HOY SE LANZA EN LA UNIVERSIDAD DIEGO PORTALES EL POEMARIO “SANTA ROSA 57”
El libro publicado por Alquimia Ediciones es el resultado del trabajo de taller de diez poetas, en un edificio de la céntrica calle Santa Rosa. Su editor Guido Arroyo apunta sus dardos a los Novísimos: “Acá hay un interés por los textos, no por lo extra poético”. Héctor Hernández responde.
Ximena Ramos W.
Hace dos años que un grupo heterogéneo de jóvenes entre 21 y 34 años (desde abogados, historiadores y estudiantes, hasta un vendedor de repuestos de autos y un corredor de propiedades) se reúne en el sexto piso de un edificio de la calle Santa Rosa número 57. Allí no hablan de decretos ni manifiestos, sino que trabajan en sus obras como artesanos y este viernes, diez de ellos muestran los resultados en “Santa Rosa 57”, un libro de 152 páginas, prologado por la crítica Patricia Espinoza y publicado por Alquimia Ediciones.
En ese sentido, sólo el concepto de “taller” une como grupo literario a Enrique Winter (“Rascacielos”), Ángel Valdebenito (“Papeles de la Villa Hostil”) y Juan Pablo Pereira (“Murria”), entre otros. “No lo hacemos por ser academicistas, sino por ser enfáticos en el trabajo de taller: leer, criticar y corregir. Suena conservador, pero eso se ha descuidado”, explica Pereira.
Discursivamente, nada los liga tampoco. Pero tienen perfectamente claro lo que no quieren ser: “Lo rupturista o underground, esa onda media bukowskiana o que está estigmatizada y no cualquier texto es bueno por ser honesto, lo es cuando se trabaja”, agrega el poeta apuntando sus dardos a los Novísimos, un grupo de poetas chilenos, encabezados por Héctor Hernández (28), que en los últimos años ha tenido preponderancia en la escena de la poesía joven.
“No tragamos su cuento”
Los de Santa Rosa dicen no tener nada en contra de los Novísimos, pero no están de acuerdo con que sean “la única visión” de la nueva poesía. “Los Novísimos creen son ‘la’ generación. Ok, que exista el discurso prefabricado de poesía joven marginal, pero no es el único”, asegura Pereira. “Una sola manera de hacer las cosas me huele a fascismo. Y eso acá no hay”, remata Winter.
“Nos han tratado como ‘los fachos de Santa Rosa’, o de ‘la capillita’. Alguna vez nos sentimos el patito feo de la poesía, pero ya no. Acá hay un interés por los textos, no por lo extra poético”, sostiene el editor Guido Arroyo, para quien esta situación llegó a su fin: “hay quienes ya no nos tragamos su cuento”.
Esta es la primera vez que se da a conocer una muestra grupal alternativa al protagonismo que hasta ahora ha tenido el grupo conformado, entre otros, por Diego Ramírez, Gladys González, Pablo Paredes y obvio, el autor de “Putamadre”, quien proclamó hace unos años su generación basada en la honestidad y la sinceridad.
“Los de Santa Rosa han hecho todo lo posible por autovisibilizarse exagerada y desesperadamente, y les pesa a cada momento”, dice Hernández, aunque reconoce que “la inquina que siento por ellos es personal y no tiene nada que ver con lo literario”.
Si bien “simpatías y antipatías hay en todos lados”, precisa Valdebenito, lo claro es que la discusión se ha instalado y los ánimos están candentes ante una producción que se manifiesta, según Pereira, “como necesidad de romper la mirada provinciana del poeta de izquierda, malo, borracho. Quizás nosotros seamos los under. Da igual: al final los textos se defienden solos”.