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Martes 21 de agosto de 2007
A mediados de los setenta Tomás Vidiella inventaba los café-concert en Chile. Montó la obra "Los siete espejos" -basada en el mítico burdel de Valparaíso-, escrita por Isabel Allende, dirigida por Pancho Flores del Campo, y con Valentín Trujillo tocando el piano en vivo. Luego vino "Cabaret Bijoux", en el Teatro Hollywood, haciendo el papel de un travesti que se maquillaba, cantaba y bailaba delante del público.
Tan bien le fue que logró independizarse, tener una sala y producir obras caras. Pero un día se le ocurrió hacer "La ópera de tres centavos" y se fue a las pailas. Repuntó, tuvo su teatro El Conventillo, que perdió a manos de una inmobiliaria hace unos años, hizo comedias y obras más profundas como "¿Quién le teme a Virginia Woolf?", "Largo viaje del día hacia la noche" y este año, "La casa de Bernarda Alba". Pero nunca volvió derechamente al café-concert. Hasta este jueves.
No será en El Túnel, Lo Castillo o El Conventillo, sino en la nueva sala que administra: el Teatro Bicentenario de la Municipalidad de Vitacura. Y dirigiendo a Lorene Prieto y Guido Vecchiola en "Costalazo", una vertiginosa pieza que escribió con esta actriz y la periodista Inés María Carbone.
"Es como volver a las raíces de mi teatro, que he tenido medio abandonado. En esta obra los protagonistas bajan a la platea e interactúan con el público como hace 30 años lo hacía con Alejandro Cohen", apunta el director.
VÉRTIGO
De entrada, Vidiella advierte que "Costalazos" es un montaje para reír. La escenografía coquetea con el estilo kitsch y el vestuario de los actores raya en lo colorinche. La obra habla de los conflictos de una joven pareja, interpretada por ambos actores, quienes van travistiéndose a medida que avanza la historia: la de una monja con una estudiante, otra de una madre con su hijo, la de un travesti y así, con una Lorene que pasa por diez personajes, desde diabla a prostituta.
"Es muy dinámica, la Lorene canta unas cuantas canciones, algunas a capella, en alemán y desde cumbias hasta un aria de la Traviatta", adelanta Vidiella sobre su montaje de una hora de duración y donde "todo sucede de repente, con mucho vértigo y una velocidad que no tiene el teatro clásico".
-Y, ¿no le tinca volver a ser el amo y señor del café-concert?
-No lo sé, voy matando los pollos de a uno. Pero la vida no puede ser sólo drama, también tiene que haber comedia.