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Réquiem por un sueño

"Valor para seguir tocando" se llama la nueva producción de Ricardo Carrasco, quien se sumerge en la génesis de uno de los proyectos educativos más igualitarios del país. Una historia que envuelve a más de diez mil niños y un camino regado de metralla, sangre y partitura, desde donde emerge la figura del primer mártir y maestro silenciado por la dictadura.

Domingo 11 de febrero de 2007

Julio Saavedra Espinoza

Entre a Google y ponga "comprar violín". La lista es amplia y en la oferta de usados, los más baratos van desde los 30 mil pesos hasta un ¾ Chupin por 100 mil pesos. La cifra no es inalcanzable, pero sí excluyente en un país donde el sueldo mínimo es la suma de los dos instrumentos.

Luis Peña nada tiene que ver con la postal de la orquesta engominada bajo lámparas de lágrimas. Peña nació y creció en Curanilahue, específicamente en el Cerro Verde, atrás de la Iglesia Evangélica que toda su familia visita. Tiene doce años, es rubio, delgado y dientón. Y en su calidad de primer violín de la Orquesta Bicentenario de Curanilahue -fundada hace cuatro años- ganó el concurso "Los niños solistas de Chile", sacando boletos para tocar como primer concertino en la orquesta de la Universidad de Chile. "A mi colegio llegó una noticia de invitación, yo no sabía nada de música clásica, sólo cuando estudié le agarré el gusto. He tenido un gran cambio, me ha ayudado mucho en los estudios y me abrió la mente, pero cuando no están los recursos para comprar un violín hay que aguantarse".

A los setenta niños de la orquesta de Luis, se suman más de doscientas orquestas juveniles a lo largo del país, con la participación de 10 mil jóvenes y niños que tocan en más de 1.500 conciertos anuales. Lo de Luis Peña no es un caso aislado. Por el contrario, su historia es sólo una de las que explora Ricardo Carrasco, director de la película "Negocio redondo", en su nueva producción: "Valor para seguir tocando". "Queríamos ver cómo se daba este fenómeno musical que uno asocia a la clase alta, porque te tienes que pagar el Conservatorio desde chico a los cinco años. La realidad debilita ese mito", dice Carrasco.

El documental nació como un video institucional para la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles y actualmente está en etapa de montaje. El trabajo audiovisual que está en la mira de TVN, se va a estrenar en la Cineteca Nacional a fines de marzo y se exhibirá para cientos de colegios por Novasur, canal de televisión educativo gestionado por el Consejo Nacional de Televisión.

"Valor para seguir tocando" es un recorrido por todo el país en busca de las diferentes orquestas infantiles de Chile, introduciéndose en pueblos y comunas cuyos nombres evocan más a física cuántica o dadaísmo que a música clásica. "Conocimos la orquesta Chiu Chiu, la primera orquesta de niños aymaras, la orquesta de Rapa Nui, la de Curanilahue con la cosa Mapuche, los huilliches en Chiloé, y en Santiago grabamos en Huechuraba y en Maipú", dice Carrasco. Pero la película además explica el "big bang" del fenómeno: la voluntad del músico Jorge Peña Hen, personaje que según aprecia el realizador, fácilmente podríamos ubicar al lado de Víctor Jara o Violeta Parra y que "debería estar en la historia de Chile". A usted, ¿le suena?

SILENCIO ETERNO

Hace años que la ciencia descartó la teoría de la generación espontánea. Doscientas bandas de niños sin recursos no salieron de la nada. A principios de la década de los noventa, no sólo nace y muere el grunge, cae el Muro de Berlín y casi se ahoga el mago Oli, sino que se inicia un programa de la División de Cultura del Ministerio de Educación que en el año 2001 se transformaría en la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles. Chile pasa de tener 9 orquestas en 1991 al par de centenas de hoy.

Pero la partitura de esta historia comienza décadas antes, y su pentagrama está manchado con la sangre del primer mártir de las orquestas juveniles. En medio del golpe de estado, la "caza de brujas" criolla terminó con la vida de Jorge Peña Hen, maestro que en los sesenta creó la primera orquesta infantil de Sudamérica.

La historia es la siguiente: durante un viaje de Peña Hen a Cuba con esa orquesta, en Chile los militares bombardeaban La Moneda dando inicio a una de las más cruentas dictaduras de Latinoamérica. Peña Hen recibe la noticia en la Isla y decide volver a Chile sin sus alumnos, pero con cajas de instrumentos. Carga que a su entrada al país por La Serena, sería señalada por llamados anónimos como receptáculo de armas. Peña Hein fue arrestado y permaneció detenido por una veintena de días. Hasta que el 16 de octubre de 1973 la vida de Peña Hein llegaba a su último compás, cerrándose con el sonido de los balazos de su fusilamiento dirigido por la caravana de la muerte. El director había sido vinculado al "Plan Zeta". El silencio era la única opción.

LLAVE DE SOL

"La Serena, gracias a Jorge Peña, fue el primer lugar en Chile y Sudamérica donde existió un movimiento musical con una estructura coherente", parte relatando Guillermo Millas, primer oboe de la Orquesta Sinfónica de Chile y uno de los niños que viajó a Cuba con Peña Hen, huérfano eterno del director. "Él llevo la enseñanza de instrumentos a las escuelas públicas. Creó la primera ópera de niños. Además tenía un pequeño taller de luthería donde se construían violines. Viajamos por Chile, nos presentamos en el Teatro Municipal y tocamos en el casino de Viña Del Mar y en Concepción; hicimos giras internacionales, tocamos en Perú... en Buenos Aires hasta se grabó para la televisión. En enero del '73 fuimos a Cuba. Cuando se produce el golpe, llega una acusación anónima al regimiento donde se dice que Jorge Peña participa de prácticas terroristas y que estaba dentro del 'Plan Zeta', que yo no sé si existió", se lamenta Millas.

"Esa escuela (la de La Serena), que empezó como gratuita, hoy es pagada, y con aranceles altos, de elite, con muy buenos resultados, pero sin la esencia social. Peña Hen no quería formar miles de músicos para miles de orquestas que no existían y que no van a existir. La idea era formar gente que tuviese un afecto hacia la música", cuenta Guillermo, mientras atrás suena William Walton en la viola de Jorge Cortés, hijo de Carlos Cortés, el primer contrabajista de esa mini orquesta que en Cuba esperó al profesor que los había incubado pero que dejó la sinfonía de sus vidas trunca.

Carrasco vio estas historias y su lente ya las recogió. No sólo realiza una revisión de casos, sino que se pone la camiseta y mete las patas al barro para retratar una realidad sin plata pero con una oportunidad de realización colectiva a través de la música. "Nos dimos cuenta que los niños sufren un cambio súper grande, porque los ayuda a concentrarse, mejoran sus estudios, y salen del riesgo social de la droga (...) me llamó la atención cómo se producía un cambio dentro de las familias, cuando un niño de un sector popular entra a este circuito, no sólo cambia él, sino que también su familia, su entorno, sus vecinos. Por ejemplo, un niño de Huechuraba que ensayaba chelo, dejó de tocar y la vecina le preguntó a la mamá 'oiga ¿y su niño no va a tocar más esa música tan bonita?'".

Si bien las orquestas pierden su espíritu durante la dictadura, "Valor para seguir tocando" explica cómo recuperan su actual vigor desde la década de los noventa, gracias a Fernando Rosas y los ex alumnos de Peña Hen, José Urquieta, coordinador de las orquestas Juveniles e infantiles en La Serena, y Américo Giusti, fundador de la orquesta de Curanilahue, donde nuestro Luis Peña, es el primer concertino. Su melodía se entona desde Curanilahue, en las alturas del Cerro Verde, con notas que -sin palabras- portan la historia del maestro que hace cuatro décadas cambió su vida y la de miles. LCD

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