
Domingo 2 de septiembre de 2007
Cae la noche en Afganistán. Un gringo de pelo ensortijado entra a un bar. Se comunica con los lugareños por señas y algunas palabras en lengua local. Los afganos escrutan con parsimonia al forastero entre humos de carne que se fríe. Dan Storper espera los sonidos.
"Siempre que llegaba a un pueblo hacia la misma pregunta: dónde está el bar en el que se puede escuchar la mejor música", dice Storper desde Nueva York, ciudad donde están sus cuarteles generales y a la que viene llegando de Montreal. En Canadá buscaba una cantante de tangos para el compilado "Tango around the world". Falta la última canción del nuevo disco y el kilometraje recorrido torna pastosa su voz. Él se excusa por el cansancio.
La mitad de su vida, Dan Storper (54) se la ha pasado en aviones y caminos. Primero en busca de artesanías para su tienda y luego buscando joyas musicales. Desde su primer viaje a México con 16 años hasta la era de los blogs, ha creado un híbrido millonario que puede ser la banda sonora de Nueva York, ecléctica, cosmopolita y melódica. Sonidos de autoayuda embutidos en discos de factura hermosa que configuran un catálogo de exportación que en ventas anuales del 2007 registra 24 millones de dólares (hasta julio).
Una griega con voz de oro. África acústica. Frituras mexicanas en el Bronx. Una chilena que canta en portugués. Gire el mapamundi y elija un lugar remoto, un sabor, un ritmo, una cadencia. Durante los últimos 30 años, Putumayo ha hecho ese ejercicio. Con más de 19 millones de discos vendidos, apariciones en la serie "Seinfield" y clientes como Jane Fonda y Mia Farrow, la empresa de Dan Storper ha funcionado como laboratorio sonoro, negocio millonario y refinería de artistas exquisitos. Esta es su historia.
EL VIAJE
Los libros del Doctor Dolittle de sus tíos fueron la puerta de entrada al mundo. "El médico que hablaba con los animales y sus viajes a África me maravillaron. Siempre quise viajar y a los 16 años fui a México con mis tíos. Mi tía era antropóloga y arqueóloga y me invitó a las ruinas de Teotihuacán. Durante un mes participé en sus excavaciones", relata. Después de ese primer periplo, Dan ingresó a la universidad a estudiar estudios latinoamericanos.
En 1973 se graduó y partió a Colombia, Ecuador y Perú. A principios de 1974 comenzó a importar artesanía colombiana a EEUU. En junio de 1975 inauguró su primera tienda Putumayo en Manhattan con tejidos guatemaltecos y joyas peruanas que pronto se hizo famosa con clientela como Greta Garbo, Mia Farrow o Jane Fonda. "En Nueva York habían tres tiendas, la principal quedaba en Lexington y creamos una suerte de mercado marroquí, no sólo había ropa y tejidos, también había pinturas, esculturas, canastas, cosas de la selva y la montaña. Y sí, llegaba gente como la Garbo a comprar regalos y ropa, son gente más o menos normal, van a restaurantes y compran cosas...", dice este hombre que sacó el nombre para su aventura de un valle colombiano que hoy azotan la coca y la guerrilla. "Fue en el Museo de Artes y Tradiciones Populares de Bogotá donde descubrí la artesanía de Sibundoy, un pequeño pueblito indígena. Llegué allí en 1974 en época de carnaval, fue un momento muy mágico, estaba sentado cerca de un río que alimenta al valle Putumayo y ahí decidí que quería pasar el resto de mi vida buscando música y viajando".
Luego el itinerario fue Afganistán, Nepal, India e Indonesia. En esas regiones, Dan se inspiró para crear colecciones de ropa que revistas como "Vogue" o "Mademoiselle" bautizaron como "Look Putumayo" y que llamó el interés de diseñadores como Kenzo y Calvin Klein. Desde 1975 hasta 1990, Storper recorrió el mundo buscando artesanías y texturas para vender a los progresistas neoyorquinos que demandaban objetos exóticos al ritmo de Bob Dylan. En sus recorridos estuvo en Afganistán y salió de ahí en el último avión que abandonó el país antes de la invasión de la Unión Soviética en 1979. También partió de Guatemala seis horas antes que el terremoto de 1976 destruyera parte del país, dejando más de 25 mil muertos.
FASHION EMERGENCY
La tienda iba bien. Pero hay dos cuestiones fundamentales para ampliar el rubro de negocios en la historia de Putumayo. La primera ocurrió en 1990 y fue en el parque Golden Gate de San Francisco. Ahí, Dan escuchó a Kotoja, un grupo africano que sacudía a una multitud con un rito macumbero trasplantado al reino de McDonalds. Sin poder sacarse el sonido de la cabeza, Storper llegó a su tienda que lo recibió con melodías de Slayer. Metal al hueso de algún dependiente rockero. El choque fue clave. Y la reverberación de Kotoja le señaló el camino. Era 1990 y en Nueva York no había sitios donde escuchar World Music y tampoco programas de radio. Dan hizo un compilado casero de Juan Luis Guerra y de Angélique Kidjo para poner en las tiendas. Luego repitió el experimento con otros artistas de todas partes del mundo y llegó el momento en que los clientes preguntaban más por la música que por la ropa. "En ese momento decidí crear compilaciones dedicadas a la música de países como Cuba o Brasil, otros como Music from de chocolate lands , Cofee lands o Wine lands ".
En 1997, Dan vendió las tiendas de ropa y concentró su energía en los discos. Con el apoyo de Rhino Records en la manufactura, el diseño de carátulas de la pintora Nicola Heindl y un equipo donde destaca el trompetista y etnomusicólogo Jacob Edgar, han armado colecciones notables.
"Desde el principio yo escojo cada canción y hago la secuencia del disco, tengo un grupo de gente ayudando, los primeros cinco años hice todo y los últimos nueve, Jacob ha sido el jefe de artistas y repertorios. Tenemos más de 10 mil canciones en un computador, un show de radio y muchas series como Groove y Lounge, que son contemporáneas y electrónicas, hay otras hechas con criterios geográficos, como Cuba, México, Malí o música europea; son varias, pero todas están unidas por la melodía, es música que garantiza que te va a hacer bien".
"SI VAS PARA CHILE"
Dan es un tipo afortunado que ha mezclado en sus viajes los conceptos de trabajo y placer. "Cuando hay que bailar bailo. Me gusta leer biografías e historias, arte y música. Mi idea ha sido buscar un mundo bello, enfocando las cosas positivas de la vida", dice.
Y pese a que muchos de los países de donde viene la música que vende, aparecen en las noticias por enfermedades, hambrunas, guerras y miseria, su propuesta es mostrar la otra moneda. "En África o Haití hay miseria pero también música increíble, la música ayuda a la gente a levantar el espíritu. Putumayo demuestra que hay cosas hermosas en sitios donde hay grandes problemas".
¿Putumayo sólo se transforma en vitrina musical o va más allá con algún tipo de ayuda económica?
Es una combinación de cosas. Con la plata que hemos conseguido damos un porcentaje de cada disco a alguna ONG del sitio de donde proviene la música, hemos dado más de un millón de dólares. Además, la música también ayuda a los artistas. Hay muchos que ya tienen carrera, discos y giras porque los descubrieron en una recopilación de Putumayo.
Sin presencia en la radio comercial y sin videos en televisión es muy difícil difundir el catálogo de Putumayo. Por eso su apuesta es a canales de distribución alternativos como cafés, librerías y museos. Así están presentes en nuestro país (ver recuadro), donde espera fortificar su presencia con una visita.
"Hay cinco o seis artistas chilenos en Putumayo. No es una cantidad suficiente considerando la riqueza de la música chilena. Como no hemos viajado directamente es mucho más difícil conseguir material, necesito hacer un viaje a Chile para ver a nuestro distribuidor y para hacer un recorrido in situ por la oferta musical. El próximo año voy a viajar a Santiago, Buenos Aires y Río de Janeiro para buscar información de primera mano".
Dan dice que debe ir al doctor. Su búsqueda musical sigue y ahora se expande al formato de libros y devedés. "Estamos haciendo música para niños, que es un segmento muy importante y está creciendo mucho. También un programa de televisión con música de Brasil que transmitirá TVS [la red pública de Norteamérica], y aunque todavía no cerramos con alguna cadena latinoamericana la búsqueda no cesa. Soy como Sherlock Colmes. ¿Hay algún café, bar o club donde pueda escuchar buena música allá? LCD