Patricia Guerra y la frustrada experiencia que la dejó con un gran susto y varias fracturas
Recuperándose todavía, la deportista azteca relató a La Nación su peligrosa performance en las gélidas aguas australes, un desafío con el que más allá del logro deportivo buscaba reunir alimentos para niños de escasos recursos en su país.
Jorge Rizik
El Estrecho de Magallanes se ha transformado en parada habitual de los nadadores de aguas abiertas, desafío en el que no sólo se enfrenta a las turbulentas aguas, si no también al frío, el viento y el cansancio. Y en período estival muchos deportistas del mundo aprovechan el aumento de la temperatura de las aguas (entre 3 y 4 grados) para hacer la travesía, como ocurrió con Patricia Guerra, destacada nadadora mexicana que entre otros logros fue la primera mujer de su país en cruzar el Canal de la Mancha.
El objetivo era pasar de Isla Delgada a Punta Arenas, en el extremo más austral del continente, donde se une el Océano Pacífico con el Atlántico, travesía que no era sólo un desafío personal, ya que con la fundación que lleva su nombre y bajo el lema “Una brazada, una sonrisa”, intentaba reunir alimentos para los niños de escasos recursos en su país. Varias empresas harían donaciones por cada brazada que realizara en el cruce y ella calculaba que ocho mil eran la meta.
El viaje lo planificó por más de un año y su equipo analizó cada detalle. “Hicimos un proceso de aclimatación en el nevado de Toluca, donde mi entrenador, Jorge Villegas, combinó el proceso de aclimatación con la parte física”, cuenta y agrega que antes de viajar a Chile “tuve que subir de peso porque la grasa, que es el aislante natural del cuerpo, sería mi protección durante la travesía por el frío”.
Apenas llegó a Punta Arenas se contactó con la Armada de Chile, encargada de autorizar a quienes intentan cruzar el Estrecho, para conocer las condiciones del océano. Las fechas tentativas eran 10, 11 ó 12 de enero, pero la Armada le informó de la presencia de tormentas y que sólo existiría una ventana, el día 10. “Decidimos salir, pero dijeron que era nuestra responsabilidad, porque ellos no recomendaban nadar con vientos sobre 20 nudos y había como 40”.
El 10 en la tarde comenzó la aventura para recorrer los cuatro kilómetros que separan al continente del archipiélago. Para que no correr riesgos en aguas tan frías fue monitoreada en todo momento, pero como dicen quienes han cruzado el Estrecho, éste el que decide el destino de cada atleta.
“Las olas pasaban de izquierda a derecha y las venía midiendo. De repente una ola me paso por arriba, luego por abajo y me volteó, ahí sentí que algo tronó en mi cadera. Ya no pude mover las piernas en ese momento, la lancha estaba lejos y cuando la pude ver comencé a nadar hacia ella. Estaba como a un kilómetro de la playa”.
Inmediatamente fue atendida en Punta Arenas y el resultado fue fracturas en la tercera y cuarta vértebra lumbar, además otras en la cadera y la pelvis. “Cero posibilidad de intentarlo en este tiempo porque debía reposar al menos 30 días”, cuenta y agrega que “cuando haces una buena preparación y estás lista para enfrentar un reto y no fallas, sino que es la naturaleza la que te impide conseguir tu objetivo, te replanteas todo”.
Por ahora, Patricia se dedicará a recuperarse y pensar si tiene las ganas de volver e intentarlo de nuevo. LN