
Domingo 4 de marzo de 2007
Por Manuel Castells
(La Vanguardia)
Por si acaso tiene usted más de 30 años, permítame primero explicarle lo que es YouTube. Se trata de un sitio en Internet al que todo el mundo puede acceder gratis y en el que cualquiera puede colgar sus videos para que todo el mundo pueda verlos. Naturalmente, gratis también. Usted produce su propio video, ya sea de forma enteramente original o mezclando material audiovisual preexistente para crear un nuevo video.
Hace unos meses había que colgar el video enviándolo a la dirección de Internet correspondiente (YouTube.com). Ahora ya existe tecnología que permite conectar directamente la cámara de filmación (que puede ser su móvil) al sitio de YouTube. Diariamente se cuelgan más de 74 mil nuevos videos y se pueden visualizar unos 110 millones de todo el mundo. En enero de 2006 tenía una audiencia de unos cinco millones de personas, un año después supera los 40 millones.
Los videos de mayor impacto llegan a ser vistos por decenas de millones de personas y muchos alcanzan audiencias de centenares de miles. Uno de los más recientes videos, "Free Hugs", fue visto por 10 millones. Es decir, que de promedio la audiencia de bastantes de los videos difundidos en YouTube supera con mucho la de cualquier programa de televisión del país que sea.
La intimidad en la red
Los videos suelen ser cortos y de calidades muy distintas, y van desde los exhibicionistas (yo haciendo jogging) a los que hacen pinitos cinematográficos. El caso más celebre es el de Lonelygirl15, que se presentaba como una joven estadounidense de 15 años sola en su habitación, contando sus confidencias sobre las relaciones con sus padres y con su novio (nada de porno). Tres sesiones semanales de unos minutos, seguidas por cientos de miles de cibernautas, muchos de los cuales intercambiaban correos electrónicos con Bree, la chica solitaria.
En septiembre pasado se descubrió que era una ficción creada por dos jóvenes guionistas de Los Ángeles y representada por una actriz de 19 años. Pese a saber la verdad, a mucha gente no le importó, y continuaron siguiendo las aventuras de Bree y correspondiendo con ella. Es decir, se convirtió en una serie de televisión por Internet.
En principio, YouTube no admite material cuya propiedad intelectual esté registrada, pero no hay control sobre lo que la gente envía y sólo se reacciona si alguna empresa protesta. Y aun así, como los videoclips son generalmente cortos, suelen poder ampararse bajo la cláusula de "uso de buena fe", que permite utilizar creaciones para darles nuevo sentido en otra creación. Hay riesgos de porno y otro material ofensivo, pero la propia comunidad reacciona denunciándolo y se retiran de inmediato.
YouTube, como tantas otras innovaciones digitales, fue un invento de dos jóvenes, Steve Chen y Chad Hurley, en un garaje en Silicon Valley en mayo de 2005. En septiembre de 2006, Google compró YouTube por 1.650 millones de dólares, a pesar de que sus ganancias provienen de la publicidad y de que todavía no está bien definido el modelo de negocio de dicha publicidad. Porque no se puede interferir con los videos que la gente envía insertando publicidad en ellos: la gente dejaría de enviarlos. Además, una buena parte de los videos provienen de las páginas personales en otros sitios de Internet, como MySpace, y por tanto no pueden ser apropiados por los clientes de YouTube.
Aun así, Google apostó por la transformación en curso de la industria publicitaria, que está perdiendo su principal base de negocio: la televisión generalista en abierto. Aunque la publicidad en Internet es todavía pequeña comparada con la de televisión, Google obtuvo en 2005 más de nueve mil millones de dólares en publicidad, comparado con casi 70 mil millones de la publicidad en televisión en Estados Unidos. Pero la tendencia es clara: en todo el mundo las nuevas generaciones emigran de la televisión generalista a Internet, y las televisiones especializadas ganan terreno a los canales tradicionales. Como además se difunden los aparatos que permiten grabar la televisión suprimiendo los anuncios, se está prefigurando una revolución en la industria publicitaria, sustento último de la televisión.
El atractivo esencial de YouTube y otros espacios similares en Internet es que permiten a la gente crear su propio contenido. La utopía de convertirnos todos en protagonistas de cine y televisión está a nuestro alcance. Y, por otro lado, nuestra audiencia puede interactuar con nosotros por correo electrónico, con lo cual se pueden ir modificando las emisiones en función de los comentarios recibidos en tiempo real.
Podemos evaluar los videos y situarlos en primer plano o relegarlos al olvido en el ciberespacio. Claro que hay millones de videos aburridos o insignificantes. Pero con más de 100 millones de videos en difusión hay una alta probabilidad de encontrar algo que nos interese. Por eso los estudios de cine y televisión y las empresas de música están colgando videoclips gratuitos en YouTube como forma publicitaria. Y por eso empresas publicitarias hacen concursos solicitando que la gente produzca videos de anuncio de sus productos. Incluso cuando se encuentran con videos que denuncian los efectos negativos de dichos productos, su mera difusión da publicidad. Es la vieja regla: estar en la tele es más importante que por qué se está.
LOS POLÍTICOS EN VITRINA
YouTube está incluso teniendo efectos políticos. Porque cualquier persona con un móvil provisto de cámara puede grabar fechorías o lapsus de políticos y publicarlos de forma instantánea para una audiencia de millones. Hasta el punto de que los medios de comunicación utilizan con frecuencia imágenes jugosas expuestas en Internet, en particular en YouTube.
La adquisición de YouTube por Google, que sigue a la compra de MySpace por Murdoch, ha hecho temer por el fin de la libre difusión de las imágenes que graba la gente. Pero el riesgo es limitado, porque si los cibernautas se ven coartados emigran a otros espacios y ahí se acaba el principal atractivo que tienen estos espacios para sus propietarios.
MySpace no obtiene ganancias por ahora, pero tiene casi 100 millones de usuarios registrados, lo que constituye una enorme audiencia para la publicidad a condición de no coartarla en sus costumbres y en su autonomía. Con todo, están surgiendo espacios alternativos de relaciones sociales en la red (Esnips, Dogster, VOX, NING y muchos otros) para aquellos que desconfían del control creciente de las grandes empresas sobre los espacios más populares.
De ahí que la posibilidad de crear y difundir un universo audiovisual a partir de proyectos individuales se multiplica. Muchos espacios se especializan. Por ejemplo, Esnips facilita a la gente que se monte sus microportales, dedicados a temas de su interés. Las televisiones especializadas por Internet crecen así exponencialmente. Cuando todo el mundo esperaba que la televisión por Internet sería más o menos lo mismo transmitido de forma distinta, o sea producción masiva con distribución individual mediante el video a la demanda, lo que ocurre es lo contrario: la televisión se produce individualmente y llega a una gran masa de gente a través de la red.
No disponemos de datos fidedignos sobre la utilización de YouTube y otros espacios sociales en Internet, pero observaciones personales indican su rápida difusión, como no podía ser menos.
Hay, por ejemplo, una menor capacidad tecnológica entre los cibernautas españoles que en el norte de Europa o Estados Unidos, aunque esto está cambiando rápidamente entre las nuevas generaciones. Para que el video por la red de redes tenga calidad necesita banda ancha de mayor capacidad que la banda anchita de la que disponemos la mayoría de los usuarios. Y, además, la difusión de banda ancha de cualquier tipo es mucho menor que en Estados Unidos o Suecia, por no hablar del país líder, Corea del Sur.
De ahí que la televisión unidireccional de masa aún tenga algunos años de vida. Pero en la medida en que podamos ir montándonos nuestra propia tele y convertirnos en audiencia los unos de los otros, el Gran Hermano realmente existente, el que puebla nuestros cerebros de contenidos decididos por burócratas y comerciales a través de las glaucas pantallas que presiden nuestros hogares, tendrá que lidiar con la rebelión de las masas audiovisuales.
© (The New York Times Syndicate)