LA IGLESIA CATÓLICA IZQUIERDIZA LA AGENDA DEL PAÍS
El impacto mediático de la propuesta de monseñor Alejandro Goic de establecer un salario justo dejó tiritando a empresarios y a la derecha. Pero a él le resbalan las críticas. Su objetivo está semicumplido. La discusión se armó. Ahora falta mejorar las condiciones laborales de los más pobres. De lo contrario, advierte, “el clima podría ser más complejo”.
-Vivir con el sueldo mínimo
Equipo La Nación Domingo
Esta semana el obispo de Rancagua y presidente de la Conferencia Episcopal, Monseñor Alejandro Goic, no se puede quejar. Acaparó decenas de notas en la prensa y su llamado a los empresarios a pagar un “sueldo ético” resituó el debate de una mejor redistribución del ingreso en el país. Discusión que había estado dormida en la década del ’90 y que hoy, cuando las cifras de desempleo bajan, trabajadores e Iglesia advierten indispensable comenzar a zanjar.
Todos los actores políticos le respondieron a Goic, esta encarnación del padre Hurtado, cuyo mensaje se parece mucho al del fundador del Hogar de Cristo, a quien relee por estos días. “La historia está llena de ejemplos de explotación del obrero, al cual se ha hecho trabajar largas jornadas, recibiendo en cambio salarios irrisorios. Desgraciadamente, esta historia no está terminada”, decía el padre Hurtado.
En una jornada de dos días, obispos y vicarios pastorales se reunieron para reflexionar acerca del impacto de “Aparecida”, el documento que surgió luego de la reunión de la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe, que se celebró en mayo pasado precisamente en Aparecida (Brasil). La reunión realizada en una sede de los salesianos en Lo Cañas, sirvió para analizar el texto que recalca que la “Iglesia está convocada a ser abogada de la justicia y defensora de los pobres ante las intolerantes desigualdades sociales”. Pero las autoridades eclesiásticas se vieron obligadas a analizar las últimas declaraciones de prensa de Alejandro Goic y el fuego cruzado que se abrió con la senadora de la UDI Evelyn Matthei, quien señaló que el religioso “no sabe de economía”, aludiendo a su propuesta de un salario ético de 250 mil pesos.
No estaba en agenda, pero en conversaciones informales los obispos expresaron su respaldo a los dichos de Goic, aunque criticaron que hubiese lanzado como monto mínimo esa cantidad, porque eso lo convertía en blanco fácil de críticas. “Varios obispos lamentaron que un tema tan trascendente para la Iglesia se viera empañado por la descalificación de una cifra”, relató una fuente ligada al encuentro, la cual sin embargo aseguró que la Iglesia se encuentra alineada con la postura de Goic.
El “salario ético” fue tema también para el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal. Los prelados abordaron los dichos del obispo de Rancagua en un almuerzo de media hora el jueves. En esa reunión el sacerdote también habría reconocido que no fue un acierto haber hablado de 250 mil pesos.
Después de sus primeras declaraciones, su agenda se copó con peticiones de entrevistas con empresarios, políticos y dirigentes sindicales. Sin embargo, no ha podido responder a todas porque aún está convaleciente de la intervención a la espalda a la que fue sometido y que incluso le impidió ir a Brasil. “Él vive por estos días dos dolores: el de su espalda y la injusticia”, advierte una fuente cercana al sacerdote.
Con quienes sí se reunió fue con Bruno Philippi, presidente de la Sofofa, y Andrés Concha, secretario general de dicho organismo (ver página 7).
¿Y EL CARDENAL?
En medio de esta gran cruzada por un salario justo, ¿cuál es la postura del cardenal Francisco Javier Errázuriz? Fuentes del mundo eclesiástico aseguran que los temas sociales no son parte esencial de su sensibilidad. “Los suyos son otros, más que nada todo lo que tiene que ver con la Iglesia por dentro”, dicen.
En un símil con un gobierno, él sería una especie de canciller y monseñor Goic el ministro del Interior que se embarra los pies con los problemas de la gente. Por lo mismo, no es nada extraño que en este conflicto no se haya pronunciado. En cambio, aseguran sus cercanos, su actuación en Aparecida como presidente de la Celam, habría sido notable al punto que salvó la conferencia de ser intervenida por el Vaticano, lo que era su muerte como instancia de poder de los obispos latinoamericanos.
Errázuriz está para las grandes tareas, insisten, y no tiene la sensibilidad, la sintonía fina del país, porque estuvo mucho tiempo fuera de Chile.
En esta coyuntura, las diferencias de la Iglesia, marcadas por la línea más conservadora ligada al Opus Dei, no tuvieron ninguna diferencia con el sector más progresista del Episcopado. Y según cercanos al cardenal, es casi seguro que él profundice la propuesta de Goic en el tedeum, aunque también estarán presentes las conclusiones de Aparecida.
La oportunidad que abrió la huelga de Codelco al rol que ha desempeñado Goic en la mediación de los conflictos sociales, le dio un estatus que hasta ahora no tenía ninguna autoridad eclesiástica postdictadura. Y la Iglesia no espera echarse al bolsillo este punto a favor. El debate ya está instalado. Y la Iglesia está consciente que si no surgen propuestas para remediar la desigualdad salarial, el estallido social podrá adquirir dimensiones desestabilizadoras para el país.