Hablan Paula Ilabaca y Héctor Hernández, los poetas más bulliciosos del momento
Con la edición de sus últimos libros lanzan su propio aullido. Hernández compara la poesía chilena con el Infierno de Dante y critica a José María Memet, director del encuentro que comienza la próxima semana.
Gonzalo Abrigo
Se conocieron el año 98 en la Escuela de Literatura de la Universidad Católica. Unidos en la decepción por la academia, partieron a los talleres de poesía de Balmaceda 1215 y supieron que la poesía chilena aún vive.
De ahí no pararon de armar recitales y performances, para desordenar el gallinero solemne de la universidad. “Ahí leí a Soledad Fariña, Verónica Zondek, Carmen Berenguer y Diamela Eltit”, explica Paula Ilabaca (27) quien junto a su amigo Héctor Hernández (27), fueron incluidos en las polémicas antologías “Cantares”, “Desencanto general”, y las becas Fundación Pablo Neruda y el Fondo del Libro. A pesar de su viaje en común, hoy cada uno se arriesga con su propia aventura.
POESÍA Y MÚSICA ELECTRÓNICA
“La ciudad lucía” (Editorial Mantra) es el segundo poemario de Ilabaca tras “Completa”. “Yo trato el cliché amoroso, el habla popular del amor de una niña, donde lo masculino está representado por el caos y la ciénaga, y lo femenino es el orden de la ciudad con sus calles y esquema”, aclara la poeta que no soporta que la comparen con Diamela Eltit, y que incluyó un CD con sus textos recitados al son de bases y guitarras electrónicas.
-¿Por qué un disco con tus poemas?
-Hace tiempo trabajé con un DJ y él hizo un tema con uno de mis poemas. Cuando postulé a la beca del Fondo del Libro, el proyecto contemplaba el disco y el libro. Los músicos leyeron los textos y luego trabajaron la música para los poemas.
-¿Qué evaluación haces de tu libro?
-Creo que aquí nació mi verdadera voz, con mayor seriedad en el oficio. Ahora estoy tratando de escribir una novela sobre pornografía, se titula “Romantic city”.
LA POESÍA FOME DE LOS ’90
Por su parte, Héctor Hernández es autor de una tetralogía. A su primer poemario “No!”, siguieron “Este libro se llama como el que yo una vez escribí”, “El barro lírico de los mundos interiores más oscuros que la luz” y “Coma” (Editorial Mantra), su último mamotreto de casi 400 páginas, bendecido por Raúl Zurita.
-Hay un verso tuyo que dice que los poetas de los ’90 son fomes.
-Es que son academicistas, crecieron al alero de la Universidad de Chile. Nunca se cuestionaron lo que había sido la dictadura.
-Zambra es parte de esa generación. ¿Qué te pareció “Bonsái”?
-Un montón de cachas heterosexuales de universitarios que leían poesía, más un par de buenos recursos literarios. Es una novela como tantas, pauteada y simplificada por el cine; un libro nada complicado, ideal para que el lector burgués pueda comentarlo en un café de Providencia.
-¿Cómo describirías el paisaje de la poesía chilena?
-Como el Infierno de Dante. Hay seres como José María Memet, que convierten la poesía en un tráfico de influencias horrendo. Luego hay tipos frustrados, como Tomás Harris. Después está la masa de poetas viejos como Francisco Véjar, que les importa un rábano lo que hacen los poetas jóvenes.
-La próxima semana parte ChilePoesía...
-La instancia de ChilePoesía en términos culturales es importante, pero por otro lado convierte la poesía en espectáculo, y a los poetas en íconos falsos. Si es por acercar la poesía a la gente, que se baje el impuesto al libro o se realicen talleres masivos. Pero aquí Memet es el Don Francisco, el dedo del emperador que decide quién estará en este evento o no, y su modo de operar es la propaganda y el turismo cultural. LN