
Martes 6 de marzo de 2007
ANTONIO VALENCIA
El mundo al revés. Si antes el principal culpable de la congestión vehicular santiaguina eran la desorbitada cantidad de micros amarillas, con Transantiago encarando su primer lunes de marzo el protagonista fue el descontrolado parque de automóviles que tolera la capital.
De una semana a otra, Santiago registró un aumento de 17,4% en los flujos en hora punta matinal, cifra que se suma al incremento del 25% registrado la última semana de febrero. Es más, el alza registrada ayer en la congestión supera en un 3,91% al día 9 de noviembre del año pasado, cuando el Transantiago aún no debutaba.
Una de las razones que explican el "considerable" aumento -según comentaron técnicos de la Unidad Operativa de Control Tránsito-, fue la eliminación de la restricción vehicular que durante marzo permite que 40 mil autos sin catalítico puedan circular cada día. Otra razón esgrimida por la autoridad es el natural aumento de la congestión que ocurre año a año en estas fechas. Por lo mismo, los índices fueron considerados "normales".
Sin embargo, el regreso de los tacos atoran al doctor en ingeniería en transporte, Juan Carlos Muñoz, quien critica a las autoridades por no darles prioridad total a los buses y sus usuarios. "Y eso es grave, porque la congestión causada por el parque automotriz aumenta los tiempos de viaje de los usuarios del transporte público que, en consecuencia, entrega un peor servicio al llegar la gente tarde a sus destinos", dice el académico de la PUC.
El experto añade que como tampoco hay "infraestructura suficiente en vías segregadas y exclusivas", y además "el parque creció en 180 mil vehículos en 2006", las repercusiones obvias derivan en buses circulando a menor velocidad. "Los buses lentos no sólo aumentan los tiempos de viaje, sino que además afectan la frecuencia. Si un bus se demora el doble en 'dar la vuelta', entonces se necesitarán el doble de buses para cumplir los objetivos", completó Muñoz, quien de todos modos espera que Transantiago continúe con la sana tendencia a la consolidación que ha mostrado conforme avanzan los días.
No piensa lo mismo David, vespertino usuario de Transantiago que supo de la indeseable congestión. "Con las micros amarillas me demorada media hora para regresar a la casa, y ahora tuve que soportar hora y media, porque el taco era imposible".
Puntos críticos
Sí los usuarios y conductores de automóviles conocieron de cerca la congestión en al menos doce puntos de la ciudad, las molestias con que conviven los pasajeros del transporte público tampoco terminaron. Transantiago anotó ayer cuatro "puntos bajos", por excesiva aglomeración de gente, baja frecuencia de buses y escaso tamaño de las máquinas.
En Escuela Militar, Cantagallo, Vespucio con Príncipe de Gales y en Tobalaba con Bilbao, las empresas operadoras anotaron fallas del sistema, aunque, en palabras del subsecretario de Transportes, Danilo Núñez, la situación mejoró si se miran los líos del inicio del plan.
"Después del 10F había más de veinte puntos críticos y ahora son cuatro", recalcó.
Ministerio 'operador'
Aunque el número y nivel de puntos problemáticos que aún atormenta al Transantiago han disminuido, las medidas para eliminar las persistentes deficiencias que registran algunas empresas operadoras continúan en diversos sentidos. Al margen de los 3.700 millones de pesos cursados en multas desde el inicio del plan, el subsecretario Danilo Núñez precisó que otras medidas están en marcha: otros 60 ajustes de recorridos y el trabajo de personal del ministerio en operadoras con deficiente gestión de flotas.
Ayer debutaron veinte recorridos - modificados o nuevos-, gatillados por el expreso reclamo de municipios y vecinos, modificaciones que se suman a otras diez efectuadas la semana pasada. "En total, de noventa solicitudes de ajustes, evacuamos treinta y nos quedan sesenta, que iremos haciendo en los próximos días", expresó Núñez.
El subsecretario destacó que la mano dura del Gobierno con las empresas operadoras no sólo se ejercía con fiscalización. También con otro método que la autoridad se niega a calificar de intervención.
"Estamos trabajando encima de las empresas y disponiendo personal nuestro en la gestión de flota y frecuencia", sostuvo Núñez.
La idea, dijo, es "llevar de la mano" a los deficientes operadores y asegurar mejor servicio. Pero fuentes ministeriales precisaron que, si bien, las empresas autorizaron el ingreso del personal técnico a sus recintos privados, en la práctica "no les quedaba otra", pues arriesgaban "tener encima" aún más celosos fiscalizadores cursándoles multas que, por incumplimiento de frecuencia, ascienden a las 200 UF. LN