
Domingo 9 de septiembre de 2007
Juan Carlos Cancino vive en un pueblo a dos horas de La Habana. Dejó su residencia en Francia hace tres semanas y llegó a Cuba gracias a unos amigos que le abrieron las puertas de su casa. Cuando habla, asoma un ligero acento isleño que se va marcando de a poco. Espera el tiempo en que pueda regresar a Chile, un país que no conoce en democracia.
Cancino, que usaba la chapa de "Ernesto", fue parte fundamental del grupo del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) que secuestró al coronel Carlos Carreño. Debió custodiarlo en Chile durante más de un mes. Después fue un "descolgado" que no logró encajar con el nuevo orden. "Para mí no hubo transición. Cuando se acabaron los fierros, se terminó todo", dice. Accedió hablar con LND de los temas complicados para el FPMR, de los cuales el más complejo es la supuesta infiltración en el secuestro del ex gerente comercial de Famae.
¿De quién surgió la idea de secuestrar a Carreño?
No creo que el Frente haya estado infiltrado. No hay nada concreto al respecto. Yo estuve ahí y aunque hay una cantidad de cosas que no se pueden decir, si hubiese sido así, entonces Ramiro sería el infiltrado, ya que él ordenó la acción.
No necesariamente. También podría ser algún cercano que le hubiera dado un consejo.
Yo creo que por ahí va la cosa. Hay un compañero, que es el "Dago" Bernardo Mendoza Morales , que trabajó en Famae. Él conocía a Carreño, que había sido su jefe. Yo pienso que de ahí salió la idea de secuestrarlo. Él trabajó bastante con Ramiro y pudo haberle dicho que secuestrar a Carreño era una buena idea. No era un infiltrado, pero es la única forma en que nos llegara la información de que matáramos a Carreño.
¿Qué es del Dago hoy?
Supuestamente se murió en Brasil.
Afilando los dientes
Parte de las sospechas que rodean el caso se basa en las señales que dio el Ejército durante su secuestro. Lejos de intentar liberarlo, buscaban que fuera ejecutado. Por esa fecha, Famae vendía armas ilegalmente a Irán y el tinglado de intereses personales en las FFAA marcó diferencias irreconciliables entre Fernando Matthei y Augusto Pinochet.
A una semana del secuestro, la CNI plagió a cinco frentistas. A ojos de Cancino, nunca hubo intención de usarlos como moneda de cambio por Carreño.
Cuando se enteraron, ¿barajaron la posibilidad de ejecutar a Carreño?
Siempre estuvo la posibilidad. La orden era que el secuestro podía durar desde un día hasta un período indeterminado, dejándolo vivo o muerto. En cualquier momento podían darnos la orden de matarlo.
¿Alguna vez el Gobierno militar propuso a los frentistas como moneda de cambio?
Nunca se dijo nada. A esta gente la mataron como al mes del secuestro.
Parecía una provocación para que ustedes mataran a Carreño.
Justamente. Uno puede decir que era para que nosotros lo ajusticiáramos.
¿Por qué cree que lo querían muerto?
Por lo que se sabe ahora y que en ese momento nadie sabía: tráfico de armas.
¿En ese momento ustedes no lo sabían?
Yo no lo sabía. Y creo que nadie lo sabía.
La ayuda del coronel
¿Por qué ustedes no mataron a Carreño y además lo dejaron libre en un lugar seguro?
Porque nosotros nunca matamos a nadie, a lo más ajusticiamos. Si es por eso habríamos eliminado a todos los pacos y milicos que pillábamos en la calle. Para nosotros, Carreño no estaba metido en la represión. Nosotros éramos muy corazón de abuelita.
Tanto que lo sacaron del país tras 83 días de secuestro para soltarlo en Brasil. ¿Por qué?
Porque nos dimos cuenta de las características de la búsqueda efectuada por los militares. Todo era para matarlo. Por eso él mismo ayudó a salir.
¿Él lo pidió?
Él calculó lo mismo que nosotros, que lo iban a matar. Mira, sin su ayuda no lo habríamos podido sacar.
El fiscal del horror
Cuando Carreño llevaba 27 días secuestrado por el Frente, Cancino cayó bajo el cerco de la CNI. Fue torturado, tras un juicio militar, condenado a extrañamiento. Poco tiempo antes el fiscal a cargo de la cacería, Fernando Torres Silva, le pisaba los talones.
¿Cómo fue escapar de Torres?
Fue feroz. Teníamos a Carreño secuestrado en una casa ubicada en la población Dávila, en San Miguel. Fue a propósito, porque en ese lugar vivían muchos agentes de seguridad. De hecho, yo le arrendé la casa a un carabinero. Una vez el grupo de Torres Silva se acercó a 20 metros de Carreño, allanaron la casa de al lado. Yo venía llegando y cuando los vi pensé lo peor. "Yo vivo aquí", les dije, y me dejaron pasar.
No siempre pasaron cerca. De hecho, usted cayó al mes del secuestro. ¿Cómo fue eso?
El mismo grupo que me tomó a mí era el que había matado a los cinco últimos frentistas. Yo fui el sexto. Lo sé porque en una sesión de torturas me sacaron las vendas y el jefe preguntó por qué me llevaban así al baño. Él les dijo que no me la deberían haber quitado, porque yo iba a ser el sexto detenido desaparecido.
¿Por qué cree que no le mataron?
Porque no entregué a gente. Si lo hubiese hecho, me matan. Llegó un momento en que la policía no tuvo a quién entregar, y como yo estaba solo tuvieron que soltarme. Sí, a mí me sacaron las vendas, y en la tortura los conocí a todos.