
Miércoles 5 de septiembre de 2007
"Mondovino" se presenta a sí mismo como un documental dedicado al vino de la cosecha 2004, Sin embargo, tras los primero minutos nos damos cuenta de que no vamos a encontrar ni los toques de moras, ni los sabores de la vainilla, ni los taninos balanceados, ni ninguna de esas siutiquerías inventadas por los escritores de etiquetas y los catadores poco imaginativos. El gustillo que deja es más bien amargo y aunque la protagonista sea esta legendaria bebida, el tema central está inclinado hacia el lado de la globalización y sus efectos devastadores sobre la cultura.
Un documental irónico y muy inteligente en su propuesta. Por algo creó una polvareda de proporciones en la industria tras su estreno. Sin el tonito hinchapelotas de Michael Moore, ni los experimentos efectistas con que Morgan Spurlock le dio sustancia a "Super size me", el cineasta y sommelier Jonathan Nossiter nos revela una encrucijada que en la actualidad opone a los grandes productores de vino contra los pequeños agricultores que ejercen la vinicultura con supersticiosa prolijidad. Una realidad que es espejo de muchos de los fenómenos que nos aquejan. Sino pregúntenle a la señora del almacén de la esquina, qué le pasó cuando se instaló el supermercado.
Pero el mérito de Nossiter está en llevar el tema más allá del clásico argumento marxistoide estilo "trasnacional versus pequeño propietario" para dejarlo en el lecho de una verdad indiscutible: la homogenización que impone la industria global en desmedro de la diversidad cultural. Y es que a estas alturas, la riqueza no sólo genera más riqueza (y por extensión más poder), sino que también impone sus gustos a través del marketing o del simple ejercicio monopólico. Y no importa si el vino es de Napa, Colchagüa o Bordeax: debe cumplir los requisitos del mercado, lo que equivale a decir que debe gustarle a los gringos.
Punto a parte para el montaje, que construye un discurso paralelo revelando detalles cómo el amor de los vinicultores por los perros- que aparecen en todas las razas y colores- y por los regímenes autoritarios- vemos fotos de Reagan entre los californianos, escuchamos apologías de Mussolini entre los italianos y asistimos atónitos a cómo un agricultor argentino, además de declarar su adoración por Perón, deja a los indios americanos como perezosos sin iniciativa.
Y como dice uno de los protagonistas del documental, el vino es cultura. Es quizás por eso que su situación refleja muchos de los problemas que aquejan a nuestro planeta, incluyendo el racismo, el abuso del poder y la ausencia absoluta de conciencia social, ambiental y ética. Y aunque el trago amargo es bueno y hasta indispensable pasarlo con un cabernet sauvignon, no quedan ganas ni de brindar, aunque el vino sea "güeno".