
Sábado 1 de septiembre de 2007
Una semana demoró la derecha y su entorno mediático en descubrir que la comisión política del Partido Socialista había decidido, el lunes 20 de agosto, apoyar la jornada de protesta a que la CUT convocó para el pasado miércoles 29, la que se inserta en un plan que debería, de acuerdo con la perspectiva de la multisindical, desembocar -sine die- en un paro nacional.
A partir de tal constatación, el llamado de la central que comanda Arturo Martínez un socialista renovado de origen mapucista- derivó en dos debates en la agenda pública: para la "sensacionalista" televisión, las imágenes de desorden en el centro y de violencia urbana en la periferia -que persiguen como incómodos fantasmas a los movimientos sociales-; para la "reflexiva" prensa escrita, cuánto de verdad se molestó la Presidenta Michelle Bachelet con la actitud que asumió la tienda en la que milita, y es dirigida por uno de sus hombres de mayor cercanía, el senador Camilo Escalona. De este modo, la plataforma de la CUT hacia el fin de semana se diluía entre el "caos" de la TV y en los diarios la "responsabilidad de Estado" de los socialistas.
¿Suma cero? Así, por lo menos, lo ha entendido el ministro portavoz, Ricardo Lagos Weber, que señaló el jueves que "la conclusión es que Chile no amaneció mejor después de lo que vivimos". En su opinión, los convocantes "no lograron avanzar un ápice en lo que dice relación con crear conciencia ni a nivel de gobierno ni de la sociedad chilena".
Lo concreto, sin embargo, es que sólo a partir del domingo 26 varias semanas después de que los núcleos populares ya estaban inundados de rayados y papelería llamando a protestar- la convocatoria de la CUT se convirtió en un asunto de interés visible del gobierno y los medios.
Ello, a pesar de que tres días antes la organización laboral había entregado una señal de su endurecimiento, al negarse a avalar al Consejo Asesor para Equidad Social creado por la mandataria, y la adhesión socialista ya era pública desde la mañana del martes 21. Sólo el Ministerio de Interior parecía en estado de alerta, pero para manejar la variable seguridad ciudadana, no la política.
¿Cooptación?
Quizá por eso La Moneda apostó a comienzos de esta semana por la confusa estrategia de cooptación de la movilización. Si la CUT está llamando a repudiar el neoliberalismo y demanda reformas electoral, previsional y educacional y ampliación de la negociación colectiva, ¡Eureka!, ésa es la misma plataforma programática del gobierno, sostuvieron los ministros. El de Presidencia, José Antonio Viera-Gallo, hasta se puso en posición de marchante por ese temario si se anulaba el dato desafortunadamente siempre planeando- de la violencia callejera.
El entusiasmo por asimilar la posición de la multisindical como propia contagió incluso al secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, que deseoso de no abrirse flancos en el PS definió a los partidos de izquierda como aparatos "de lucha y de gobierno", señalando que estas dos almas son por igual de imprescindibles.
Reprocesar e intentar direccionar la jornada de la CUT presuponía que ésta tenía disposición a tal pacto (el martes 28 Lagos Weber recordó que con dirigentes como María Rozas y Arturo Martínez la lucha contra la dictadura y la derecha había sido compartida) y, por tanto, podía reconstituirse un frente común que identificara al adversario principal de los cambios: la derecha y el empresariado.
Sin embargo, en esta vuelta la organización sindical el veto del PC a cualquier concesión negociadora fue un aspecto clave en este ámbito- no estuvo disponible a aliarse con La Moneda. La CUT abundó en su discurso crítico contra el Ejecutivo (el afiche del 29 es el ministro Andrés Velasco ordeñando una vaca, presuntamente símbolo de la globalización), haciendo oídos sordos a la tesis de palacio de que la movilización era inconducente, porque habría una suerte de homologación entre su pliego y la plataforma gubernamental.
Incluso se sumergió la responsabilidad de la oposición conservadora y de los gremios patronales en el status quo de inequidad, al punto que el oscurecimiento del rol histórico aliancista permitió a la UDI defender la protesta, reinterpretarla a su antojo -como una expresión no contra el modelo, sino de rechazo al Transantiago y a los problemas en salud y educación- y sólo marcar la frontera en la violencia.
Al no lograr el Ejecutivo que la CUT aceptara la tesis de que estaban jugando del mismo lado de la cancha, el escenario se complicó en exceso para La Moneda:
Primero, debió aplicar mano dura en las calles (María Rozas no escuchó a Lagos Weber y entera mojada el 29 hizo la estremecedora analogía represiva con la dictadura).
Segundo, quedó a merced de una fuerte ofensiva política y mediática de la derecha, por las afirmaciones de Viera-Gallo, Lagos Weber e Insulza acerca de la fracasada- identidad de fines CUT-Gobierno (Sebastián Piñera apuntó al elector moderado y comunicó que en su eventual Gobierno no habrá tregua contra la anarquización urbana)
Y tercero, volvió a instalar el debate sobre la ecuación entre PS y gobernabilidad, al punto de que el normalmente catastrofista Andrés Allamand dijo a "La Segunda" que el PS de Escalona le ha hecho a Bachelet lo mismo que el PS de Altamirano le hizo a Salvador Allende.
Elementos como para entender que Lagos Weber hablara de que nadie ganó el 29.
Abuenamiento
Luego de escribir el jueves que no se puede ser de gobierno un día sí y otro no frase que en todo caso no leyó en público- y se interpretó como una señal de su irritación con el PS, ayer la Presidenta Bachelet optó por no agudizar la tensión y opinó, durante una entrevista en Radio Cooperativa, que el apoyo del PS a la protesta del 29 "no va contra el Gobierno".
También revisitó la idea de que en la acción de la multisindical hay comunidad de ideas con su programa: "Esta movilización es como un llamado de alerta para decir los trabajadores necesitamos mejores condiciones ; en ese sentido, el Partido Socialista, a través de Camilo Escalona, afirmó algo que a mí me parece que no va contra el gobierno, decir que cualquier iniciativa que signifique velar por los derechos de los trabajadores, porque haya salarios más justos, en democracia y sin violencia, es una iniciativa que es perfectamente legítima".
Bachelet agregó que "también comparto que yo quiero un país más justo, que yo quiero un país con mejores condiciones, que yo quiero un país en que la prosperidad no sea para unos pocos, por eso es que algunos ministros incluso dijeron, bueno, podríamos estar todos nosotros en la movilización , porque ese objetivo son los propios objetivos del gobierno".
Al otro lado, Escalona ayer definió como "capítulo cerrado" la polémica por la actitud de su partido, y le dijo a Piñera que "mejor se consiga una invitación para la reunión de la Alianza antes que andar descalificando a los socialistas". "¿Un candidato presidencial que ni siquiera puede ir a la reunión de los suyos? Es una cosa ridícula, si éste es un candidato para la risa ( ) Que primero el señor Piñera se saque el vestido de payaso con que anda circulando en estos días", manifestó.
Escalona dijo que las palabras de Bachelet aclaraban la relación de La Moneda con el partido, en el sentido de que eran suficientemente "claras y definitivas" en la línea de que no hay controversias, cuestión que en todo caso- "díscolos" como Marco Enríquez-Ominami y Sergio Aguiló no secundaron.
El senador sí tomó un riesgo: a contramano de la advertencia de Arturo Martínez, de insistir en la movilización, Escalona postuló que las conversaciones que ha mantenido con el dirigente le indican que "el paso siguiente es el diálogo" con el gobierno y los empresarios.