Inicio

  Los bordados del dolor

  Los bordados del dolor

  ¿Qué tienen en común el golpe de Estado de 1973 en Chile y el tsunami que los últimos días de 2004 arrasó el sudeste asiático? Un trauma y los talleres de arpillería exportados desde nuestro país, que con cada puntada de hilo ayudaron a cerrar las heridas de sus víctimas femeninas.

Domingo 16 de septiembre de 2007

Insistente naturaleza. Mientras en la Biblioteca de Santiago se expone una muestra de los talleres de arpillería que hizo la artista chilena Cecilia Hurtado a las víctimas femeninas del tsunami que en 2004 arrasó la costa de Indonesia, los residentes de la isla de Sumatra vuelven a vivir el miedo refugiados en carpas y traumatizados por las casi 50 réplicas del poderoso terremoto que los afectó el pasado miércoles.

Quizá la clave del horror que regresa después de sólo tres años esté en esos ocho tapices, donde 15 mujeres hilvanaron sus recuerdos, esperanzas y miedos, desplazados como sus comunidades por el mar, ese fatídico 29 de diciembre. Y que gracias al trabajo comunitario de la Coalición Internacional del Hábitat en Chile una red internacional que defiende el derecho a la vivienda lograron salir a flote y expiar sus dolores.

MUJERES ROTAS

Un año después del desastre, esta ONG dedicada a defender el derecho a la vivienda ya trabajaba en la reconstrucción de los daños materiales que provocó el tsunami. Sin embargo, los estragos sicosociales en la población no podían ser reparados con clavos y madera. Pero sí con telas, lana y agujas.

Eso lo supo la secretaria general de la organización en Chile, Ana Sugranyes, quien siempre que viaja fuera del país lleva arpilleras de regalo: "Alguien allá escuchó sobre las arpilleras, entonces conseguimos fondos del Servicio Latinoamérica y Asiático de la Vivienda Popular y comenzamos a trabajar en el norte de Sumatra, la zona más desolada".

La catalana estaba segura de que esta experiencia podía ser un factor que ayudaría a las comunidades a rehacerse del trauma masivo que provocó el enfrentarse a poblaciones completamente arrasadas. Allí aparece la artista Cecilia Hurtado, quien les enseñó la técnica y con la ayuda de la sicóloga social Elisa Cabrera, ayudó a recordar cómo habían sido sus comunidades antes, durante y después del tsunami.

"Conectarlas con la memoria, que pudieran hablar de ello y recordar, hace que las personas se reestructuren emocionalmente", explica Cecilia, quien comenta que en los dos meses y medio que duró el trabajo conoció a sobrevivientes que perdieron familias completas.

"Uno de los tapices colectivos tenía todo destruido. Les pregunté por qué estaba todo roto y me explicaron que las casas, los árboles y las carreteras estaban rotas porque así quedamos nosotras, rotas ", dice sobre ese grupo de mujeres entre 18 y 50 años que encontraron en la arpillería la posibilidad de generar ingresos y de subsistir. Pero esta historia comienza mucho antes.

DESAPARECIDOS DE LANA

La arpillería como técnica es tan antigua como las primeras civilizaciones. En Chile, Violeta Parra fue inmortalizada muchas veces haciendo tapices, pero fue después del golpe de Estado de 1973 que estos bordados alcanzaron reconocimiento mundial por su labor terapéutica y social.

A medida que avanzaba la dictadura de Augusto Pinochet, los detenidos empezaron a cargar con el apellido de "desaparecidos", y el Poder Judicial a hacer más dolorosa la herida, al rechazar sistemáticamente casi hasta el final del régimen los recursos de amparo presentados por las familias de la víctimas.

Con 22 años, la abogada de derechos humanos Gloria Torres empezaba a involucrarse humanamente en el tema. Desde su trabajo en el Comité de Cooperación para la Paz (la antesala de la Vicaría de la Solidaridad), contactó a la escultora Valentina Bone para que enseñara arpillería a las familiares de las víctimas: "En la desesperación hicimos algo que pudiera contar estas historias, pero no de forma escrita. La arpillería surgió aquí no como una preocupación de la cultura, sino a partir de la negación jurídica".

En los talleres de la Vicaría, las mujeres exteriorizaron sus penas, impotencias y denuncias, bordando a sus hijos desaparecidos, los procesos de búsqueda, campos de concentración como Cuatro Álamos y alcanzando su máxima expresión en el Vía Crucis del Detenido Desaparecido, un trabajo colectivo, donde cada familiar bordó una estación.

Pero más importante, encontraron un oficio para paliar la cesantía y, sobre todo, mermar el daño sicológico de perder a sus seres queridos. Ese temple quedó demostrado luego de que "La Segunda" las llamara "las arpilleras de la infamia" y su primera exposición un encuentro entre artistas cultos y populares en la galería de Paulina Wo fuera clausurada con una bomba que quemó sus trabajos. "Pensamos que no volverían a los talleres, pero lo hicieron con más fuerza. Eran mujeres con mucha capacidad de lucha", recuerda Gloria. LCD

 

Redes Sociales »

La Nación

Agustinas 1269 Casilla 81-D Santiago
Teléfono: 562+787 01 00
Fax: 562+698 10 59

Director Responsable: Álvaro Medina J.
Representante Legal: Francisco Feres Nazarala

© Empresa Periodistica La Nación S.A.
Registro 136.898 - Se prohibe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.