
Lunes 13 de agosto de 2007
Lo han denominado caricia interna porque se trata de una caricia de los órganos sexuales, pero no en su superficie, sino en su interior: el pene dentro de la vagina.
Ambos sexos se acarician mutuamente sin el movimiento de los cuerpos, como ocurre en un una relación sexual en la que los sexos se frotan atrás y adelante hasta el orgasmo.
En esta experiencia el miembro masculino dentro de la vagina permanece quieto. La ansiedad de la cercanía y la sensibilidad extrema de ambos órganos en el más íntimo de los contactos, exalta el deseo y la excitación, produciéndose al mismo tiempo una erección y lubricación vaginal.
¿Cómo se produce la caricia?
Hay movimiento, pero no por fricción o tracción. Ambos sexos acoplados ejercen un movimiento interior: el pene se desplaza levemente cuando el hombre contrae los músculos de su perineo y en esta acción hace que se levante tenuemente y acaricie el interior de la vagina. La mujer, a su vez, aprieta su vagina alrededor del sexo de su pareja. Los dos movimientos se responden el uno al otro.
Este movimiento requiere práctica y la mejor posición para lograrla depende de las preferencias de la pareja, sin embargo, por comodidad y cercanía, la mejor postura es con ambos acostados de lado, la espalda de la mujer pegada al vientre de él, como la clásica cucharita. En esta posición pueden permanecer el tiempo que deseen, porque en general no produce cansancio y es una posición amorosa, contenedora y cómoda para cada uno ejercer este movimiento que aunque sutil e interno, requiere de concentración y dedicación.
Para practicar esta caricia interna es preciso estar de acuerdo previamente. Se trata de una contracción muscular de los órganos sexuales en una actitud, precisamente interna que requiere la disposición de ambos.
Lograr el placer con este tipo de estimulación toma tiempo de adecuación y experimentación para descubrir los movimientos apropiados para cada cual. El resultado vale plenamente la pena, provocando sensaciones desconocidas con las prácticas sexuales clásicas. Percibir en toda su dimensión el placer de caricias sutiles, suaves e internas se consigue con práctica y buena disposición