
Martes 4 de septiembre de 2007
La reciente visita del ex ministro y hoy secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, reavivó el rito de proclamar la inexistencia de campañas presidenciales en la Concertación y de la inconveniencia para el Gobierno que tales campañas se adelanten. Proclamaciones ingenuas en su origen y en su destino: no se la creen ni sus autores ni sus receptores. Pero la política práctica y "moderna" está plagada de rituales y de frases rutinarias y majaderas que tienden a ocultar o soslayar el verdadero devenir de los acontecimientos.
De cualquier manera, resulta un tanto ocioso discutir sobre el tema. La realidad es que cualquier figura política que el público, los medios y la dirigencia política perciban como presidenciable, haga lo que haga, estará objetivadamente en campaña.
Durante la estadía de Insulza en el país -bien copada de actividades- se pudo olfatear un aroma político un tanto extraño, que convoca a conjeturas levemente suspicaces. Aroma emanado de la muy buena y transversal acogida que tuvo el ex ministro que, por momentos, dejaba la sensación de un líder que goza de amplios consensos como tal, incluyendo en esos consensos a sectores y personalidades que otrora le fueron adversas y que, incluso hoy, se les supondría algún grado de rivalidad o distanciamiento. ¿Qué pasó?
En materia presidencial para 2009, los problemas mayores para la Concertación -en el presente y que tienen para largo- no derivan ni del número de presidenciables ni de la competencia entre ellos, sino de si habrá o no candidato único elegido bajo alguna mecánica que garantice juego de opciones.
Una tendencia que se viene asentando en la Concertación es asumir que si se quiere un solo candidato, entonces, irremediablemente, debe ser una candidata, a saber, la senadora Soledad Alvear. Dicho de otra forma, la idea que ronda crecientemente es que candidato único significa que sea de las filas de la DC y la carta obvia, en ese caso, es Alvear.
Se piensa -también se deja oír- que la DC no resiste otra elección sin que la candidatura presidencial concertacionista sea de su militancia. Y esa convicción sería tal que, si esa situación no se diera, la decisión sería postular candidatura propia en la primera vuelta. En determinados espacios dirigentes del mundo de la "izquierda" de la Concertación existe comprensión hacia la lógica de la DC y algún grado de anuencia respecto de su aspiración. Comprensión y anuencia acicateadas por el temor a sufrir una derrota en la eventualidad de dos candidaturas de la coalición gobernante. Y por el temor a caer en un estado de cosas de dinámicas muy impredecibles.
Evidentemente, para garantizar un arribo satisfactorio a ese propósito deben dosificarse prolijamente los pasos a seguir: los climas dentro de algunos sectores de la "izquierda" concertacionista no son los más favorables para una estrategia de ese calibre.
Y es ahí donde entra a tallar don José Miguel Insulza. La estrategia de marras no sería viable -ni presentable- si la "izquierda" de la Concertación no erige un liderazgo presidenciable. Es decir, si se concediera sin más la candidatura a la DC. Pero tampoco sería factible con un liderazgo que no le asista el compromiso con una visión y estrategia como las descritas. Y tampoco sería posible si ese liderazgo no es lo suficientemente sólido como para imponerse a las previsibles rebeliones que -es probable- se incubarían en sus propios universos.
Hoy, la "izquierda" de la Concertación cuenta sólo con dos presidenciables que merecen tal título: el ya citado y Ricardo Lagos. ¿Alguien se imagina a Lagos apareciendo como candidato para luego no serlo?
En cambio, sí es imaginable a un Insulza conduciendo una estrategia donde el protagonismo y el objetivo son la Concertación y el Gobierno y no quién ocupa el sillón presidencial. Ésta es una conjetura con sesgos de suspicacia. Tal vez, el único amparo que la acerque a tendencias reales sea el hecho de haber visto, en tan poco tiempo, tanta conversión al "insulzismo" y el convencimiento de que -ocultos, a veces, tras las argucias- aún hay políticos que piensan y actúan con sentido de política-historia.
(*) Antonio Cortés Terzi, director ejecutivo del Centro de Estudios Sociales Avance
Publicado con autorización del Centro de Estudios Sociales Avance (www.centroavance.cl)