvirtuó radicalmente por culpa del ex Presidente Ricardo Lagos. "Dejémonos de leseras, es grotesco el proceso de nominación de los cargos públicos", enfatizó enojado. "El cuoteo político es inaceptable porque desvirtúa la parte ética del acuerdo", agregó, y más enojado dijo que "no hay quien lidere la modernización" y que, por Dios, "¡no tenemos contralor hace nueve meses!".

Carolina Tohá, única fémina invitada en el panel, explicó que los malos resultados de temas de educación provocan justamente la discordia ideológica, los prejuicios y los dilemas. Tohá, como siempre, no se trapicó en hablar, dijo rápido y claro cada una de sus frases. Fuerte lo de esta mujer, también un poquitito histérica, pero eso da lo mismo, ella se planta y pronuncia su discurso con voz fuerte disimulando cualquier cuota de nerviosismo. Y Benito Baranda habló desde su pará 4x4: en el terreno mismo de la pobreza. Así explicó que salud y vivienda son estamentos donde hay avances, pero es en la educación donde se ve una anarquía: "Es insólito, aquellos que han sacado doctorados afuera no son capaces de presentar un modelo", dijo como enojado, pero con cara de sueño y resignado. El CEP lo escuchó.

Antonio Infante, ex subsecretario de Salud, pidió la palabra para decir que a la reforma de salud hay que darle tiempo, y que a su juicio es necesario analizar temas de gestión, como la regulación del consumo de sal, grasa y alcohol, además, por supuesto, de fiscalizar la profesión médica, "porque en pocos años vamos a andar a patadas con los médicos". María Elena Wood, quien enfrenta un cáncer de verdad y no como toda esta tropa de gallos que hablan de quimioterapia sin padecerla, opinó que lo que ella ve es "una inmensa cantidad de tareas que tenemos por delante, y si no nos ponemos de acuerdo en las bases de la institucionalidad no vamos a poder resolver los problemas sociales". Todo esto pasaba mientras el mismo día en la noche Iván Zamorano celebraba su cumpleaños número 40 en el Kmasú. Pienso en las pechugas al aire de su esposa, en Bam-Bam tomándose unos traguitos, en la fiesta, en el disfrute eterno... Claramente, el Chile de los expansivos no alcanza a tocar al Chile real. Así es como nos va. LND

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