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Jueves 6 de septiembre de 2007
-¿Por qué censuraron la obra?
-Porque encontraron como mucho un cuadro que decía "Por pérdida de fe vendo", donde aparecía una mujer arrodillada rezando. Y atrás, una monja, una Biblia y un calzón con un candado de corazón. Lo tuvimos que sacar para evitar problemas. Ahora nos preguntamos si éste también corre peligro (apunta nerviosa una pieza donde dice "Por cambio de sexo vendo"). Aún no lo han visto.
-¿A qué alude esta exposición?
-Todos tenemos algún viaje importante en la vida, un cambio. Nosotros mismos lo hemos vivido. En el colectivo hay un cubano, un ecuatoriano, una chica vivió en México y otra que está en Barcelona. A partir de esa idea nos pusimos a trabajar libremente. Hay cuadros donde el Capitán Nemo está vendiendo su submarino, o Gulliver ofreciendo al rey de Liliput. También hay piezas que retratan experiencias más personales, viajes internos, como el de un bote cruzando por un mar de púas, aludiendo directamente a los fugitivos de Fidel. La exposición está acompañada de textos del escritor Niels Rivas Nielsen y se tradujo también a un libro que va a estar a la venta durante la exhibición.
-¿En qué está inspirada tu serie de cuadros?
-Personalmente me agarré de mi viaje desde Francia a Chile, lugar donde pasé toda mi infancia. Me fui dando cuenta que más que objetos, lo que me quedaba eran momentos y que casualmente ocurrían en un mismo lugar: un río. Entonces lo que hago es vender esos instantes que tuve que dejar al trasladarme, a través de un personaje al que le van sucediendo cosas.
-¿Qué otros proyectos ocupan la agenda de Siete Rayas?
-Estamos preparando dos trabajos para el próximo año: un libro con ilustraciones en blanco y negro y una exposición que nos permita llevar la ilustración a objetos en formato tridimensional. Conservando la idea de contar historias, queremos ahondar en la escultura o en las estructuras pintadas, a través de juguetes por ejemplo.
-¿Qué es lo que no venderías por nada del mundo?
-(Risas) Uno vende las cosas que le gustan, no la basura. Es una forma de seguir dándoles valor. Lo único que no se vende es la memoria. Ésa no tiene precio.