
Domingo 2 de septiembre de 2007
El lunes 27 de marzo de 2006, un niño de la población Marta Brunet encontró a un perro jugando con un pie. La policía tomó el caso y al cabo de una semana y media en que se hallaron las piernas y brazos sin manos ni pies, la cabeza sin nariz, las manos sin yemas, y finalmente el tronco sin glúteos, identificó a la víctima conocida hasta ese momento como "el descuartizado de Puente Alto", un prostituto de 20 años llamado Hans Pozo.
Tres días después, efectivos del OS-9 de Carabineros irrumpieron en la casa del máximo sospechoso, Jorge Martínez. Aunque aún quedan dudas, según la policía, el funcionario municipal, militante UDI, dueño de una distribuidora de helados y amigo íntimo de Pozo, se vio acorralado y se suicidó con un balazo en la sien.
Lejos de terminar, la vida de Hans Pozo recién comenzaba a tener existencia social. El morbo se encargó de filtrar las fotos de sus miembros y aún hoy, clickeando su nombre en Google, lo primero que aparece son blogs que dicen tener las repulsivas imágenes. Porque a un año y medio de su sanguinario asesinato, cuesta olvidar al desgraciado muchacho por el que su familia ni siquiera estampó una denuncia por presunta desgracia, pero que tuvo un funeral tan masivo como el de Gladys Marín.
Así lo confirman los versos, cuentos, fotos y collages de Álvaro Bisama, José Ángel Cuevas y Roberto Contreras en el libro "Pozo"; la exposición "Hilvanando" que hizo en marzo en la Galería BECH el artista Felipe Santander, y ahora la compañía Teatro La Nacional con el montaje "H.P.", que se estrena este jueves y continúa hasta el 7 de octubre en el Teatro del Puente.
Incluso apenas aparecida una pequeña información en otro diario, los familiares saltaron y hasta S.Q.P. anda llamando a la compañía. "Es una polémica muy picante, los medios se aprovechan de la imagen de Hans para hacer noticia de algo que es arte, no estamos haciendo un reportaje sino una obra de teatro y ellos se están quedando en el chorro de sangre", alega la directora Isidora Stevenson, quien ya se contactó con los familiares.
DESPEDAZADO
En los días que Hans Pozo empezaba a aparecer de a pedacitos, La Nacional preparaba su primera obra, "Little Medea". "Cuando salió el caso, me obsesioné y empecé a soñar con Hans Pozo", recuerda Isidora, quien luego inició una investigación periodística, visitó el lugar donde murió y contactó al dramaturgo Luis Barrales para que tomara nota de: la relación con su polola, cómo entra en la mala vida de la pasta y la prostitución, la llegada del heladero, el abandono de la madre y el nacimiento de su hija.
Al igual que en su anterior montaje con el que ganó siete premios y dos funciones en México auspiciadas por la Fundación Mustakis , Stevenson hace hincapié en la fragmentación del relato: dos escenas con diálogo, y el resto testimonios fragmentados al extremo que ayudan a reconstruir la personalidad del muchacho y su relación amorosa con Martínez.
Escénicamente, hay dos planos narrativos donde los roles (Hans, Martínez, la madre, la hija y la polola) viven la historia y los actores (Sebastián Ibacache, Rodrigo Soto, María José Bello, Paulina Dagnino y Evelyn Ortiz) la comentan, desde el espacio extraescénico representado con dos banquitas laterales. "Hablamos de la marginalidad, pero asumiendo nuestro lugar de actores burgueses veinteañeros", explica la directora.
Eso lo sabe Ibacache, quien en su proceso actoral para interpretar a Pozo, fue a la Plaza de Armas y al cerro Santa Lucía para hablar con putos que no tienen más de 18 años. "Me hablaban de sus necesidades, que son afectivas, igual que Hans, que en su soledad se fue metiendo en la pasta y la prostitución".
SIN SANGRE
De cualquier forma, la obra no es una reconstitución de escena, sino una mitificación sobre la historia de amor entre Martínez y Pozo, "en que vamos rellenando con ficción como el porqué lo abandonó su madre e intentando entender el proceso de cómo un niño nace y termina siendo descuartizado", agrega Isidora.
Aunque no hay una sola gota de sangre en escena, se hace una descripción completa del momento en que Martínez con dos ayudantes ejecutan el desmembramiento. Cuando le corta la cabeza, le machacan la nariz, le sacan los dedos, los tatuajes y el culo. Y un detalle: "No le tocaron el pico y eso es una imagen poética heavy, de cómo él lo sigue deseando a pesar de muerto", aduce la directora.
Sin embargo, el énfasis en un contexto adverso y en el concepto físico de "resiliencia", es decir, la capacidad del ser humano para seguir proyectándose a pesar de acontecimientos desestabilizadores y también en la crítica a los medios de comunicación.
"Decimos todo lo que queremos decir, sin pudor, hablamos del gremialismo, de que Martínez no lo hizo solo y criticamos que los medios cosifican a las personas, como este padre de familia y dirigente sindical que se llama Jorge Martínez, que además tiene una distribuidora de helados, y termina siendo el heladero ", argumenta Stevenson, para quien Hans Pozo representa al flaite que se vuelve mártir: "Ahora tiene animita y le piden favores, pero si no lo hubieran descuartizado, sería de esos huevones que los ves caminando y cruzas a la otra vereda". LCD