
Domingo 9 de septiembre de 2007
Gerry y Kate McCann, declarados sospechosos de la desaparición de su hija Madeleine en Portugal, afirmaron hoy, nada más regresar al Reino Unido, que no abandonarán la búsqueda de la niña.
"Como padres, no podemos abandonar a nuestra hija hasta que no sepamos qué ha ocurrido", dijo el padre con tono emocionado al llegar al aeropuerto de East Midlands, mientras él y su esposa sostenían en brazos a sus dos hijos gemelos.
Los McCann, que han manifestado su indignación por las acusaciones de que mataron accidentalmente a la niña y ocultaron el cadáver, regresaron a su país tras dejar la casa que habían alquilado en Portugal.
El regreso de los padres, en condiciones propias de una pareja vip más que de sospechosos de un crimen, sumió la investigación sobre la desaparición de la niña en un mar de ambigüedades.
Los McCann negaron las acusaciones y aseguraron haber abandonado Portugal con el consentimiento de sus autoridades.
Pero fuentes oficiales lusas y varios medios locales aseguraron que no habían cumplido estrictamente las formalidades de la salida aunque las autoridades estaban al corriente y no la impidieron.
En la práctica la pareja podía abandonar libremente el país porque sólo estaban sujetos, tras ser interrogados el viernes, al "control de identidad" y a comunicar ausencias superiores a cinco días de su domicilio habitual, que fijaron en el Reino Unido.
Ahora, en medio de esa ambigüedad legal relativa a su condición de sospechosos no está claro qué efecto legal tendrán las comunicaciones judiciales a la pareja fuera de la jurisdicción territorial portuguesa.
Como sospechosos en el caso la policía puede convocarles a nuevos interrogatorios, presentarlos ante el fiscal o el juez e incluso recluirlos en prisión preventiva aunque los McCann dijeron antes de salir que estudiarán en Gran Bretaña sus futuras acciones legales.
La pareja dejó hoy su casa alquilada en Playa de la Luz, la localidad del sur de Portugal donde desapareció su hija de 4 años el pasado 3 de mayo, seguida por decenas de camarógrafos y periodistas mientras agentes de policía evitaban que se produjeran tumultos.
A su llegada al cercano aeropuerto de Faro entraron por áreas reservadas a personalidades y pudieron abordar el avión esquivando a los periodistas que les siguieron en todo su itinerario.