Sebastián Montecino
Es un hecho: el 2008 veremos el regreso a las pantallas de “Futurama”, la serie animada creada por Matt Groening- el mismo de “Los Simpsons”- y que fue inexplicablemente cancelada por la Fox en 2003. Caía de cajón, sobre todo después de que los ejecutivos asistieron al rotundo éxito de ventas de los DVD en todo el mundo.
Con la chispa que ya no tiene la familia de Springfield, esta divertida versión del futuro retrata las aventuras de Philip J. Fry (homenaje a Philip K. Dick), un torpe repartidor de pizza que el 31 de diciembre de 1999 cae accidentalmente a una cámara criogénica para despertar mil años después, cuando se inicia el siglo XXXI. Usando referencias de la ciencia ficción clásica de Asimov, Arthur C. Clark, Frank Herbert y el mismo Dick, Groening construye un mundo lleno de las mismas paradojas y problemas que afectan nuestro tiempo, pero lo hace con la frescura de la predicción irresponsable y sin concesiones.
Notables son por ejemplo las religiones unificadas bajo la Iglesia de la Amalgama o la reversión de un catolicismo espacial regido por un papa lagarto (el Cocodrylus Pontifex). Ni hablar de las especies actualmente en peligro de extinción, como el búho manchado, convertidas en plaga urbana en desmedro de las palomas.
Con personajes tan típicamente “humanos” como el vago, ladrón y alcohólico robot Vender o la solitaria cíclope Turanga Leela, el mundo de “futuraza” no se limita a derribar íconos ambientales o religiosos. es también una amarga proyección de lo que podríamos llegar a ser. Así, la vida humana continúa su cotización a la baja y los personajes del programa no dan mucho valor a la suya, pierden brazos y piernas para ser restituidos con facilidad y tienen la posibilidad de suicidarse por 25 centavos en cabinas similares a las telefónicas.
El mérito del humor de “Futurama” está en el absurdo y en el descaro de sus protagonistas. La burocracia, encarnada en Hermes Conrad, el capitalismo despiadado de la Compañía de Robots de Mamá, o la inutilidad de la ciencia representada por el profesor Hubert Farnsworth son desnudados sin piedad ante un mundo que parece haberlo visto todo y en el que prima la indiferencia hacia el otro. Ni hablar de la política, que bajo el signo de la cabeza enlatada de Richard Nixon, adquiere tintes monstruosos, reduciendo el concepto de democracia a una elección definida por el voto de los robots.
“Futurama” tiene a su disposición todo un universo por explorar y para los que ya nos sabemos los 72 episodios de memoria, la noticia de su regreso nos deja expectantes. Porque la irrupción de este porvenir marcado por esa tragedia cómica que hipnotiza demuestra que el talento de Matt Groening no se ha secado y que sólo está aburrido, como muchos, de “Los Simpsons”.