Este mes se presenta “Los Sauces de Colina”
Internado durante tres meses y medio en un centro de rehabilitación por sus problemas con el alcohol, el periodista vivió y sufrió junto a empresarios y mendigos que trataban de escapar de su adicción. Su nuevo texto es una viaje al fondo de la botella.
Gabriel Bahamondes
Durante el año 2006, el periodista André Jouffe recibió la noticia de que sería padre nuevamente. Pese a expresar una alegría relativa, la confusión se apoderó de su mente, sumiéndolo en el alcohol. Tras un tiempo de beber junto a mendigos y alcohólicos empedernidos en bares de mala muerte, dos de sus hijos lo internaron en un centro de rehabilitación en Colina. Mediante un libro editado y distribuido por Conace (Consejo Nacional para el Control de Estupefacientes) gratuitamente a lo largo del país, Jouffe narra su experiencia a fondo en el mundo de las adicciones.
“Yo siempre he sido bueno para el trago, siempre. Desde cuando tenía 20 años y me juntaba con Raúl Ruiz, en una mezcla de periodismo y bohemia. Tomábamos más de la cuenta, pero no pasábamos por alcohólicos. Pero después con los años, cuando te baja la angustia, los médicos comienzan a recetarte pastillas como ravotril. Esa mezcla fue bastante nefasta para mi cabeza”, cuenta André Jouffe.
LA DURA
El libro “Los sauces de Colina” narra las experiencias del periodista al interior de un centro de rehabilitación de adicciones junto a drogadictos y alcohólicos entre los meses de septiembre de 2006 y enero de 2007. “Llegó un momento en que comencé a perder el norte. No te puedes imaginar donde me iba. Ingerí los pipeños más horribles del mundo a las 9 de la mañana en lugares donde llegaban mendigos que dormían en las canaletas, en la calle. Mis hijos me hicieron abrir los ojos y me interné. Este libro relata lo que viví y observé durante estos complejos tres meses y medio”, señala.
En su texto, Jouffe aborda temas como la reincidencia, la soledad y las duras reuniones familiares que en muchos casos, atormentan a los internos. “En algunas comunidades el interno es enfrentado a la familia o entorno al cabo de quince o veinte días. Este encuentro es traumático. Los adictos sufren lo indecible pues es la oportunidad en que sus parientes, parejas y/o amigos cercanos le cantan la firme. Una semana antes, la persona comienza a transmitir cosas como éstas: ‘Qué me dirán. ¿Irá a venir mi mami?’”, cuenta Jouffe en “Los sauces de Colina”.
El periodista convivió junto a individuos de diferentes estratos socioeconómicos. Desde empresarios hasta individuos que vivían en la calle. Todos juntos por un mismo fin: solucionar sus problemas con las drogas o el alcohol. “Estuve con personas que robaban, que habían acuchillado gente. Hay individuos enviados por Conace y otros que pagan en forma privada como mi caso y una serie de empresarios. Había una persona que hasta llegó en helicóptero, imagínate. La idea ahí adentro es volver a tus orígenes. Tienes que limpiar baños, hacer aseo, recuperar los hábitos de lavarte, asearte y cumplir horarios. Y no tienes contacto con el mundo externo para que puedas pensar en lo que has hecho”.